domingo, 4 de diciembre de 2011

eticakantiana





KANT: UNA PROPUESTA ÉTICA PARA CONTARRESTAR EL RELATIVISMO MORAL












JOSE LUIS ESPINOZA PEREZ













TEGUCIGALPA M.D.C.
HONDURAS C.A.
SEMINARIO MAYOR NUESTRA SEÑORA DE SUYAPA
FACULTAD DE CIENCIAS RELIGIOSAS
2008










KANT: UNA PROPUESTA ÉTICA PARA CONTARRESTAR EL RELATIVISMO MORAL






JOSE LUIS ESPINOZA PEREZ







Trabajo de síntesis presentado como:
Requisito final para optar por el
Titulo de Licenciado en Ciencias Religiosas con énfasis en Filosofía
Director: P. José Gregorio  Rodríguez cjm.






TEGUCIGALPA M.D.C.
HONDURAS C.A.
SEMINARIO MAYOR NUESTRA SEÑORA DE SUYAPA
FACULTAD DE CIENCIAS RELIGIOSAS
2008


 

 

AGRADECIMIENTO



Agradezco a Dios y a todas las personas
que han tenido que ver con mi proceso
formativo durante estos años en el
Seminario Mayor Nuestra Señora de Suyapa
donde me preparo para ser un sacerdote
según el corazón de Dios.

De manera especial agradezco a mis Obispos
Mons. Ángel Garachana Pérez y
Monseñor Rómulo Emiliani
por la oportunidad que me brindan.

Asimismo a la Congregación de Jesús y Maria,
Padres EUDISTAS, en especial al P. José Gregorio Rodríguez,
Encargados de esta casa de formación
Sacerdotal.

Al Lic. Félix Andrés Rojas por su apoyo, empeño y asistencia en el alumbramiento de esta obra.

 

A mis padres que con su esfuerzo y dedicación me han mostrado el camino a seguir y han hecho latir en mí el impulso de la verdad y del bien.

 

 






TABLA DE CONTENIDO

                                                                                                        

INTRODUCCIÓN

MARCO TEÓRICO DE LA INVESTIGACIÓN

I.              LA ÉTICA EN EL PENSAMIENTO OCCIDENTAL A TRAVÉS DE LA HISTORIA

1.    Cuestiones preliminares
      1.1 La ética y su finalidad
      1.2 La voluntad, la libertad, la felicidad y el valor: conceptos éticos.
2.    En los orígenes del pensamiento moral: el eudemonismo clásico.
3.    Hacia una ética téonoma: Dios fuente de la moral, la era cristiana.
4.    Edad Moderna: Descartes, Hume y Kant.
5.    Época Contemporánea: pluralismo ético y absolutización del relativismo.
6.    Conclusión.

II.            EL DESARROLLO DE UNA ÉTICA AUTÓNOMA Y FORMAL: KANT Y EL GIRO COPERNICAL EN LA ÉTICA

2.1 Cuestiones preliminares: La Ilustración.
2.2 Vida y obra de Kant.
2.3 La razón práctica y su fundamentación
2.3.1 La buena voluntad como bien incondicionado y fin de la razón práctica.
2.3.2 El sentido del deber como valor moral de la buena voluntad.
2.3.3 El imperativo categórico y la ley moral
2.4 Las formulaciones del Imperativo categórico
2.4.1 El único imperativo categórico.
2.4.2 Ley de la naturaleza del mundo inteligible.
2.4.3 La Autonomía, fundamento de la dignidad humana y la moralidad como condición para considerar a la persona humana un fin en sí misma.
2.4.4 El sentido de corresponsabilidad y de solidaridad:
2.5 La libertad y la autonomía de la voluntad
2.6 Tres postulados de la razón práctica: La libertad, inmortalidad y Dios.
2.6.1     La libertad.
2.6.2     La inmortalidad del alma
2.6.3     Dios
2.7 Influencia de Kant en la reflexión posterior.
            2.8 Conclusión

III LA AUTONOMIA HUMANA: UNA ETICA DESDE LA PERSONA VRS UNA ETICA RELATIVISTA

3.1 cuestiones preliminares: Situación Actual
3.2 Volvamos a Kant.
3.2.1 La universalidad kantiana y el relativismo ético
3.2.2 Las leyes positivas, el consenso y la metafísica
3.2.3 El relativismo nuevo dogma de la sociedad actual.
3.2.4 El crepúsculo del deber
3.2.5 Igualdad, justicia y verdad
3.3 Conclusión









RESUMEN ANALÍTICO


KANT: UNA PROPUESTA ÉTICA VÁLIDA HOY EN DÍA PARA CONTARRESTAR EL RELATIVISMO MORAL


AUTOR: José Luis Espinoza Pérez

ESCRITO EN: Tegucigalpa M.D.C., Seminario Mayor Nuestra Señora de Suyapa, Facultad de Ciencias Religiosas con Énfasis en Filosofía, 2008.

PALABRAS CLAVES: Ética, moral, Imperativo categórico, razón práctica, universalización, acción comunicativa, autonomía, heteronomía, téonoma, virtud, felicidad.

DESCRIPCION:

Proporciona herramientas prácticas para conocer el aporte de Kant, su validez actual y responder con criterios universales a la crisis de valores ético-morales que está atravesando la sociedad actual

FUENTES:

Para la realización de este trabajo se contó con 26 fuentes bibliográficas que contienen información sobre la ética y, específicamente sobre la ética kantiana y el relativismo. Además con la supervisión de un tutor.

CONTENIDOS:

Consta de tres partes fundamentales 1) un recorrido histórico de la ética, 2) presentación del aporte kantiano y; 3) La persona y su autonomía como fuente de criterios y principios morales.

METODOLOGÍA:

Se basó en los aportes que se tomaron de las diversas fuentes consultadas con las correcciones que en el transcurso del mismo sugería el tutor.













INTRODUCCIÓN

El siguiente trabajo pretende presentar de una manera panorámica el aporte de Kant a la filosofía moral desde su libro “Crítica de la razón práctica”, también  tratará de descubrir la validez actual de sus postulados universales, contrarrestando el absolutismo de la ética relativista imperante en la sociedad contemporánea. Ante la pretensión del relativismo de alzarse como única norma de tratamiento de la moral y ante la crisis de los valores morales que atraviesa el hombre de hoy, se ve la necesidad de recordar que otros ya han hecho camino en la historia y que sus descubrimientos, teorías y propuestas tienen una vigencia tal que, sería descabellado pensar en otra solución a los problemas actuales si no se ha tratado de poner en práctica el legado que los pensadores, como Kant, han dejado a la humanidad.

Este ensayo está estructurado en tres partes; la primera, tratará de realizar un recorrido a través de la historia de la filosofía; descubriendo el desarrollo del pensamiento moral en los más grandes representantes de Occidente. En un segundo momento, se descubrirá el aporte de Kant a la filosofía moral o ética en su obra magna en este campo: “Crítica de la razón práctica” y su influencia en las corrientes éticas posteriores. En la tercera parte, se darán algunas propuestas para formar criterios éticos válidos —compensando el reduccionismo que el pensamiento relativista hace al campo de la ética—; fomentando los valores morales universales.

No se pretende, en este documento, excluir otras propuestas éticas válidas para la sociedad actual y que puedan ser muy pertinentes en esta etapa de la historia, pues la historia misma va avanzando y no ha llegado a su fin[1] como  afirmó Fukuyama[2], sino que ella misma se despliega en nuevas etapas. Sin embargo, los conflictos que generan las etapas de transición manifiestan esta dinamicidad de la historia humana que se abre a la posibilidad dialéctica de una nueva síntesis ante el pluralismo actual. Estas páginas, por tanto, desean revalorizar el trabajo de Kant y hacer ver a la generación presente y futura la veracidad de sus afirmaciones y la certeza de sus postulados, sin prescindir del trabajo de otros autores en los que se pone de manifiesto la actualidad y presencia del pensamiento kantiano en nuestra sociedad. El método a utilizar para el tratamiento de la ética es muy difícil de determinar, puesto que de éste depende la solución de los problemas que plantea la cuestión moral. Por eso, se utilizará el método de análisis semántico para determinar el sentido de las palabras y de los conceptos (como bien lo hicieran Sócrates y Aristóteles que insistían en la aclaración de éstos para la comprensión de las cuestiones fundamentales de la vida). Atendiendo a la reciente tradición de la filosofía analítica, la cual devela que la mayoría de los problemas provienen de lenguaje. Por ejemplo, es necesario saber ¿qué se entiende por bueno? ¿A qué se refiere alguien cuando afirma que esto o aquello es bueno? También ayudará, en este cometido, el método fenomenológico que permitirá lograr la descripción de fenómenos morales y llegar a los rasgos universales de ellos, descubriendo la experiencia subjetiva de sentirse obligado a algo. Un tercer método, servirá para resolver problemas normativos, es el método intuitivo-hermenéutico que revela al individuo el juicio incuestionable de sus propios actos y la capacidad de  interpretarlos siendo sujeto de diálogo y perteneciente a una realidad que le interpela y exige de éste una respuesta concreta[3].








































CAPÍTULO I

I.             LA ÉTICA EN EL PENSAMIENTO OCCIDENTAL A TRAVÉS DE LA HISTORIA

  1. Cuestiones preliminares

Antes de realizar el recorrido histórico es conveniente aclarar algunos términos utilizados en el campo de la ética para tener una noción de ellos y el sentido en que se utilizarán en estos apartados, por tanto es preciso definir el contenido de la ética y su fin específico para orientar la reflexión sobre la misma.

1.1 La ética y su finalidad
El término ética proviene de la palabra griega ethos, que tiene dos significados: el primero, "morada" o "lugar donde se vive" de ahí se desprende “la idea de ethos como suelo firme, fundamento de la praxis, raíz de la que brotan los actos humanos”[4]. El segundo, señala el "carácter" o el "modo de ser" peculiar y adquirido de alguien contraponiéndose a “temperamento (pathos) que tiene una base biológica y por lo mismo no depende del individuo”[5].

La ética tiene una íntima relación con la moral, tanto que incluso ambos ámbitos se confunden con bastante frecuencia. Sin embargo partiendo del concepto de ethos se dice que “la realidad moral no tanto que recibida sino apropiada es el ethos y se tradujo al latín como mos-moris (costumbre), doctrina de las costumbres, en sentido preferentemente social, es decir, el estudio sistemático de la moral[6]. Consecuentemente la moral es aquel conjunto de valores, principios, normas de conducta, prohibiciones, etc., de un colectivo que forma un sistema coherente dentro de una determinada época histórica y que sirve como modelo ideal de buena conducta socialmente aceptada y establecida

Si se considera a la ética y a la moral como sustantivos significarán “el saber específico que versa sobre lo bueno y lo malo, sobre lo justo o lo injusto[7]. La ética trataría de todo cuanto en la vida del ser humano está relacionado con el bien y con el mal[8]. Pero si se apropian como adjetivos cada una “denota una dimensión o cualidad de la realidad humana[9]. Aunque la ética y la moral tienen “que ver con las actividades prácticas”, hoy en día la concepción anglosajona, que separa ética y moral, va tomando cuerpo. Considera a esta última como la “doctrina práctica que ordena comportamientos concretos y establece normas de acción”, mientras que la primera “adquiriría el significado de reflexión filosófica sobre la moral”[10]. Partiendo de estas observaciones se definirá entonces a la ética como la disciplina filosófica que estudia la dimensión moral de la existencia humana, ya que el hombre por naturaleza es un ser moral, y que desea ser un saber con carácter normativo-descriptivo, que dirija la vida moral y la rectifique, y responda a sus cuestiones fenomenológicas.

1.2 La voluntad, la libertad, la felicidad y el valor: conceptos éticos
Dentro de la ética hay conceptos como voluntad, libertad, acción, pasión, felicidad, etc., los cuales, en la medida en que se va desarrollando el pensamiento han tenido un significado y comprensión diferente.


Para empezar, se afirmará que la voluntad es la facultad del alma de decidir y ordenar la propia conducta. El acto de la voluntad es la volición por el que el sujeto admite o rehúye algo, o persigue un fin que se le ha presentado a la razón práctica después de haber deliberado[11].  La deliberación precede, en la mayoría de las veces, a la voluntad, y le señala el camino a seguir”[12]. Deliberar es usar la razón antes de obrar, ver las opciones, consecuencias y efectos de la acción que se va a realizar.

La libertad es un concepto clave del que no se puede prescindir en ética. Es condición de moralidad en el ser humano, alguien que no es libre para actuar queda exento de toda imputación penal; sin libertad no es posible responsabilizar a nadie de nada, “ni de sus actos ni de sus hábitos”[13]. Pero se dice que hay libertad cuando no existen impedimentos en el obrar de un sujeto, cuando hay una autodeterminación del querer llamado libre albedrío que comporta al mismo tiempo la libertad de acción[14].

La felicidad es entendida como la posesión de bienes en general, un estado de satisfacción debido a la propia situación en el mundo. Ha designado también el anhelo fundamental del ser humano o la sed de plenitud que hay en la naturaleza del hombre. Sócrates y Aristóteles sitúan la felicidad en el conocimiento de la virtud.

“San Agustín  habló de la felicidad como fin de la sabiduría; la felicidad es la posesión del verdadero absoluto y, en último término, la posesión de Dios; todas las demás felicidades se hallan subordinadas a aquella.
Santo Tomas usó el termino de beatitudo como equivalente al de felicitas y lo definió (S. theol., I, q. LXVII a 1) como un bien perfecto de naturaleza intelectual. La felicidad no es simplemente un estado del alma, sino algo que el alma recibe desde fuera, pues de lo contrario la felicidad no estaría ligada a un bien verdadero”.[15]

Kant la coloca en el gozo del deber cumplido. Él afirma que es un bien condicionado y uno de los fines de la razón práctica:

“Ser feliz, es necesariamente la exigencia de todo ente racional aunque finito y, en consecuencia, inevitable motivo determinante de su facultad apetitiva… es el nombre de las razones subjetivas de la determinación[16].

El valor es un término y una categoría ética muy compleja. Se ha propuesto en algún momento de la historia como principio de la obligación moral, se entiende por valor “todo aquello que satisface una tendencia, una aspiración, un deseo nuestro, todo aquello que de algún modo conviene a nuestra naturaleza[17]. El valor de las cosas es dado por el sujeto y otras veces es inherente a las cosas mismas, es real y es ese valor el que mueve, a veces, a realizar determinadas acciones. Estos conceptos no son los únicos, hay otros, no menos importantes, pero no es conveniente realizar un estudio intensivo de todos los términos que competen a la ética, pues ya no sería un ensayo sino un diccionario o un glosario. A continuación, se tratará de buscar el momento histórico en dónde surgió la ética como disciplina filosófica y su desarrollo posterior.

  1. En los orígenes del pensamiento moral: el eudemonismo clásico

La reflexión ética se ocupó en sus inicios, y en su desarrollo posterior, de la pregunta por la vida feliz; su principal tarea consistía en tratar de responder a la pregunta sobre ¿qué hay que hacer para vivir una vida feliz, una vida buena? A esta corriente se le ha denominado eudemonismo –de la voz griega eudaimonia (felicidad), palabra compuesta de eu (bueno) y daimon (hado, divinidad menor) –. Eudaimonía es un concepto filosófico que designa aquella doctrina moral cuyo fundamento tiene como principio de toda acción la felicidad. Se ha considerado eudemonismo al hedonismo, a la doctrina estoica, así como también al utilitarismo. Todas estas doctrinas basan sus normas morales en la realización plena de la felicidad, pudiéndose presentar ésta de forma personal, como en Demócrito, Sócrates, Aristóteles; el estoicismo o el neoplatonismo, o bien, de forma colectiva, como se estableció a partir de Hume y con mayor énfasis en el utilitarismo de J. S. Mill[18].

Pero se podría afirmar que la ética tiene sus orígenes en el s. V a. C., en un momento crítico de las instituciones de la sociedad griega (políticas, religiosas y culturales). En este período se presentó una visión cientificista del mundo y una relativización de las costumbres griegas por el contacto con otros pueblos[19]. Toda crisis tiene dos consecuencias, la primera es llevar al colapso a una civilización; la otra, es conducir a un reflexión profunda sobre las cuestiones fundamentales del hombre y plantear la búsqueda de una solución al problema, reformar o romper con lo anterior y avanzar hacia una nueva etapa. Dentro de este ambiente de crisis de la sociedad griega aparece Sócrates quien se opone a una visión reduccionista del hombre, de la filosofía y de la vida, en concreto, se enfrenta con la cosmovisión de los sofistas. Protágoras de Abdera uno de los representantes de los sofistas antiguos enunciaba el relativismo filosófico y moral; según él las cosas son para cada uno tal como se le aparecen. De ahí que “el hombre sea la medida de todas las cosas” y como no hay un punto de vista privilegiado todos tienen razón. Consecuencia de esto: no hay una verdad universalmente valedera ni una norma moral absoluta[20].

Sócrates es el fundador de la filosofía moral, la impulsó y la llevó por un camino seguro por medio del presupuesto de una vida feliz, el que quiera vivir feliz ha de estar dispuesto también a perder la vida en el intento. La muerte de Sócrates y su estilo de vida coherente a sus convicciones, demostró que la vida feliz no es sólo tratar de salvar la vida, ya que ella no es el valor supremo, sino que la vida feliz  la vive aquel que quiera estar dispuesto a morir con tal de no cometer injusticia. Sócrates asienta la ética en la virtud, entendida como conocimiento e inicia así un intelectualismo moral, en el que se afirma el mejor modo de obrar de quien lo hace con conocimiento del bien, por tanto si se obra mal es por ignorancia.

Platón no se aleja del intelectualismo moral de Sócrates sino que lo continúa. Introduce en el pensamiento la categoría de dualismo, de acuerdo a su sistema filosófico, la verdad está en el mundo de las ideas, este mundo material sería copia de aquellas ideas eternas. El alma, por medio de la razón, tiende hacia el mundo de las ideas, pues ella es de origen divino e inmortal, pero está prisionera en el cuerpo. El cuerpo representa los apetitos sensibles del hombre de los cuales el alma debe desencadenarse, el esfuerzo moral consistiría en librarse de estos apetitos sensibles a través del conocimiento de las ideas eternas que ella contemplaba cuando existía en aquel mundo y que perdió al caer prisionera en el cuerpo.

El intelectualismo moral de Sócrates y Platón fue duramente criticado por Aristóteles, el primer autor que hizo un tratado sistemático de ética en sus obras Ética a Nicómaco y Ética a Eudemo. Para el estagirita, el conocimiento de qué sea el bien o la virtud no garantiza en absoluto que alguien sea bueno y virtuoso en la vida ordinaria. Únicamente a través del ejercicio y la práctica de las virtudes podrán convertirse éstas en un hábito de la conducta.  Por ello la virtud es una excelencia  añadida a algo como perfección, no es ni una facultad ni una pasión sino que es un hábito. Él distingue entre hábitos malos y hábitos buenos, los malos son aquellos que alejan del cumplimiento de la propia naturaleza y reciben el nombre de vicios, y los buenos, son  aquellos por los que un sujeto cumple bien su función propia y reciben el nombre de virtudes cuando un ser realiza su función propia, pero no de cualquier manera sino de un modo perfecto, entonces se dice que dicho ser es virtuoso o bueno. La virtud es el punto medio entre dos puntos: el exceso y el defecto, es el equilibrio entre el más y el menos, es decir, es la justicia[21].

El teleologismo aristotélico se aplicará también al ámbito de la praxis: todo en la naturaleza tiende a un fin. Ahora bien, el fin y máximo bien del hombre que ha de ser deseado por sí mismo y no como medio para otra cosa es la felicidad (eudaimonía), que consistirá en el cumplimiento de la propia esencia mediante la realización de las actividades que le son propias: la contemplación y el ejercicio de la inteligencia teórica[22].

La ética postaristotélica se ocupa exclusivamente de la felicidad del sabio (especialmente en el estoicismo y neoplatonismo); la precisa división que los estoicos formulan entre sabios e insensatos hace, en efecto, obviamente inútil ocuparse de estos últimos. El sabio es el que se basta a sí mismo y que, por lo tanto, es el único que encuentra su felicidad o más bien su beatitud.

El estoicismo nace como escuela filosófica fundada por Zenón de Citio (333-261 a.C.) en el 311 a.C., a su llegada a Atenas en la Stóa poikilé, es decir, "el pórtico pintado", de donde toma el nombre de "estoicismo". Esta corriente de pensamiento fue una de las más influyentes del mundo antiguo cuyas ideas fueron retomadas  por el cristianismo, la filosofía moderna y la Ilustración.

En el campo de la filosofía moral o ética el punto medular de su doctrina se encuentra en la imperturbabilidad del alma, es decir, en el dominio de las pasiones, el desapego a las comodidades materiales dedicándose a una vida guiada por los principios de la razón y la virtud con las cuales se puede alcanzar la felicidad[23]. Proponían una vida “según la naturaleza” y si la naturaleza del hombre es racional el postulado se transformaba en “vive racionalmente”. El sabio como ideal de vida estoica se distingue por las siguientes virtudes: apatía (carencia de pasiones), autarquía (carencia de necesidades), obediencia (todo está ordenado, con estricta causalidad, por el logos universal) y conciencia del deber (la ley universal también es moral, sólo obra moralmente el que se somete, por conciencia del deber, al acontecer universal) [24].

En la época helenística aparece otro tipo de sistematización ética en la que la felicidad se adquiere a través del placer. Se enmarca en esta línea el epicureísmo como una corriente filosófica que surgió en el siglo IV a.C., fundada por Epicuro de Samos en 306 a.C., en el jardín de su propia casa y pertenece a la corriente ética del eudemonismo como se ha mencionado anteriormente. Dentro de su ética propone que el bien moral es el placer y que la felicidad se alcanza con la ataraxia o equilibrio de placeres materiales y espirituales. Para Epicuro este placer consiste en la ausencia de dolor, por lo que su ética hedonista propondrá un sabio cálculo entre los placeres que permita alcanzar el máximo de placer y el mínimo de dolor.

El neoplatonismo, fundado en el siglo III d.C., por Ammonio Saccas, se presentó como un importante rival del cristianismo ya que implicaba un planteamiento esencialmente espiritual. Su discípulo más conocido y principal exponente de la doctrina fue Plotino.

Plotino reprocha a la noción aristotélica de felicidad el hecho de que, como consiste, para todo ser, en el cumplimiento de su función y en el logro del propio fin, puede aplicarse muy bien no sólo a los hombres, sino también a los animales y a las plantas. Reprocha a los estoicos la incoherencia de colocar la felicidad en independencia de las cosas externas y al mismo tiempo en agregar como objeto de la razón justo estas mismas cosas. Para él la felicidad es la vida misma; consecuentemente, si bien pertenece a todos los seres vivientes, pertenece en el grado más eminente a la vida más completa y perfecta que es la de la inteligencia pura. El sabio, en quien se realiza tal vida, es un bien por sí mismo y no tiene necesidad más que de sí mismo para ser feliz, no busca las otras cosas o, por lo menos, las busca sólo por ser indispensables a las cosas que le pertenecen (por ejemplo, al cuerpo) y no a él mismo. La felicidad del sabio no puede ser destruida ni por el fracaso, ni por enfermedades físicas y mentales ni por ninguna circunstancia desfavorable, como no puede ser aumentada por las circunstancias favorables: por lo tanto, es la misma beatitud de que gozan los dioses[25].

El tema del eudemonismo no terminó en la época antigua sino que el pensamiento filosófico siguió profundizando en la idea de la felicidad. Ésta es un deseo humano puesto que como lo afirma Séneca “todos los hombres quieren ser felices[26] nadie en el mundo desea ser un desgraciado, desdichado, malaventurado, infeliz y es esa misma razón por la que el hombre ha continuado su reflexión sobre el concepto de felicidad desde la perspectiva teleológica, un fin de la existencia humana.

Con la entrada del cristianismo en la historia se introduce un elemento fundamental en la ética de la edad media, Dios como fuente de la vida moral y meta de la felicidad humana.




  1. Hacia una ética teónoma: Dios fuente de la moral: la era cristiana

En la Edad Media las teorías éticas buscan una conciliación con la doctrina moral cristiana, puesto que la religión oficial del imperio es el cristianismo, éste marcó profundamente la historia de Occidente. Nada se puede pensar o decir sin hacer referencia a Dios, incluso, lo ético está legislado por el mismo Dios[27].

En San Agustín se concilia con rasgos de neoplatonismo. Ve al hombre como creatura de Dios. La ética de la voluntad propuesta por él afirma que no agrada a Dios el que más sabe sino el que conforma su voluntad con la voluntad de Dios. Para San Agustín el amor es la principal operación de la voluntad, de ahí se deriva su máxima: “ama y haz lo que quieras;” no es oportuno mandar a nadie que ame, ni se puede prohibir a nadie que ame, sólo puede decirse a los hombres lo que deben o no deben de amar. Toda moralidad radica en la recta elección del objeto que se ama[28]. Es interesante remarcar en esta época la introducción del término conciencia. Para San Agustín es la facultad innata que revela la ley moral de Dios inscrita en el alma de los hombres. Se ve una tendencia intuicionista del pensamiento moral, pero posteriormente llegó a designar la capacidad de distinguir el bien del mal en el ámbito las acciones particulares. Esta facultad innata fue conocida también con el nombre de “sindéresis.[29]

En Tomás de Aquino tal armonización se lleva a cabo sobre la base de la ética aristotélica, dando lugar a un eudemonismo en el que el máximo bien (la felicidad) se identificaba con Dios;, la llamada visión beatífica de Dios es el fin último en que la moralidad halla su coronamiento. Dios es el que da la ley eterna y establece los contenidos de la verdadera moral como una ley natural en los hombres. Los hombres participan de la ley divina por medio de la ley moral natural. La ley natural contiene principios normativos, que se encuentran en el ser humano como inclinaciones naturales (hábitos) y de los cuales el primero es: "ha de hacerse el bien y evitarse el mal”, este es un principio de la sindéresis, y cualquiera que lo comprenda debe admitir su verdad. La aplicación práctica de la ley tiene lugar por medio de la conciencia, ella es la norma subjetiva del obrar humano y, por ello, es siempre inmoral obrar contra la conciencia[30]. La ética de Santo Tomás está puesta en base racional dado que todo hombre dotado de razón puede descubrir la ley natural mediante el ejercicio de la recta razón.

  1. Edad moderna: Descartes, Hume y Kant

Con la llegada del Renacimiento, la Reforma de Lutero y el surgimiento de los Estados modernos se entra en la época moderna. Esta etapa se caracteriza por centrar la reflexión en el sujeto. Es oportuno abarcar la ética de este periodo desde las dos corriente que más influyeron en él, es decir, el racionalismo, iniciado con Descartes, y el empirismo cuyo mayor  representante fue David Hume.

El racionalismo es una corriente filosófica que abarca todo el siglo XVII que tiene en su base los avances de la ciencia del Renacimiento. En él la filosofía acoge el paradigma matemático de la geometría y el paradigma experimental de la física, oponiéndose tanto al escepticismo pirrónico como al formalismo escolástico[31].

Descartes, iniciador de la reflexión moderna en cuanto tal, introdujo como método de su pensamiento la dudad metódica y de esta forma asentó las bases de un camino seguro para la investigación científica y filosófica. En adelante nadie podrá filosofar sin remitirse obligatoriamente a este genio brillante. Su postulado máximo: “pienso, luego existo”, es lo único de lo cual no se puede dudar. Descartes postula en su Discurso del método y en el Tratado sobre las pasiones una moral provisional. Ve el fin de la moralidad en la impasibilidad (apatheia) del sabio estoico, esto pone en evidencia cuál es la dirección de la ética cartesiana: una lenta y laboriosa sumisión de la voluntad a la razón, como fuerza que sirve de guía a todo el hombre. Identifica desde esta perspectiva la virtud con la razón, y se propone «llevar a cabo todo lo que la razón le aconseje, sin que sus pasiones o sus apetitos le aparten de ello»[32]. Su dualismo ve al hombre desde la perspectiva de la máquina y el espíritu. Únicamente el espíritu es capaz de moralidad y debe ser libre para obrar ante los halagos de la sensualidad del cuerpo.

En contraposición al racionalismo, el empirista Hume creyó imposible establecer ningún juicio moral a través de la razón. Esta facultad se muestra incapaz de juzgar la bondad o maldad de las acciones humanas. Niega que el bien y el mal sean características exhibidas por las acciones a las que se refiere el juicio moral. La moral se basa y se origina en una emoción o sentimiento de aprobación o desaprobación que sentimos* al realizar una acción, dependiendo de la utilidad que tenga para la sociedad en general y no sólo para el individuo. Todo el mundo hace lo que procura gusto o placer y evita lo que le disgusta o displace. La cuestión fundamental desde la perspectiva de Hume es identificar la raíz del sentimiento de aprobación o desaprobación que está como fundamento de los juicios morales. Esta base o fundamento es el sentimiento desinteresado de simpatía hacia los semejantes[33]. El emotivismo ético de Hume denunció lo que él llamó "falacia naturalista", esto es, el derivar ilícitamente del "ser" el "deber ser" y su utilitarismo, que busca realizar la máxima felicidad para el mayor número de personas será ampliamente desarrollado posteriormente por otros autores en los ss. XVIII y XIX.

Kant dará un "giro copernicano" a la ética (Se profundizará en su aporte a la filosofía moral en el capítulo siguiente. Tratando de descubrir la novedad de sus teorías y postulados. Por esta razón, se pasará a la época contemporánea como camino final de esta primera parte).

  1. Época contemporánea: pluralismo ético y absolutización del relativismo

Podría dividirse la historia de la filosofía moral en dos partes: antes de Kant y después de él. Se presentan a continuación los más destacados representantes de las distintas corrientes filosóficas actuales, herederas de una reflexión sistemática extensa y fructífera. Aunque es imposible abarcar aquí, de forma analítica sus postulados, se tomarán las ideas centrales de los autores más significativos, de manera panorámica.

Partiendo de Hegel, el máximo exponente del idealismo alemán, el cual coloca como fuente de la moral las instituciones éticas: la familia, la sociedad burguesa y el Estado. El Estado es la realidad absoluta para Hegel, el individuo está sometido a éste, y únicamente se obra de modo recto cuando se hace lo que el Estado manda hacer[34].

De modo peculiar se encuentra a Schopenhauer, quién lanza su pesimismo al mundo a través de su obra “el mundo como representación y voluntad” y en el libro cuarto de esta obra trata el tema de la ética. El hombre es en este mundo el ser más infeliz por su voluntad de vivir, esta voluntad lo arrastra entre el dolor y el tedio; es la raíz de todo mal. El camino verdadero de la liberación de esta voluntad de vivir es la ascesis cuyo primer paso es una libre y perfecta castidad que impide el impulso generativo de la voluntad de vivir. Lo moralmente aceptado sería aquello que libera al hombre de esta voluntad de vivir, es decir del dolor y el tedio[35]. Propone también tres vías de la moralidad: la vía de la afirmación, que consiste en afirmar la existencia de manera egoísta; la vía de la negación, donde se niega la existencia y se siente compasión de los semejantes; y la vía de la purificación que sería el estado perfecto del hombre[36].

De manera contundente Ludwig Feuerbach, con una fuerte crítica religiosa, coloca en el centro de su pensamiento a la humanidad. El hombre es capaz de realizar sus ideales aquí en la tierra. No hay que esperar una recompensa ultraterrena en el más allá. Dios ha sido una proyección del ser humano que necesita de una ayuda poderosa para vencer sus propios temores. La moralidad entonces es determinada por el mismo hombre, la máxima sería amar al hombre por el mismo hombre. Y para que el hombre alcance la felicidad hay que extirpar  la religión.

Sin embargo, en Kierkegaard, precursor del existencialismo, renace la defensa del ideal cristiano como plenitud de la existencia, el individuo logra su auténtica libertad desde la trascendencia de Dios. Critica fuertemente el sistema hegeliano en el cual el individuo había sido puesto en dependencia absoluta del Estado, y debía obedecerlo. Para él, en este mundo solamente cuenta la existencia del individuo, ésta se realiza en tres ideales: el estético, desde aquí el individuo debe dar el salto al ideal ético, y finalmente llegar al ideal de la fe. Lo ético constituiría un medio ya que únicamente la vida de fe realiza la verdadera existencia, considerada ésta, como el encuentro entre el individuo y la individualidad de Dios. Es interesante resaltar el concepto de posibilidad introducido explícitamente por este autor, cuando afirma que la existencia es mera posibilidad. El hombre es lo que elige ser. La vida de fe se desenvuelve entre la angustia y la posibilidad[37].

Avanzando en esta época, se encuentra el positivismo iniciado por Augusto Comte —desarrollado después por Hebert Spencer, Durkheim, Jhon Stuart Mill, Ernst Haeckel y Roberto Ardigo, cada uno haciendo énfasis en alguna idea y originando otra línea filosófica—, se basa en la confianza excesiva en el desarrollo de las ciencias y su aplicación a la técnica. Su postulado máximo es la comprobación y observación de los hechos, puesto que exclusivamente se conoce aquello que las ciencias permiten conocer y el método es el propio de las ciencias; “el método científico”. De esta manera se reduce la realidad moral a una mera observación del hecho moral investigando sus causas y efectos para definir los juicios usuales de bien y mal en cada cultura, nace, de esta forma, la ciencia de las costumbres[38].

El sociologismo se deriva del positivismo cuyo representante es Durkheim. Esta escuela sociológica postula que el hecho moral difiere de una sociedad a otra. El criterio moral sería el uso: es bueno, en una sociedad dada, lo que la mayoría tiene por tal, o aquello que hace la mayor parte. El hecho moral es social y al igual que la sociedad tiene sus leyes, por tanto, hay que descubrir las leyes de la moral y comprobarlas. La sociedad determina lo bueno y lo malo, lo moral y lo no moral. La obligación está en seguir las normas morales que la sociedad tiene establecidas, y la sanción se limitaría a castigar a quienes  no cumplan dichas normas. No hay aquí bases racionales de la moral, la sociedad ordena y manda; ella es la fuente de la moral[39]. En último caso, se reduce la moral a la presión ejercida por la sociedad sobre la conciencia individual.

También se pudiese hacer derivar del positivismo el utilitarismo, que nació a finales del s. XVIII con Jeremiah Bentham y encuentra su culmen con Jonh Stuart Mill s. XIX, el principio fundamental de esta corriente afirma que la moral consiste en lograr la máxima felicidad para el mayor número posible de personas. Partiendo de los postulados del empirismo hace derivar de éstos el bien moral y lo reduce a la utilidad, es decir, que todo lo que reporta alguna utilidad o produzca progreso social o individual es bueno, lo contrario es malo. Su universalidad radica en seguir aquello que sea de utilidad para el bien común. Aparece nuevamente el eudemonismo pero de una forma social y moderna.  El juicio moral se convierte en un juicio acerca de la felicidad: el placer (la felicidad) es bueno, y el dolor es malo. Esta es la línea de vida de la moral utilitarista. Marcado de materialismo positivista el utilitarismo acepta que la vida consistiría en buscar aquel estado de cosas en el que se logre la mayor felicidad y la ausencia de dolor, por eso es preciso hacer  un tipo de aritmética moral que permita llevar a cabo los cálculos adecuados[40].

Dentro de la historia aparecen algunas teorías morales que niegan el hecho moral y se denominan morales de la espontaneidad, de la naturaleza o del impulso vital. Se caracterizan principalmente por rechazar todo convencionalismo y el carácter abstracto de los sistemas morales[41]. En este horizonte y como reacción a lo propuesto anteriormente por las diversas corrientes filosóficas, especialmente el marxismo y el positivismo, aparece el filósofo alemán Friederich Nietzsche.

Nietzsche, crítico de la sociedad heredera del positivismo, materialismo, evolucionismo, pesimismo, racionalismo y cristianismo, aborda el problema moral desde dos obras fundamentales “La Genealogía de la moral” y “Más allá del bien y del mal”, en las cuales cuestiona la pretensión de toda moral: establecer lo bueno y lo malo. Para Nietzsche la moral nace de los fuertes, del superhombre que crea sus propios valores. Tomando como modelo el espíritu dionisíaco que se deja llevar por el instinto de vida, que irrumpe y no se reprime, el superhombre es el que se deja guiar por la voluntad de poder y establece desde esa voluntad sus juicios morales. Hay que ser fiel a la tierra y al hombre mismo. En contraposición a la moral del superhombre aparece la moral de los débiles, esclavos o mediocres. Los débiles no pueden sobrevivir, no son capaces de vivir por sí mismos, aman una religión común, una moral común, usos comunes. La moral de los esclavos es necesaria[42]. Pero, se descubre entonces que el superhombre es inmoral pues debe ir más allá del bien y del mal para establecer su voluntad de poder, el poderoso es el que vive sin reglas y establece sus propias reglas. De esta manera el superhombre con su voluntad de poder es el valor absoluto en el pensamiento moral de Nietzsche[43].

Pasando a otra corriente filosófica influyente, necesariamente hay que mencionar la fenomenología, fundada por Edmund Husserl, el cual estableció una nueva forma de hacer filosofía; un nuevo camino para encontrar por medio de la intuición y descripción la esencia de las cosas. El representante en el campo ético fenomenológico es Max Scheler, fundador de la axiología moderna. Como todo fenomenólogo busca “ir hacia las cosas mismas” y describir los fenómenos, descubriendo la esencia de las cosas en la descripción. Al abordar el tema de la moral se centra en la teoría de los valores y hace brotar la moralidad de la realización de los valores en la vida práctica. Los valores no pueden ser conocidos por el intelecto sino que son sentidos por el ánimo, es decir, por la intuición sentimental o visión emocional[44]. Esta intuición hace captar los valores y su jerarquía a cuya base están los valores del sentir sensible, siguiéndole los del sentir vital, el tercer grado lo forman los valores del espíritu y el cuarto grado los valores de lo sumo y lo profano[45]. A este autor se le debe el haber creado una ética material de los valores desarrollada de modo novedoso por Nicolai Hartmann en su voluminosa obra “Ética”.

La filosofía analítica ocupa un lugar importante en la filosofía contemporánea, y dentro de su trayectoria hay diferentes autores que en torno a la cuestión ética tomaron heterogéneas posturas, además se ve en esta filosofía el nacimiento de la metaética, es decir, la definición de los conceptos morales. Se desarrolla principalmente en dos centros específicos: Cambridge y Oxford.

Como una rama de esta corriente aparecen, en un primer momento, los neopositivistas de Cambridge. Los nombres más sobresalientes son Rusell, George Edward Moore y Wittgenstein.

Interesa en este apartado G. E. Moore ya que aparece como el mayor representante del intuicionismo, una de las corrientes más influyentes de la metaética analítica, que afirma la indefinibilidad del bien. Su filosofía se centra en el rechazo del idealismo, la defensa del sentido común y en el ámbito de la ética en la lucha contra la falacia naturalista[46]. La obra más famosa de Moore, “Principia Ethica” publicada en 1903, refuta la falacia naturalista con su afirmación de que el concepto de lo bueno se refiere a una cualidad sencilla, indefinible e imposible de analizar respecto a las cosas y situaciones concretas. Es una condición no natural, porque se aprehende no por el sentido de la experiencia sino por un tipo de intuición moral. La bondad es evidente en aquellas experiencias como la amistad y el placer estético. Los conceptos morales de derecho y deber son, entonces, examinados en términos de la producción de todo aquello que posea bondad[47].

En Oxford sobresalen Carnap, R. von Mises, Reichenbach y Ayer que fueron radicales emocionalistas o emotivistas[48] y se enmarcan dentro de las teorías no cognitivas de la moral junto con el decisionismo[49] o prescriptivismo de R. M. Hare. Estos aplican el análisis lingüístico a la metanoética.

Ayer adquiere la posición extrema de todos patentada en su obra “Lenguaje, verdad y lógica” (1936). Él habla de proposiciones analíticas y empíricas, los juicios morales no entran en ninguna de estas dos categorías de proposiciones ya que los principios morales no hacen ninguna afirmación analítica y mucho menos son empíricos. En la frase “es bueno ayudar a una persona que se encuentra en necesidad”, el predicado valorativo bueno no está contenido en el concepto de sujeto. Se desprende de esto que los principios morales sirven únicamente para la expresión de los sentimientos o bien de las actitudes del hablante, para suscitar sentimientos y obtener como efecto una acción (lenguaje perlocucionario en Austin). Según Ayer la filosofía moral se agota en la definición de los conceptos morales (metaética) y no sería posible una ética normativa[50].

El prescriptivismo de Richard Mervyn Hare en su obra “El lenguaje de la moral” (1952), asegura que la moral utiliza un lenguaje valorativo, cuya característica fundamental es la prescripción de conductas que se fundamentan en razones que se expresan mediante un lenguaje descriptivo. Las prescripciones tienen en común con las descripciones su parte «frástica» (del griego fraso,  indicar), en la medida en que dicen algo a alguien; pero se distinguen de la descripción por su parte «néustica» (de veón, mostrar anuencia, prometer), en la medida, en que imponen un imperativo a alguien[51]. Los enunciados morales han de ser universalizables, es decir, cualquier predicado moral ha de aplicarse a aquello que posea las mismas características y la razón que justifica la obligación de la acción ha de obligar también a todas aquellas personas que se hallen en circunstancias similares. Por eso para Hare es de capital importancia que todos los juicios morales sean reducidos a imperativos. La imparcialidad es el fundamento de los juicios morales, aunque para Hare sólo es exigible universalmente lo justo, no lo bueno.

El procedimentalismo ético no recomienda ningún contenido moral concreto, sino que intenta descubrir los procedimientos que permiten legitimar todas aquellas normas que provienen de la vida cotidiana. Como procedimientos únicamente serán válidos aquellos que manifiesten la praxis racional desde una perspectiva de igualdad y universalidad. Esta praxis racional es, sin embargo, dialógica, y ha de llevarse a cabo a través del diálogo entre todos los afectados por dichas normas. Dentro de esta línea aparece Rawls destacado en la jurisprudencia y  ética política con su “Teoría de la justicia”.

En la reflexión ética que se realizó en la escuela de Francfort cabe destacar a Jürgen Habermas y su propuesta ética conocida como la ética del discurso desarrollada también por Karl O. Apel. Para Habermas el criterio para saber si una norma es correcta ha de fundarse en dos principios: El principio de universalización, que reformula dialógicamente el imperativo kantiano de la universalidad, y que es expresado así: "Una norma será válida cuando todos los afectados por ella puedan aceptar libremente las consecuencias y efectos secundarios que se seguirían, previsiblemente, de su cumplimiento general para la satisfacción de los intereses de cada uno".
El principio de la ética del discurso: "Sólo pueden pretender validez las normas que encuentran (o podrían encontrar) aceptación por parte de todos los afectados, como participantes en un discurso práctico".

La racionalidad inherente al diálogo es comunicativa y ha de satisfacer intereses universalizables.

La ética del discurso no pretende sólo fundamentar racional y dialógicamente lo moral, sino que busca también su aplicación en la vida cotidiana.[52]

Por otra parte, en el debate ético, tiene una presencia muy fuerte el pensamiento  personalista. Éste es una corriente filosófica que rescata el valor de la persona y su convivencia social, trata de integrar todas las dimensiones del ser humano y su propuesta ética es muy particular. Entre sus representantes se encuentran Emmanuel Mounier y Jean Lacroix.

El personalismo nació en Francia con Emmanuel Mounier. La idea central de este pensamiento es la noción de “persona, en su inobjetividad, inviolabilidad, libertad, creatividad y responsabilidad, se trata de una persona encarnada en un cuerpo, situada en una historia y constituvamente comunitaria”, que está arragaida en una fe cristiana aceptada sin reservas[53]. Con estas líneas se ve que el personalismo es opuesto al individualismo, al sistema capitalista y a la reducción de la persona  humana a un mero objeto.

La ética personalista es estrictamente comunitaria. Ve a la persona integrada en un mundo —desde todas sus dimensiones— en relación con el otro. Propone analizar todas las dimensiones de la persona, (su nivel social, económico, educativo, psicológico,  personal, comunitario, espiritual), antes de emitir un juicio moral

“Ello se debe a que, en el personalismo, la persona es una presencia ante el mundo y ante las demás personas. «Las otras personas no la limitan, sino que le permiten ser y desarrollarse; [la persona] sólo existe en la medida en que se dirige hacia los demás, sólo se conoce a través de los demás, se encuen­tra sólo en los demás.» Cuando la comunicación se desvanece o se corrom­pe, me pierdo a mí mismo: «La locura es un quebrantamiento de la rela­ción con los otros: el alter se convierte en alienus, y a mi vez yo me transformo en extraño ante mí mismo, quedando alienado.» Todo esto implica que yo existo únicamente en la medida en que existo para los otros, y que en el fondo «ser significa amar»”.[54]

Esta perspectiva ética se coloca como una alternativa orientadora para la reflexión actual y ha ganado mucho terreno sencillamente por integrar a la persona y evitar el reduccionismo de todo tipo.

6.1 CONCLUSIÓN

Este recorrido panorámico  ayuda a visualizar la historia, desarrollo y actualidad del problema ético. Enseña además la importancia de la historia en su función pedagógica. Ella ilustra al hombre y le muestra el camino que ha de seguirse, lo que hay que mejorar y aquello que se debe dejar de lado. El trabajo consistirá en hacer avanzar al hombre por caminos fiables y firmes, construyendo una sociedad mejor sobre bases morales auténticas. De alguna manera, hoy en día, siguen vivas algunas de estas tradiciones éticas que han surgido a lo largo del desarrollo de la filosofía moral. Algunas de ellas se han modificado en pequeñas o grandes proporciones, aparecen mezcladas o reforzadas con nuevas posturas y adaptándose a cada nueva situación o circunstancia[55]. Se comprueba una vez que lo moral no es algo acabado sino que debe de irse construyendo como un proyecto de una humanidad cuyo anhelo es la conquista de la verdadera libertad y el logro del auténtico respeto a sí misma. De igual forma el hombre, como homo viator,[56] es el modelo de  todas las realidades humanas incluso la realidad moral, en cuanto que esta es un camino por recorrer, por tanto ha de tenerse siempre como punto de partida a este hombre en su individualidad y alteridad, en su autoconstrucción personal y su construcción grupal, en su relación con el Otro, en su esperanza y fin último.

El camino a seguir será una reflexión con un elemento de apertura a horizontes nuevos, racional, dialógica e interdisciplinar que tenga en cuenta aquella herencia[57] de la que se ha enriquecido la reflexión y la praxis misma de la existencia humana.

Se ve entonces que la ética es un camino en el que se progresa continuamente y cada época debe, por tanto: a) consolidar aquello que le es propio, b) asumir la tradición recibida, c) dar el paso hacia la síntesis que recapitule en un todo práxico la realidad moral (el factum) con lo ideal (principios universales).

Sin embargo, no se sigue de esto que, la realidad moral no sea universalizable ni que se reduzca a la mera construcción de sistemas y normas según cada época ni menos que se parta de postulados ambiguos ni de criterios antihumanos, sino que se trata de una integración tal que obtenga como producto final una moral objetiva, autónoma, liberadora y justa. Que parta desde la persona como su fuente y tienda a ella como su fin. De esto se hablará en el capitulo tercero.











CAPÍTULO II

EL DESARROLLO DE UNA ÉTICA AUTÓNOMA Y FORMAL: KANT Y EL GIRO COPERNICANO EN LA ÉTICA


2.1 Cuestiones preliminares: La Ilustración

Para entender el fenómeno de la Ilustración es interesante releer lo que Kant afirmaba y definía como tal en su ensayo “¿Qué es la Ilustración?”:

La Ilustración es la salida del hombre de su minoría de edad. Él mismo es culpable de ella. La minoría de edad estriba en la incapacidad de servirse del propio entendimiento, sin la dirección de otro. Uno mismo es culpable de esta minoría de edad cuando la causa de ella no yace en un defecto del entendimiento, sino en la falta de decisión y ánimo para servirse con independencia de él, sin la conducción de otro. ¡Sapere aude! ¡Ten valor de servirte de tu propio entendimiento! He aquí la divisa de la ilustración”[58].

Conociendo un poco de historia se afirmaría que la Ilustración tiene sus antecedentes en la Baja Edad Media, en los albores del Renacimiento, a éste le siguió la época moderna, ésta exaltó al individuo y a la razón misma, liberándole de la servidumbre de la fe, rechazando todo autoritarismo y juzgando por medio del método todas las cosas. El abandono y rechazo de la metafísica es signo de protesta contra el pensamiento escolástico y su dependencia necesaria de la fe. Más tarde, el radicalismo de Hume en torno a la cuestión del conocimiento, afirmaba que no  se puede conocer nada fuera de la experiencia subjetiva de la realidad, y culminó, cayendo en un empirismo escéptico; esto sucedió como preludio de esta etapa de la historia (la Ilustración) que pondría en primer lugar la razón y el método como programa filosófico.

Como consecuencia surge dentro de la época Moderna la Ilustración[59] como un movimiento filosófico, pedagógico y político, en el que se pretende elevar la razón a la categoría de divinidad, no era realmente algo nuevo, pues, era el programa trazado por Descartes en su “pienso, luego existo”. El hombre ya no debe esperar a ser guiado por otros sino que él mismo debe tomar las riendas de su existencia. Debe madurar y ser un verdadero “homo sapiens” por medio del uso de su razón y entendimiento. En palabras de Kant se dice “¡atrévete a pensar por ti mismo!”

Copérnico cambió la visión del mundo y del hombre, Kant cambió la forma de pensar y derivar los postulados morales asentando las bases de una moral universal y capaz de dirigir al hombre por el camino de la razón.

Es importante hacer una breve presentación de la vida y obra de Kant, ver el progreso de su pensamiento logrando una visión panorámica de su sistema filosófico.

2.2 Vida y obra de Kant[60]

Immanuel Kant fue un destacado y célebre filósofo alemán. Nació el 22 de abril de 1724 en Königsberg, Prusia oriental; actualmente, Kaliningrado, Rusia. Su padre, Juan Jorge, era guarnicionero y su madre —Regina Reuter— era ama de casa. La familia, muy numerosa, pasó por duras pruebas: seis de los hijos murieron muy jóvenes[61]. En 1740 ingresó en la Universidad de Königsberg como estudiante de teología y fue alumno de Martin Knutzen, quien lo introdujo en la filosofía racionalista de Leibniz y Wolff, y le imbuyó el interés por la ciencia natural, en particular por la mecánica de Newton.
Kant pasó su existencia en su ciudad natal alejándose pocas veces por cuestiones de trabajo. Residió por unos meses en Arnsdorf como preceptor, actividad a la cual se dedicó para ganarse el sustento después de la muerte de su padre, en 1746.
Tras doctorarse en la Universidad de Königsberg a los treinta y un años, Kant ejerció en ella la docencia y en 1770, después de fracasar dos veces en el intento de obtener una cátedra y de haber rechazado ofrecimientos de otras universidades, por último fue nombrado catedrático ordinario de Lógica y Metafísica. Los años de la vejez fueron los más desdichados. Kant se vio afectado por el peor de los males que puede caer sobre un estudioso: quedó casi ciego, perdió la memoria y la lucidez intelectual. Su vida se extinguió en 1804.

Se suele dividir el pensamiento kantiano en dos períodos:
El primero llamado precrítico, caracterizado por su apego a la metafísica racionalista de Wolff y su interés por la física de Newton. En 1770, tras la obtención de la cátedra, se abrió un lapso de diez años de silencio durante los que acometió la tarea de construir su nueva filosofía crítica, después de que el contacto con el empirismo escéptico de David Hume le permitiera, según sus propias palabras, «despertar del sueño dogmático». Los años que transcurren entre 1770 y 1781 constituyen el momento decisivo para la formación del sistema kantiano.

 El segundo período llamado crítico se inicia en 1781. Después de una larga meditación surgió la primera Crítica (Crítica de la razón pura, 1781), a la que siguieron las otras grandes obras en las que figura el pensamiento maduro de este filósofo, en particular, las otras dos Críticas: la Crítica de la razón práctica, en 1788, y la Crítica del juicio, en 1790.

La piedra angular de la filosofía de Kant, a veces llamada filosofía crítica[62] o filosofía trascendental, está recogida en su “Crítica de la razón pura” (1781). En esta obra trata de fundamentar el conocimiento humano y fijar sus límites, es toda una revolución epistemológica al estilo de Copérnico (entendiendo el “estilo” en cuanto a la trascendencia y significado de su obra), propone una nueva teoría del conocimiento y la categoría principal es la de la “trascendentalidadl”, es decir, un conocimiento estructurado a partir de una serie de principios a priori impuestos por el sujeto que permiten ordenar la experiencia procedente de los sentidos; esto es lo trascendental para la filosofía kantiana.

Posteriormente en la “Crítica de la razón práctica” (1788) establece la necesidad de un principio moral a priori, el llamado imperativo categórico, (compuesto de principios o leyes prácticas que ordenan una determinada conducta con independencia de la materia de la acción y de sus efectos).

Kant trató de unificar ambas Críticas con una tercera, la “Crítica del juicio, que estudia el llamado goce estético y la finalidad en el campo de la naturaleza. Cuando en la posición de fin interviene el hombre, el juicio es estético; cuando el fin está en función de la naturaleza y su orden peculiar, el juicio es teleológico. En ambos casos cabe hablar de una desconocida raíz común, vinculada a la idea de libertad.

El método trascendental formulado por Kant se resume en las tres críticas que se han presentado de manera panorámica arriba. Su labor consistió en responder a la pregunta filosófica por excelencia: ¿Qué es el hombre? Desde esas tres obras fundamentales de su sistema de pensamiento él responde, en cada una de ellas a una pregunta específica, ¿Qué puedo conocer? ¿Qué debo hacer? ¿Qué me cabe esperar? Refiriéndose en su respuesta a un uso específico de la razón (uso teórico y práctico).

 

Con su teoría del conocimiento, Kant intentó superar la oposición entre el racionalismo y el empirismo. Según él, el contenido o “materia” del conocimiento llega desde fuera a través de los sentidos, pero el orden o “forma” de la experiencia procede de las estructuras propias de la mente.  Del mismo modo, en el campo de la filosofía moral, Kant distingue entre la materialidad de los hechos morales y la forma o el porqué de la acción. Lo que cuenta moralmente no son los hechos en sí, sino el motivo que lleva a actuar de una determinada manera, es decir, su adecuación a los imperativos morales que impulsan a obrar por respeto al deber.

El objetivo de la crítica es determinar los límites dentro de los cuales la razón es capaz de instaurar un orden de certezas indudables; más allá de éstos, la metafísica no puede engendrar sino conocimientos ilusorios: las ideas de la libertad, de Dios, de la inmortalidad del alma. Lo cual no significa que los contenidos de estas ideas no existan; Kant los rescatará como “postulados de la razón práctica”, que no incrementan el conocimiento de la realidad, pero alimentan la esperanza y fundamentan una moralidad que no esté condenada a la desesperación de la pura inmanencia.

 

Ahora interesa conocer de manera más explícita la ética kantiana, su novedad y fundamento, en su obra capital en este campo: “Critica de la razón práctica”.



2.3 La razón práctica y su fundamentación

Kant es uno de los filósofos más destacados en el campo de la reflexión ética filosófica; su sensibilidad hacia los datos de la vida moral y su análisis perspicaz y acertado han dado un gran aporte en esta dimensión del ser humano, iluminando algunos aspectos de la vida moral y han marcado la reflexión posterior sobre este tema. Su influencia se puede notar en Rawls, Habermas y Karl O. Apel. Aunque el trabajo compete meramente la “Crítica de la razón práctica” se remitirá también a la obra “La fundamentación de la metafísica de las costumbres” por ser una obra de referencia y preparación al desarrollo ulterior de su pensamiento moral.

El uso teórico de la razón ha quedado delimitado y demostrado por Kant en la “Crítica de la razón pura”. Sin embargo, la razón humana no es únicamente razón teórica que se ocupa del modo de conocer sino que es a la vez razón práctica, es decir, una razón capaz de determinar la voluntad y la acción moral del hombre. Si en el uso teórico es imposible la idea de libertad, inmortalidad y de Dios (la metafísica), en el uso práctico estas realidades son posibles.[63] Kant intenta resolver la problemática de la metafísica en el plano moral (práctico) y la propone como una necesidad natural en el hombre. El hombre no puede conocer el absoluto puesto que su conocimiento se limita a la experiencia, por un lado, pero se puede acceder a algo que se le acerca un poco gracias a que está dotado de razón. Este acercamiento se realiza en la conciencia moral del sujeto[64].

Por eso, si se logra demostrar que existe una razón pura práctica —que por sí sola pueda mover y determinar la voluntad— se eliminaría cualquier problema posterior que haga referencia a su legitimidad y sus pretensiones.  Esta vez por lo contrario, será criticada no la razón pura práctica, sino la razón práctica en general, y de modo especial la razón práctica empíricamente condicionada, que pretenda determinar por sí sola la voluntad.

Kant, tratará en la “Crítica de la Razón Práctica” exactamente lo contrario de lo que trató en la “Crítica de la Razón pura”, él mismo aclara en el prólogo de su obra el fin que se propone y cómo no es necesario una crítica de la razón pura práctica sino solamente una crítica de la razón práctica puesto que si se demuestra la existencia de la razón práctica pura no necesitará critica alguna. ¿Cómo es esto posible? Kant lo expone de la siguiente manera: en la razón práctica las pretensiones de ir más allá de los propios límites legítimos se dan en la razón práctica empírica (ligada a la experiencia), que aspira a determinar por sí sola la voluntad; en cambio, en la razón teórica las pretensiones de la razón consistían en dejar de lado la experiencia y alcanzar por sí sola el objeto. En la “Crítica de la Razón práctica” critica las pretensiones opuestas de la razón práctica de quedar siempre ligada exclusivamente a la experiencia[65]. Éstas son sus palabras:


“No tenemos que elaborar una crítica de la razón pura práctica, sino únicamente de la razón práctica en general. Aquí, en efecto [en la práctica], la pura razón, aunque se muestre que existe, no exige ninguna crítica. Al contrario, ella misma contiene el criterio para la crítica de todo su propio uso. La crítica de la razón práctica tiene en general la obligación de disuadir a la razón empíricamente condicionada de la pretensión de suministrar, ella sola, el fundamento exclusivo para determinar la voluntad. Aquí [en la razón práctica] el uso de la razón pura, si existe, sólo es inmanente [esto es, no se excede de sus límites]; por lo contrario, el uso empíricamente condicionado que se arrogue la exclusividad [de valer sólo él], es trascendente [esto es, trasciende sus límites, se escapa de su lícito ámbito], y se manifiesta a través de presunciones y de órdenes que van mucho más allá de las fronteras de su territorio. Tenemos, pues, una relación exactamente inversa a la que se halló en el uso especulativo de la pura razón”[66].

La razón práctica será el objeto de reflexión para Kant, y es aquí donde se encuentra la centralidad de su pensamiento moral: buscar los fundamentos de la moral no en la experiencia ni en la sensibilidad sino en la propia naturaleza humana, es decir, en la razón misma. Si logra encontrar los fundamentos de esta moral habrá descubierto una ley universal válida para todos los seres racionales. Los fundamentos de esta ley no pueden provenir ni de la experiencia sensible ni de la idea de un ser superior sino que deben brotar del hombre mismo. Kant lo expresa de esta forma:

Todo aquello, pues, que sea empírico representa un añadido al principio de la moralidad, y, como tal, no sólo resulta inadecuado sino (y) altamente perjudicial para la pureza de las costumbres mismas, el valor propio —y más allá de todo precio— de una voluntad absolutamente pura consiste justamente en que el principio de la acción se halla libre de todos aquellos influjos de motivos contingentes que sólo la experiencia es capaz de proporcionar.[67]

Kant declara indispensable la constitución de una ética estrictamente racional purificada de todo elemento empírico que puede perjudicar todo su sistema. Como los principios de tal moral se fundan en conceptos de la razón, obtienen validez universal para cualquier ser racional. A esta ética la denomina metafísica de las costumbres. Distinguiendo tres niveles de conocimiento moral Kant desarrolla el progreso de este conocimiento y propone como fin de la razón producir una voluntad buena.

En la base de esta clasificación kantiana se encuentra el conocimiento moral común, de éste se pasa al conocimiento moral filosófico o filosofía popular hasta llegar al tercer nivel que es el de la metafísica de las costumbres en donde la moral no se deja detener por nada empírico llegando a las ideas mismas.

2.3.1 La buena voluntad como bien incondicionado y fin de la razón práctica
Al inicio de la Fundamentación, Kant, se propone mostrar el paso del conocimiento moral común de la razón al conocimiento filosófico. En esta primera parte, tratará de fundamentar el porqué la razón (en su facultad práctica) ha sido dada al hombre para regir su vida y conseguir su fin mostrando que el deber ha de ser el que constituya el medidor del valor moral de las acciones.

Para ello establece que lo único en el mundo que puede ser pensado y considerado como bueno  sin restricción es una “buena voluntad”. Ésta no es el único bien, pues hay otros bienes que pueden ser deseados y provechosos pero si la voluntad que ha de hacer uso de ellos no es buena pueden llegar a ser malos y dañinos, de modo que la buena voluntad constituye la condición que hace dignos a los hombres de ser felices. El valor que pueda otorgársele a la buena voluntad no le proviene ni por lo que hace ni por los fines que se establezca sino que es buena en sí misma.[68]

Las cosas adquieren su bondad por medio de la buena voluntad, es decir, que si una persona tiene una gran fortuna pero no tiene una buena voluntad puede utilizar ese bien para hacer el mal (comprar armas, financiar ataques terroristas, armar una red de narcotráfico, etc.), de lo contrario si la buena voluntad rigiera a esa persona su fortuna se utilizaría para realizar el bien (fundar hospitales para atender a los enfermos gratuitamente, invertir en la educación de los niños, crear programas de asistencia psicológica y económica a madres solteras, etc.).

¿De dónde proviene la buena voluntad, quién la crea o realiza, dónde se puede conseguir o hallar? Kant introduce un teleologismo natural para hacer ver que el ser humano se diferencia de los otras especies al haber sido dotado de razón para la consecución de sus fines, siendo que la naturaleza dota a todos los seres con las capacidades necesarias para la realización de su fin, Kant afirma que:

 nos ha sido concedida la razón como facultad práctica, es decir, como una facultad que debe tener influjo sobre la voluntad, resulta que el destino verdadero de la razón tiene que ser el de producir una voluntad buena, no en tal o cual sentido, como medio, sino buena en sí misma, cosa para la cual la razón es absolutamente necesaria, si es que la naturaleza ha procedido por doquier con un sentido de finalidad en la distribución de las capacidades”[69]

Este es el fin incondicionado de la razón y es ella la que hace posible la buena voluntad, por eso, es necesaria la razón como facultad práctica y allí es demostrada su existencia o necesidad. Se propone de manera contundente la buena voluntad como bien supremo y como condición para cualquier otro bien.

El otro fin de la razón práctica, aunque condicionado, es el de la felicidad ya que es necesaria la buena voluntad para que se cumpla el bien de la felicidad.

2.3.2 El sentido del deber como  valor moral de la buena voluntad
Ahora va a describir las acciones que realiza el ser humano y la valoración moral de ellas va a tener como punto de referencia el concepto del deber. Kant se auxilia de este concepto para explicar y fundamentar el hecho de una buena voluntad, una voluntad es moralmente buena cuando el único motivo que la impulsa a actuar es el sentido del deber. Para explicar mejor esto, el autor hace una distinción entre el obrar humano, separando las acciones en aquellas que van conforme al deber, las acciones realizadas por una inclinación inmediata y las llevadas a cabo por inclinaciones egoístas; ninguna de estas acciones posee un valor moral ni aun las que se realizan conforme al deber, puesto que no es condición de moralidad realizar una acción conforme al deber ya que pueden existir intereses egoístas o inclinaciones subjetivas para obrar de ese modo.

Kant propone el ejemplo de una máxima para fundamentar lo anterior: “ser benéfico en la medida de lo posible es un deber”. Él argumenta que hay personas que tienen una disposición interior para ser benéficas y encuentran placer al ayudar a los otros y se alegran de la felicidad de los demás en cuanto ellas han procurado esa felicidad. Por muy conforme al deber que sea esa acción, Kant sostiene que tal acción, carece de valor moral pues ha sido realizada por una inclinación de la persona y no por deber.

Distinto fuese que la persona no estuviese en disposición para procurar el bien ajeno en cuanto que ella está pasando por un momento difícil, y más aún cuanto que no le interesara hacer el bien ni le conmoviese la miseria ajena y realiza una acción benéfica sin que la mueve inclinación alguna sino sólo por deber, esa acción, y únicamente en ese sentido, posee el verdadero valor moral que le compete.

Hay que hacer el bien por deber no por inclinación, expresa el filósofo de Königsberg. Sin embargo, es interesante saber que las acciones realizadas por caridad o compasión, es decir, aquellas acciones benéficas que se realizan, carecen de valor moral pero no se niega que tengan otro tipo de valor en cuanto su utilidad y han de ser aprobadas y estimuladas como valor condicionado.[70]

Hay que aclarar que una acción hecha por deber no tiene su valor moral en el propósito que por medio de ella se quiere alcanzar, sino en la máxima por la cual ha sido resuelta: no depende pues, de la realidad del objeto de la acción, sino meramente del principio del querer según el cual ha sucedido la acción, prescindiendo de todos los objetos de la facultad de desear”[71]

Se recuerda que el propósito de la ética kantiana es purgar la moral de todo elemento empírico proveniente de la sensibilidad, por ello, el fin o propósito de la acción no la hace moralmente buena sino únicamente se considera buena porque ha sucedido por deber.

En la línea de entender el deber como “la necesidad de una acción por respeto a la ley”[72] se encuentra una proposición importante; la ley sería el motor objetivo que determina la voluntad y el respeto puro a esa ley sería el motor subjetivo. La legalidad universal sirve de principio a la voluntad y la máxima que se deriva de ésta es la siguiente: “yo no debo obrar nunca más que de modo que pueda querer que mi máxima se convierta en ley universal”. Esta legalidad universal es la que rige en principio a la voluntad buena en sí misma, incluso en resquebrajo de las propias inclinaciones, la razón práctica juzga las situaciones y resuelve el problema del conflicto moral por medio de las máximas que ordenan a la voluntad y de esta forma:

no hace falta ciencia ni filosofía alguna para saber qué es lo que se debe hacer para ser honrado y bueno, y hasta sabio y virtuoso. La verdad es que podía haberse sospechado esto de antemano: que el conocimiento de lo que todo hombre está obligado a hacer y, por tanto, también a saber, es cosa que compete a todos los hombres, incluso al más común. Y aquí puede verse, no sin admiración, cómo en el entendimiento de juzgar prácticamente es muy superior al de juzgar teóricamente[73].

Así, ha detallado Kant el paso del conocimiento moral común al conocimiento filosófico desarrollando el concepto del deber y proponiendo la máxima de la legalidad universal como criterio de decisión moral. Al momento de tomar una decisión moral hay un problema entorno a lo que hay que elegir o decidir y en este sentido parece interesante el concepto de “dialéctica natural” propuesto por Kant. Ésta dialéctica se origina cuando surge el conflicto entre los preceptos que la razón ordena y los deseos subjetivos del ser humano. Kant lo plantea de esta forma:

“es, una tendencia a discutir esas estrechas leyes del deber, a poner en duda su validez, o al menos su pureza y severidad estrictas, acomodándolas en lo posible a nuestros deseos e inclinaciones, es decir, en el fondo, a pervertirlas y privarlas de su dignidad, cosa que al fin y al cabo la propia razón práctica común no puede aprobar en absoluto”[74].

Si esto que dice Kant tiene algo que ver con la realidad actual es pura coincidencia, hoy en día las personas (no todas) tienden a privarse del cumplimiento de sus deberes por el simple hecho de satisfacer sus deseos e inclinaciones, incluso tuercen las reglas para el propio beneficio sin importar los daños que se ocasionen a terceros con dichas actitudes.

2.3.3 El imperativo categórico y la ley moral
En el segundo capítulo de la Fundamentación, Kant, expone el tránsito de la filosofía moral popular al de la metafísica de las costumbres. En este apartado se empieza por mantener la posición de que las leyes de la moral no pueden provenir ni deducirse de la experiencia ni de los deseos o inclinaciones. Y aunque algunas acciones no se realizaran jamás no dejarían de ser exigibles y mandadas por la razón.

 Así, por ejemplo, afirma Kant: “la pura lealtad en las relaciones de amistad no podría dejar de ser exigible a todo hombre, aunque hasta hoy no hubiese habido ningún amigo leal, porque, como deber en general, este deber reside, antes que en toda experiencia, en la idea de una razón que determina la voluntad por fundamentos a priori”[75].

El objetivo ahora en esta parte es “investigar y exponer claramente la facultad práctica de la razón, desde sus reglas universales de determinación hasta allí donde surge el concepto del deber.”[76]

Es aquí donde se encuentra el punto de enlace con “la Critica de la razón práctica”. Las acciones que el ser humano realiza no siempre son determinadas por la razón, puesto que, a veces, dichas acciones pueden perjudicar las inclinaciones o intereses del sujeto y se permite no cumplir lo que la razón le ordena. Al saber que la voluntad no es determinada por la razón si no que hay resortes de la experiencia subjetiva Kant hace una observación muy audaz.

La voluntad no es por su naturaleza necesariamente obediente a los mandatos de la razón pero eso no niega que existan leyes objetivas ordenadas por la ésta y a las cuales la voluntad debería obedecer, la relación de esta obediencia de la voluntad a la ley de la razón se denomina Imperativo.

“Los imperativos constituyen solamente fórmulas para expresar la relación entre las leyes objetivas del querer, en general y la imperfección subjetiva de la voluntad de tal o cual ser racional, por ejemplo, de la voluntad humana”.[77]

En la Crítica, Kant, postula la idea de los principios prácticos. Éstos son reglas generales que determinan la voluntad y de las que se derivan otras reglas prácticas particulares. Un principio práctico sería, por ejemplo: “cuida tu salud” y las reglas que se derivarían de dicho principio podrían ser estas: “practica algún deporte”, “ten una dieta balanceada”, etc.

Los principios se dividen en dos grupos: máximas e imperativos. Las primeras son principios prácticos aplicables a la voluntad de un sujeto, por lo tanto, son subjetivas, por ejemplo el principio “cuando la vida es un problema, el suicidio es un deber”, es una máxima que vale sólo para aquel que la considere como regla práctica para su existencia pero, no es válida para todos los seres racionales. Mientras que los segundos son principios prácticos válidos para la voluntad de todo individuo, son objetivos y se reconoce su necesidad en la acción, son mandatos o deberes, un imperativo es, según Kant:

 una regla que se designa por un deber-ser que expresa la obligación objetiva de la acción, y significa que si la ra­zón determinara totalmente la voluntad, la acción tendría que su­ceder ineluctablemente según esa regla”[78]

Pero, como la razón no determina a la voluntad totalmente, la obligación moral se expresa como un imperativo o mandato de la razón.

En la “Fundamentación” distingue los imperativos categóricos de los hipotéticos al igual que lo hace en la “Critica”.

“Pues bien, todos los imperativos mandan, o bien hipotéticamente, o bien categóricamente. Aquéllos representan la necesidad práctica de una acción posible como medio de conseguir otra cosa que se quiere (o que es posible que se quiera). El imperativo categórico sería aquel que representa una acción por sí misma como objetivamente necesaria, sin referencia a ningún otro fin”.[79]

En la “Crítica” lo expresa de la siguiente manera:

 “En consecuencia los imperativos valen objetivamente y son completamente distintos de las máximas como principios subjetivos. Pero aquellos determinan las condiciones de la causalidad del ente racional como causa eficiente sólo respecto del efecto y suficiencia para él mismo, o bien determinan la voluntad, sea suficiente o no para el efecto. Los primeros son imperativos hipotéticos y contendrán meros preceptos de habilidad; los segundos, por el contrario, serán categóricos y únicamente leyes prácticas.”[80]

Y después hace la siguiente aclaración:

“Las máximas son principios, pero no imperativos. Pero los imperativos mismos, cuando son condicionados, es decir, cuando no determinan la voluntad simplemente como voluntad sino sólo respecto de cierto efecto apetecido, esto es, cuando son imperativos hipotéticos, son sin duda preceptos prácticos más no leyes.”[81]

Una vez establecida esta diferencia es posible, ahora, afirmar contundentemente que el imperativo categórico es el único mandato incondicionado, es decir, a priori por el cual se da la ley moral. Solamente él tiene valor moral.

Sin embargo, se observa en el pensamiento kantiano un doble uso del término “imperativo categórico”. En  el primer uso, son varios los imperativos; en el segundo únicamente existe un imperativo[82]. La primera acepción admite que cada juicio de obligación moral es un imperativo categórico: no debes prometer lo que no puedes cumplir”, “nunca debes mentir”, “debes ser honesto”. Para saber si son imperativos categóricos o comprobar su obligatoriedad moral no se debe regir por la construcción gramatical del imperativo, como lo afirma Kant:

“se debe sospechar siempre que algunos imperativos aparentemente categóricos pueden ser en el fondo hipotéticos”[83].

Puesto que en el fondo pueden ser imperativos hipotéticos.

1. “sí has prometido ser honesto, deberías procurar mantenerlo”. Éste es un imperativo hipotético.
2. “Todas las mañanas deberías de hacer ejercicio”. Éste sería un imperativo categórico

Más aún, en 2 se observa un imperativo hipotético formulado de manera elíptica. En 1 aparece a primera vista un imperativo categórico. La construcción gramatical del caso 1 indica que mediante el predicado categórico no se excluye cualquier condición. “Se excluyen unos fiat de contenido propios del actuante como fundamento determinante de la voluntad, en que descansa la necesidad práctica de la acción”.[84]  

3. Nadie debe matar a una persona, si no es en el caso de legítima defensa.
4. Nadie debe practicar guitarra en su casa, si con ello molesta al vecino.

Ambos casos son imperativos categóricos, mediante las condiciones señaladas en 3 y 4 no se elimina la necesidad práctica y objetiva de la acción, por ello la necesidad no depende de las metas del actuante como fundamento determinante.[85]

Suponiendo que un estudiante de medicina quiere obtener su título universitario, pues para lograr tal fin el medio que tendrá que utilizar es aplicarse y estudiar mucho, en este caso el imperativo rezaría así: “si quieres aprobar tu carrera universitaria, debes estudiar”; se deduce que la acción de estudiar está condicionada por el objeto material de aprobar la carrera universitaria, en este caso  sería un imperativo hipotético válido únicamente con la condición de que se quiera tal fin y es válido objetivamente para todos aquellos que se propongan dicho fin[86].

Igualmente se podría decir de la persona que tiene un cargo en el gobierno de un país y que se preocupa por ser honesto en el puesto que ocupa, porque piensa que si realiza algún acto de corrupción y es descubierto va a ser castigado. Se muestra que su actuar está condicionado por el temor a ser penalizado y cualquier otro que se propusiera tal fin sería por conveniencia propia.

A su vez, estos imperativos hipotéticos se constituyen en reglas de habilidad cuando persiguen un fin concreto, como los ejemplos citados anteriormente, o como consejos de prudencia cuando se proponen metas generales, en particular, la búsqueda de la felicidad; ya que ésta tiene diferentes matices los imperativos que se propongan tal fin sólo pueden ser consejos de prudencia “sé honrado para que te tengan confianza”, “sé respetuoso con los mayores”, “procura tener buena fama”, etc.[87]

En el caso de los imperativos categóricos la acción es objetiva en sí misma y no admite las preferencias personales, es más las excluye y sólo admite su mandato como tal. Para el funcionario público que ejerce su trabajo de forma honesta y honrada, porque considera que esa actitud es buena en sí misma, sin importar las consecuencias (condecoraciones, la muerte, las críticas, etc.), su imperativo es categórico puesto que considera su acción como buena en sí misma y es válida para cualquier persona.

Por ejemplo, “debo respetar la vida porque es un actitud buena en sí misma” o “debo cuidar el medio ambiente”, si se piensa en que estas máximas subjetivas pueden convertirse en leyes universales, es decir, en válidas para todos los seres racionales, hay que trasladar dichas acciones como queridas por los demás y encontrar en ellas una obligatoriedad universal. Pero si la máxima contraria “debo asesinar al que me ofende” es deseada como ley universal, hay en ella una contradicción lógica, pues ya no quedaría nadie vivo en este mundo, por ser contrario a la razón y a la naturaleza humana. Sólo cuando la máxima es válida como ley universal, sin ser comprobada en la experiencia sino, por la simple obligatoriedad que expresa la ley moral, es llamada, entonces, un imperativo categórico, pues, y únicamente en este sentido, respetar la vida incluso renunciando a la inclinación de venganza y de placer, es un deber válido para todos. [88]

2.4 Las formulaciones del Imperativo categórico.

En el segundo uso que hace se apreciará que es en sentido exclusivo, es decir, hay un sólo imperativo categórico[89]. Parece oportuna la distinción que realiza Friedo Ricken, siguiendo a Kant, en el plano de las sentencias prácticas. Según él, hay tres: “imperativo categórico, axiomas y sentencias prácticas que formulan decisiones. El primero, es el enjuiciamiento de las máximas por el imperativo categórico, que conduce a unos axiomas prácticos objetivos. El paso segundo es la aplicación del axioma objetivo a la situación el cual conduce a unas decisiones”[90]

Esta clasificación se aleja un poco de la propuesta kantiana y constituye en sí una limitación al sistema mismo, pero sirve para enmarcar el criterio de moralidad propuesto por Kant en la formulación del imperativo categórico.  Kant realiza diferentes formulaciones de éste y en la “Fundamentación” presenta cuatro fórmulas de las cuales sólo la primera ha sido retomada en la “Crítica”: se pudiese llamar a esta primera fórmula la “fórmula fundamental”, “principal” o “subordinante”.

2.4.1 El único imperativo categórico: "Obra sólo de forma que puedas desear que la máxima de tu actuación se convierta en una ley universal."

Esta fórmula enunciada por Kant en la Fundamentación y asumida en la Crítica  expresa la pura relación formal necesaria para la ley moral (la universalidad), y enuncia la regla por la cual se ha de conocer la necesidad de una acción que es al inicio de un sujeto (subjetiva), pero que, al final realiza el paso hacia la universalidad y validez para cualquier otro sujeto (objetiva)[91].

De este único imperativo hará derivar los demás. “Si de este único imperativo pueden derivarse, como de un principio, todos los imperativos del deber, podremos al menos mostrar lo que pensamos al pensar el deber y lo que significa este concepto[92].

2.4.2 Ley de la naturaleza del mundo inteligible: "Obra como si la máxima de tu acción debiera convertirse, por tu voluntad, en ley universal de la naturaleza".

La segunda fórmula se apoya en el concepto de “naturaleza”entendida como conjunto de leyes que se cumplen necesariamente o la existencia de cosas sometidas a leyes universales— y realiza una analogía entre el cumplimiento indiscutible de las leyes del mundo físico y el cumplimiento de las leyes de la naturaleza del mundo inteligible (moral) realizando el tránsito de la mera idea a la práctica de la acción. Tomando la acción concreta que alguien se dispone a realizar y suponiendo que la máxima en la que se inspira tiene que convertirse en ley necesaria (no susceptible de excepciones) de una naturaleza en la que todos estuviesen obligados a vivir. [93] Este esquema revela de inmediato si la acción es objetiva (moral) o no lo es: en efecto, si resulta que se siente contento de vivir en este supuesto mundo, en el que su máxima se ha convertido en ley necesaria (que no exceptúa a nadie), se concluye que esa máxima era conforme con el deber; en caso contrario, no lo era.[94]

2.4.3 La Autonomía, fundamento de la dignidad humana y la moralidad como condición para considerar a la persona humana un fin en sí misma: "Obra de tal modo que uses la humanidad, tanto en tu persona como en la de cualquier otro, siempre como un fin, y nunca sólo como un medio”.

Ante esa fórmula cabe preguntarse ¿Cómo fundamenta Kant el valor absoluto de la persona humana? ¿Qué criterios se derivan para el enjuiciamiento de las máximas a partir de la fórmula de la autofinalidad (fin en sí mismo)? ¿Cuándo se trata al hombre como fin en sí mismo?[95]

La fundamentación del valor absoluto se encuentra en el postulado de la “buena voluntad”, se recuerda que la buena voluntad es buena en sí misma, ella, es un bien incondicionado y posee por tanto un valor ilimitado. Así mismo, el hombre se reconoce como persona por ser moral y por la autonomía de la razón y de la voluntad cuyo cimiento es la libertad —ésta (la autonomía) es fundamento del que emana su dignidad— que hace que la voluntad se determine por la ley que se da a sí misma por medio de la razón.[96]

Ahora bien, si la voluntad, entendida, como facultad de determinarse a obrar por la representación de ciertas leyes, puede ser definida también como facultad de obrar en vista de ciertos fines. Aquellos fines propuestos por las inclinaciones poseen siempre un valor relativo, y pueden ser utilizados como medios, para un fin mayor. Pero si por la sola razón se pudiese establecer un fin ulterior que fuese al mismo tiempo absoluto, tal fin constituiría el  fundamento de la ley práctica. Para Kant es posible la existencia de un fin semejante, éste es: el ser racional, “único capaz de proponerse fines y que, por eso mismo, no es susceptible de ser puesto al servicio de ningún fin particular sin recurrir con ello en una contradicción práctica”[97]. Todo hombre como ser racional que es, ha de ser considerado como fin en sí y respetado como tal. Tratar a una persona como fin en sí misma significa que “no se someta a ningún propósito que no sea posible según una ley que pueda surgir de la voluntad del sujeto pasivo mismo; por lo tanto, que no considera nunca a és­te como mero medio, sino al mismo tiempo como fin del mis­mo[98].

Esta tercera formulación, del único imperativo, es abandonada en la “Crítica de la Razón práctica”. El porqué de este abandono se deduce de la intencionalidad de Kant al querer llevar su formalismo hasta las últimas consecuencias, descartando todo concepto de fin. En efecto, tal formulación  presupone el siguiente principio: «la naturaleza racional existe como un fin en sí misma[99]

Mas todavía se mantiene en Kant el valor de la persona que inclusive en la Critica (ver cita anterior) la considera siempre como fin a causa de la ley moral que hay en ella, pues esta ley es sagrada (inviolable).

2.4.4 El sentido de corresponsabilidad y de solidaridad: “Obra siguiendo las máximas de un miembro legislador universal en un posible reino de fines

En esta (la del reino de los fines) se integran, materia y forma, incluyendo las otras dos fórmulas subordinadas anteriores. Pues si cada ser racional (persona) jamás se trata a sí mismo ni a los demás simplemente como medios, sino siempre y a la vez como un fin en sí mismo, ello conduce según Kant a un reino de los fines, que realmente no pasa de ser un ideal. En él forman también los fines de todos con respecto al contenido un enlace sistemático:

“En efecto, todos los seres racionales están sujetos a la ley de que cada uno de ellos debe tratarse a sí mismo y tratar a todos los demás nunca como simple medio sino siempre al mismo tiempo como fin en sí mismo. Entonces nace de aquí un enlace sistemático de los seres racionales por leyes objetivas comunes, esto es, un reino que, puesto que esas leyes se proponen relacionar a esos seres como fines y medios, muy bien puede llamarse un reino de los fines, aunque, desde luego, sólo en la idea”.[100]

En este “enlace sistemático” pueden conciliarse entre sí todos los fines del contenido. Enlazando con la fórmula de la autofinalidad se pide que los fines de cada uno de los actuantes (seres racionales) no se excluyan sino, por el contrario, que se complementen y promuevan unos a otros. Así mismo, se propone la cooperación de todos los seres, en la que cada uno a través de la realización de sus fines amplié según sus posibilidades la libertad de decisión y de actuación de los otros y contribuya de esta manera a la realización de los fines de los demás[101]. O esto se llama solidaridad o corresponsabilidad en la acción. Posible, únicamente, desde el cumplimiento del deber, es decir, desde el querer cumplir la ley por respeto y admiración.


2.5 La libertad y la autonomía de la voluntad
Retomando lo anterior se dice que el imperativo categórico basta por sí mismo para  mover (determinar) la voluntad a priori, objetivamente. Y, por tanto, la razón pura es en sí práctica, porque con la pura forma de la ley es capaz de determinar a la voluntad.

¿De qué manera se conoce que es posible el imperativo categórico? ¿Cómo es posible la obligatoriedad de una acción, o mejor dicho, cómo saber que debe hacerse algo? Kant señala que la obligatoriedad de un imperativo que no radique en inclinación alguna de nuestra voluntad (constitución subjetiva) sólo puede establecerse en que dicho imperativo sea ordenado por la propia voluntad que a él se siente sometida. La autonomía de la voluntad, es decir, la capacidad de la voluntad de darse leyes a sí misma, se revela como principio supremo de la moralidad[102].

Una vez ha hecho ver la existencia de la moralidad, como hecho o fenómeno, y que ésta consiste en ser conforme al imperativo categórico, abordará ahora la tarea de mostrar el factum moral como tal. Para esta empresa se distinguirá entre heteronomía y autonomía. La primera expresa que las normas o leyes morales son buscadas por la voluntad en el medio externo (constituciones, sociedad, religión, inclinaciones, deseos, etc.).

“Cuando la voluntad busca la ley que ha de determinarla en algún otro lugar diferente a la aptitud de sus máximas para su propia legislación universal y, por lo tanto, sale fuera de sí misma a buscar esa ley en la constitución de alguno de sus objetos, se produce entonces, sin lugar a dudas, heteronomía”[103].

La segunda pone de manifiesto un principio subjetivo de la moralidad, el cual es la capacidad de la razón de darse a sí misma leyes, es decir, “de ser ella misma normativa”[104]  y entendida desde la voluntad se expresa en el modo de determinarse a sí misma sin ningún otro principio externo. La libertad sería aquella condición bajo la cual se determinaría la autonomía de una voluntad, cuando no hay libertad la voluntad se vuelve servil, esclava. Cuando hay libertad entonces puede hablarse de autonomía de la voluntad.[105]

La libertad es pensable, según la Crítica, si se considera al hombre como parte no únicamente de la realidad fenoménica sino también de la realidad nouménica. Ella es considerada como un hecho de la razón en el que el imperativo categórico que ordena querer concorde a la pura forma de la ley, ordena también la libertad.

“El concepto de libertad, en la medida en que su realidad pue­da demostrarse mediante una ley apodíctica de la razón prácti­ca, constituye la coronación de todo el edificio de un sistema de la razón pura, aun de la especulativa, y todos los demás concep­tos (Dios y la inmortalidad) que en ésta carecen de apoyo como meras ideas, se enlazan con este concepto, y con él y gracias a él adquieren existencia y realidad objetiva, es decir, que su posibi­lidad se demuestra por el hecho de que la libertad es real, pues esta idea se revela mediante la ley moral”[106].

En este prólogo a su Critica Kant define las relaciones entre la ley moral y la libertad. En el orden cognoscitivo la ley moral es primero, se manifiesta y se asiente (se toma conciencia) sin que antes sea necesario reconocer la libertad. “La ley moral es la ratio cognoscendi de la libertad. Por lo contrario, en el orden ontológico la libertad es lo primero. Hace posible la ley moral y por ello es su ratio essendi”[107]

La libertad en Kant tiene una realidad revelada por la ley moral, y al mismo tiempo es condición de la autonomía del hombre, entendida ésta, como la capacidad de obrar conforme a la ley dada por la razón práctica mediante el deber u obligatoriedad que denota dicha ley moral.

2.6 Tres postulados de la razón práctica: La libertad, inmortalidad y Dios.

Concluyendo esta segunda parte se presentará la posición de Kant con respecto a los postulados de la Metafísica. Puesto que descubrir si la metafísica podría llegar a ser una ciencia fue uno de los propósitos de Kant y al concluir su primera Crítica formuló la imposibilidad de tal ciencia en el plano especulativo o teórico y por tanto de la afirmación de la libertad, inmortalidad y de Dios.

Sin embargo al final de su segunda Crítica exalta la primacía de la razón práctica sobre la razón especulativa o teórica: Por consiguiente, en la unión de la razón especulativa pura con la práctica pura en su conocimiento, la última ostenta la pri­macía, suponiendo desde luego que esta unión no sea contin­gente y caprichosa, sino fundada a priori en la razón misma y, en consecuencia, necesaria”. Y afirma que aquellas ideas carentes de sentido en el plano de la razón especulativa y fuente de antinomias, encuentran fundamento y razón de ser en la parte práctica de la razón. De esta manera el mundo nouménico es asequible por medio de esas ideas que se vuelven ahora en esta segunda Crítica postulados[108] de la razón práctica.[109]

De manera rápida se dirá una palabra acerca de cada uno de esos postulados.

2.6.1  La libertad
Anteriormente se ha mencionado la libertad como condición ontológica de la ley moral o su ratio essendi. Y al mismo tiempo es condición del imperativo categórico, el cual la implica estructuralmente.

Aplicando la categoría de causa, en el campo práctico, al nouménico es posible considerar la voluntad pura como causa libre. Lo que implica que el hombre se reconoce formando parte de dos mundos: el fenoménico (en el que se encuentra determinado y sujeto a las causas mecánicas) y el nouménico (en el que se reconoce libre e inteligible por medio de la ley moral). Como consecuencia de esto es posible que una misma acción pueda ser producida por una causa libre, nouménica, y que se despliegue de acuerdo con las leyes de la necesidad en un dimensión fenoménica.[110]

2.6.2    La inmortalidad del alma
Para obtener el bien supremo la ley moral pide de una santidad del querer que es imposible alcanzar en esta breve vida:Pero la completa adecuación de la voluntad a la ley moral es la santi­dad, perfección que no puede alcanzar ningún ente racional del mundo sensible en ningún momento de su existencia”.[111]

En razón de lo anterior, es necesario que sea posible la existencia de una inmortalidad a través de la cual el ser humano se acerque poco a poco a ese ideal que se le presenta y alcanzar de esta forma el bien supremo[112]:

Más co­mo, no obstante, se exige como necesaria prácticamente, sólo puede hallarse en un progreso proseguido hasta el infinito hacia esa perfecta conformidad, y, según principios de la razón prácti­ca pura, es necesario suponer tal progreso práctico como objeto real de nuestra voluntad.
Pero este progreso infinito sólo es posible suponiendo una existencia que perdure hasta el infinito y una personalidad del mismo ente racional (lo que se denomina inmortalidad del al­ma). Por lo tanto, prácticamente el bien supremo sólo es posible suponiendo la inmortalidad del alma”[113]




2.6.3    Dios
Al exponer este postulado, de manera convincente, lo enlaza desde el cumplimiento de la ley, el deber, la virtud, la recompensa de la felicidad, la religión, la esperanza y la dignidad del ser humano.

La virtud, entendida como ejercicio y actualización del deber, constituye un bien supremo no en su totalidad ya que para que sea tal ha de añadírsele la felicidad; porque la virtud exige recompensa. Sin embargo se experimenta que la sola búsqueda de la felicidad no engendra virtud ni la virtud misma es origen de la felicidad (de lo contrario se caería en un eudemonismo). La cualidad que da la virtud es hacer a las personas dignas de la felicidad y resulta absurdo ser digno de felicidad y no ser felices, además no puede hablarse de una justa retribución sobre la tierra, de ello se sigue: tiene que haber un Dios que procure esa justa retribución, adecuando la felicidad a los méritos y grado de virtud[114]. Así en nombre de la moralidad, Kant postula un Dios: no se podría ser moral si no hubiera un Dios; luego existe Dios[115]. Un Dios origen de la moral y que no puede utilizar al hombre como medio sino como fin en sí mismo, un hombre que es digno de felicidad por el cumplimiento del deber y que recibe su dignidad desde su ser moral.

Ha demostrado Kant, en este trabajo extenso y arduo, la supremacía de la razón práctica colmando las exigencias de la razón pura, donde eran meras ideas ha dado una realidad moral, de modo que esta obra esclarece las cuestiones problemáticas de la razón pura y lanza al mundo una iluminación paradigmática a las generaciones presentes y futuras.

2.7 Influencia de Kant en la reflexión posterior.

En el recorrido se presentaba de manera rápida la influencia que ha ejercido el pensamiento de Kant en la historia de la filosofía, especialmente en el campo de la filosofía moral. Ahora se presentará esta influencia enumerando algunos nombres de autores, escuelas o corrientes que han retomado de algún modo particular las ideas de Kant.

En primer lugar aparecen los neokantianos con el neocriticismo que propone, entre otras cosas, que

“…la filosofía debe volver a ser lo que fue para Kant: un análisis de las condiciones de validez de la ciencia y de los demás productos humanos, por ejemplo la moral, el arte o la religión. Simplificando las cosas, cabe decir que al neokantiano no le interesan las situaciones de hecho (psicológicas, institucionales o económicas) que pue­den entrelazarse con la producción y la difusión de una teoría científica; le interesa la validez de la teoría, es decir, las condiciones de dicha validez.”[116]

Más específicamente se puede definir el neokantismo como
“un movimiento filosófico europeo, de origen predominantemente alemán, que preconizó un retorno a los principios filosóficos de la doctrina de Immanuel Kant frente a la entonces imperante doctrina del idealismo objetivo de Georg Wilhelm Friedrich Hegel. El neokantismo se mostraba escéptico frente a lo que consideraba un indebido énfasis especulativo del pensamiento hegeliano, y buscaba recuperar la doctrina kantiana de la crítica del conocimiento frente al predominio de la metafísica.”[117]

Al final todo sistema tiene sus fallas y entra en crisis, esto fue lo que le sucedió al neokantismo que dio paso a otras corrientes como el positivismo, la fenomenología, el neohegelianismo y el marxismo.

Sin embargo la influencia de Kant se sigue manteniendo en algunos pensadores de ámbitos diversos, por ejemplo en el sociólogo Max Weber o en el jurista Hans Kelsen, además están también, entre otros: Max Scheler, Habermas, Karl Otto Apel, Jhon Rawls, Manuel García Morente, José Ortega y Gasset, etc.

2.8 Conclusión

El aporte kantiano a la filosofía moral ha sido de mucha riqueza para toda la tradición filosófica posterior a él. Pero en sí ¿Cuál fue el aporte de Kant en la filosofía moral? Se pueden resumir las páginas anteriores en estas breves líneas:

a)    Haber dado el paso en la fundamentación de la moral de objetos materiales a objetos formales, es decir, de una ética material a una ética formal, (rechazo de toda fundamentación empirista de la norma moral).
b)   Observar y hacer ver el sentimiento del deber o la obligatoriedad de las normas morales, colocando como culmen de su rigorismo el concepto mismo de deber.
c)    Desplazar el valor moral de una acción: de las consecuencias a la intención con que se realiza tal acto (la buena voluntad).
d)   En el centro de su pensamiento se encuentra la formulación del imperativo categórico como criterio de universalización de las normas morales.
e)    Colocar en alto el valor de la persona humana, como fin en sí misma, postulando una ética de la dignidad humana; orientando el actuar desde la naturaleza racional del hombre
f)   De esto se sigue que otorgue autonomía absoluta al ser humano, desquebrajando la heteronomía, desde el uso de la razón para que éste sea capaz de dirigirse por sí mismo.
g)   Integrar de una manera equilibrada la dimensión metafísica con la práxica, la especulación con el actuar. Posibilitando la esperanza ulterior del ser humano en un mundo que supera nuestra inteligencia pero nos empuja hacia él. Por mera necesidad práctica y solo desde ahí es posible un Dios, una inmortalidad y una libertad.



















CAPÍTULO III

LA AUTONOMIA Y DIGNIDAD HUMANA: UNA ÉTICA DESDE LA PERSONA Vrs UNA ÉTICA RELATIVISTA

3.1 Cuestiones preliminares: Situación Actual

Después de ver en el capítulo anterior el aporte de Kant a la filosofía en el campo de la ética y su influencia en la reflexión posterior ahora se darán algunas herramientas que puedan ayudar a la formación de criterios éticos válidos para la sociedad actual; plural y cambiante, que cree haber alcanzado la mayoría de edad y no está dispuesta a dejarse quitar su libertad obedeciendo normas éticas antiguas o inadaptadas, pues lo que era ilícito antes ahora puede considerarse lícito. Se ve a la normatividad ética como algo que ha causado un trauma insuperable en la sociedad actual, de modo que al hablar de ética se reacciona con un rechazo violento e irascible, lo que subyace en tal actitud es la creencia de que al adherirse a dichas normas se pierde la libertad o se cae en un infantilismo.

Asimismo, dentro de este ambiente hostil a la ética, cada vez se habla más de una pérdida de los valores morales (se percibe una sensibilidad a la decadencias de los valores del pasado), de una despersonalización de la sociedad que ha llegado a perder el horizonte por el cual existe ella misma y las personas que la conforman. Sólo se ve el capital y el consumo, el beneficio y la ganancia, la oferta y la demanda. Ante tal situación hay que rejuvenecer el rostro de la ética presentándola de manera convincente, con sus exigencias y permisiones; a la par de sus beneficios hay que colocar sus agravios ( si es que los tiene), mostrar de que manera la ética realiza al ser humano, lo plenifica y le da sentido a su existencia. Una sociedad que sigue unos valores y unas normas morales centradas desde la persona humana llegará a ser una sociedad libre, soberana e independiente.

3.2 Volvamos a Kant.

Si se quiere encontrar un horizonte hacia el cual ir, una meta a la cual llegar quizás convenga en este momento repetir la frase de los neokantianos “volvamos a Kant” no para ser unos fanáticos extremistas de los postulados kantianos, ni para encerrarnos como una mónada en su doctrina, sino para poder sacar a la luz aquello que puede ayudar a crear un rostro rejuvenecido de la ética y poder presentar a la sociedad actual una alternativa, un camino, un modelo de ética autónoma, humana y solidaria. Está claro que una tarea de la ética “es indagar la racionalidad moral en ámbitos que plantean problemas específicos no homogenizables de modo simplista (ecológico, empresarial, económico, sociedad civil), estos problemas suscitan la urgente necesidad de dar respuestas y abandonar el vicio de reproducir al infinito lo que dice tal o cual autor, como si conservar doctrinas o citar autoridades fuera la única misión de un saber ya esclerosado por los años”[118]. “Volver a Kant” es retomar su espíritu crítico y su clarividencia para desde allí responder de manera nueva a dichos problemas morales.

“Volver a Kant” es continuar con una tradición ético filosófica válida, actual y prometedora de cambios; es la base desde la cual se puede construir el nuevo orden mundial, o la globalización de una Comunidad Internacional solidaria, activa y presente en las soluciones de los problemas sociales actuales. Es retomar el camino universal de la ética sana y que puede darle al hombre de hoy una orientación concreta hacia el camino de la verdadera y auténtica libertad. Es recordar que la persona es fin en sí mismo, y nunca es, ni ha sido un mero medio para tal o cual fin.

Por lo tanto, tiene actualidad decir: “Volver a Kant”; volver a estar bajo la sombra de su pensamiento para reflexionar seriamente y con la sensibilidad que el tenía la cuestión moral de hoy, sumida en el relativismo puro, como reacción del desencanto que produjo el proyecto ilustrado de la época moderna[119] ante la extrema exaltación de la razón, de la ciencia y la técnica. En el afán de buscar la verdad y la felicidad humana se ha desembocado en una fatalidad de la existencia, en un escepticismo y relativismo radical. Conviene entonces en este momento remarcar la diferencia entre lo relativo, lo subjetivo, lo escéptico y lo universal para descubrir cuál es la raíz del problema moral de hoy en día.

3.2.1 La universalidad kantiana y el relativismo ético

Recordando un poco el capítulo I de este trabajo en donde se dio una visión panorámica de las diferentes corrientes éticas que han surgido a lo largo de la historia se aclarará en este apartado los términos de subjetivismo, escepticismo y relativismo de una forma breve.

El subjetivismo se resume en la teoría cuyo postulado máximo es que no existen rasgos de la realidad objetiva independientes del sujeto que las percibe. Las cualidades secundarias de los objetos serían ilusorias y subjetivas, por ende, las cualidades morales (rectitud, bondad, justicia, etc), que se atribuyen a las acciones, personas o instituciones, también.[120]

El escepticismo es la doctrina que niega la posibilidad de alcanzar el conocimiento de la realidad, como es en sí misma, fuera de la percepción humana. Por extensión gradual de su significado, la palabra escepticismo significa también duda de lo que es generalmente aceptado como verdad. En este sentido se aplica en la ética. Para el escéptico no es posible el conocimiento de leyes morales o normas, las cuales no existen.[121]

El relativismo es la actitud o tesis epistemológica en la que se afirma que no hay verdades absolutas, es decir, todas las llamadas “verdades” son relativas de tal forma que “la verdad o validez de una proposición o de un juicio va a depender de las circunstancias o condiciones en las que sean formulados”, por tanto, en el campo ético, la bondad o maldad de algo, dependerá de lo mismo, no se puede afirmar por mor de sí que algo sea bueno o malo.[122]

Pero el relativismo también consiste en afirmar la coexistencia de todas las culturas, de todos los valores y la legitimidad de cualquier pensamiento derivándose de esto su aceptación sin plantearse el problema de su veracidad.
No distingue entre la opinión y el juicio científico, ni la explicación mítica de la búsqueda experimental… llegar a la sensación de incoherencia haciendo intervenir en el espíritu la pluralidad de las coherencias, es el método del relativismo[123]

En el plano moral el relativismo opina así: “las normas que expresan obligaciones morales no poseen validez universal, sino limitada a contextos históricos o culturales determinados[124]

Aclarado estos términos, se podrá ahora emitir una valoración real de la problemática ética actual, pues, si no se conoce la enfermedad, difícilmente se le aplicará la medicina correcta y eficaz. El subjetivismo, el escepticismo y el relativismo son elementos característicos de la sociedad postmoderna que están en la base de todo tipo de crisis (institucionales, éticas, sociales, estatales). Además se encuentran diversas tendencias como:
-        la magnificación de la experiencia,
-        -el individualismo con connotaciones inevitables de vacío,
-        el pasotismo como contestación  blanda frente a la sociedad competitiva,
-        el pacifismo y el amor no reglamentado como alternativa descalificatoria de la agresividad y la violencia,
-        el culto a la ecología,
-        la legitimación de la diferencia,
-        la implantación despreocupada de notables sobretasas de irracionalidad,
-        el retorno a lo sagrado, lo esotérico, lo demoniaco, lo maldito, lo subreal, incluso lo cursi, como reivindicación de la otreidad de la realidad no sometida a la lógica o al pragmatismo,
-        la exaltación erótica y la demonización del mundo y de la corporeidad; el éxtasis entusiástico y el escapismo nihilista.

A semejanza de la época kantiana se ha desquebrajado la metafísica y se ataca constantemente las corrientes que se lanzan a su defensa o que se elaboran a partir de la misma pero en esta ocasión el relativismo da una cabida a todo sistema, por lo que se reivindica nuevamente la metafísica como una dimensión más de la realidad y sin la cual no sería posible la existencia de otras realidades.
La metafísica se vuelve de esta forma un elemento esencial en la fundamentación de una ética universal. El ser humano es un agente ético intrahistórico que traspasa los límites del tiempo y de la inmanencia.

“El orden moral se sitúa precisamente en el arco que une la intencionalidad de la conciencia libre con los fines últimos que emergen en el contexto, a los que el hombre encarnado va dando voz y palabra. Es precisamente esa tensión la que abre al ser humano la esfera del servicio a la verdad objetiva sobre el mundo, sobre los demás y sobre sí mismo”[125]

El instinto del hombre es la supervivencia y la reproducción así como en todas las especies de animales y plantas, pero en el caso del ser humano la naturaleza le ha dotado de moralidad, el orden moral es necesario para la organización social y la convivencia pues sin este orden se degradan en si mismas las instituciones y culturas.

Reconociendo la objetividad del bien y del mal dentro del orden natural se puede juzgar con claridad que las leyes de los gobernantes se asumen porque en ellas está reflejado el bien objetivo del orden natural. Si algún gobernante se le ocurriese crear una ley en la cual se legitime el asesinato de las personas por el simple hecho de no estar de acuerdo con su opinión o verdad se caería en el grave error de la tiranía o despotismo, sin embargo queda claro que algunos o la mayoría no asentirían dicha ley si tal gobernante no legisla para el bien común sino para su provecho, o si únicamente fuese un capricho o una justificación para acabar con sus opositores. Más aun nadie con la recta razón justificaría el asesinato de esas personas por el simple hecho de no estar de acuerdo con una idea u opinión pública de un gobernante, pues la libertad de expresión da posibilidad para que cada uno exprese lo que piensa sin faltar al respeto de la persona, sin dañar la buena fama de alguien o crear conflictos en el orden social.

Ante tal panorama la propuesta kantiana y la sociedad misma reclama algo común, universal y absoluto que sea el estandarte que oriente y guie el actuar del hombre contemporáneo. La sociedad pluralista exige que no se excluya a nada ni a nadie sino que se integre lo más posible en una conciliación coherente a los grupos, ideologías y posturas actuales. ¿De qué forma se pueden conciliar posturas opuestas, contrarias y excluyentes? En Kant se encuentra una respuesta valedera según lo expuesto anteriormente.

Apelar al principio de universalización es lo que quizás pueda ayudar a aclarar la situación actual. "Obra sólo de forma que puedas desear que la máxima de tu actuación se convierta en una ley universal." Este imperativo categórico, puesto en tela de juicio por algunos filósofos como Hegel, Scheler y otros, arroja un haz de luz sobre el problema ético contemporáneo.

Algo universal es aquello que es común y compete a todos los de la especie sin excepción. Lo universal es válido para todos y cada uno de los implicados en un asunto determinado. Un claro ejemplo de universalización de normas morales es la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 por la ONU (Organización de las Naciones Unidas). Todas las cuestiones contempladas en dicho texto son comunes y competen a todos los hombres de todos los tiempos y de todas las culturas. ¿Cómo se llegó a tal universalización? Se habrá dado un consenso, un diálogo interdisciplinar o la ciencia y la filosofía aportaron elementos decisivos en dicha resolución. La forma en cómo esta Declaración llegó a ser aplicable a todos los hombres del mundo es interesante y se cita aquí un fragmento de lo que podría ser un imperativo categórico universal a la manera kantiana:

“LA ASAMBLEA GENERAL PROCLAMA la presente Declaración Universal de Derechos Humanos como ideal común por el que todos los pueblos y naciones deben esforzarse, a fin de que tanto los individuos como las instituciones, inspirándose constantemente en ella, promuevan, mediante la enseñanza y la educación, el respeto a estos Derechos y Libertades, y aseguren, por medidas progresivas de carácter nacional e internacional, su reconocimiento y aplicación universales y efectivos, tanto entre los pueblos de los Estados Miembros como entre los territorios colocados bajo su jurisdicción”.

Se muestra entonces que un grupo de personas reunidas para reflexionar sobre los atropellos que sufrieron personas concretas en la segunda guerra mundial y evitar que se vuelvan a cometer ha promulgado en sentido normativo dichos artículos, que legislan para todos sin excepción. ¿Será una praxis de la propuesta ética dialógica de Habermas y Apel que están detrás de la tradición kantiana o fruto de la ley natural en el ser humano que manda respetar tales normas? No es intención aquí desarrollar la teoría comunicativa de Habermas pero sí se afirmará que la comunicación y el diálogo fueron características decisivas en esta resolución de la ONU.

3.2.2  Las leyes positivas, el consenso y la metafísica

Entra aquí el elemento del consenso entendido como la aprobación de la mayoría en seguir, respetar y acatar determinadas leyes propuestas por un órgano institucional o individuo. Este consenso es tan difícil de lograr pues en las democracias participativas parece inalcanzable que todos absolutamente todos los ciudadanos participen y si llegara a participar no se excluye el elemento de la manipulación que se podría utilizar para votar a favor o en contra de tal o cual ley, los más fuertes harían prevalecer sus intereses frente a los más débiles. Por tanto no siempre lo que la mayoría decide es lo moralmente aceptable, ya se ha citado anteriormente esta postura con el nombre de sociologismo.

Por ello resulta frágil que las leyes morales descansen sobre la opinión mudable de las sociedades. Frente a esta insuficiencia de las leyes y la opinión publica de moderar, promover y cumplir con el bien va surgiendo la necesidad de apelar a una normativa previa, ontológica no vinculada al voluntarismo -o capricho- de unos y de otros. La conciencia ecológica que evoca por los derechos de la naturaleza, la conciencia social que reclama el respeto de la dignidad de la persona ante el abuso suscitado por las técnicas de manipulación biogenética y el compromiso en la defensa universal de los derechos humanos reclaman un fundamento objetivo anterior a las mismas leyes, al consenso social y al pacto democrático. Es necesario un elemento ontológico.


3.2.3 El relativismo nuevo dogma de la sociedad actual.

Hay muchos que ven en la pretensión de universalidad de los principios morales una prueba contundente de dogmatismo, violencia, represión y coerción de la libertad individual y social. Sin embargo con el relativismo moral no sucede así, lo aceptan sin más y lo consideran como la única postura tolerante y garante de la convivencia pacífica[126].

Ciertamente que la existencia de diversidad de códigos morales desconcierta al principio, cada cultura legisla según su contexto y su modus vivendi. Ante esta realidad_-de códigos morales diferentes-se juegan tres posturas o reacciones:
La primera es la del objetivismo moral el cual sostendría que una de las culturas discrepantes tiene la razón y la otra se equivoca; la segunda es opuesta a la primera y se conoce como amoralismo, éste consisten aceptar la divergencia de los juicios morales como prueba concluyente del carácter ilusorio de las cualidades que esos juicios atribuyen a las acciones y actitudes de los hombres[127].
La última postura es -la que compete en este apartado- la relativista que representa una especie de intermediaria entre las dos anteriores. ¿Que dice le relativismo con respecto a la diferencia existentes entre los códigos morales de diversas culturas? Según esta postura ninguna de las personas de las diferentes culturas estaría equivocada, por el contrario cada una puede tener razón, una razón limitada a su contexto cultural. “Por tanto las normas morales no son verdaderas ni falsas cuando se las considera abstractamente sino solo cuando se las sitúa en un determinado contexto histórico”[128].

De ahí se sigue que entre el objetivismo moral y el amoralismo se encuentre como respuesta aceptable el relativismo éste sacrifica -para sobrevivir- la universalidad de los principios y normas morales.

La discrepancia en los códigos se debe algunas veces a que unas son normas subordinadas y otras son normas fácticas, pero no afecta en si a las principios generales de beneficencia, veracidad, hospitalidad, el pudor o la justicia. En cada uno de los códigos hay un núcleo invariable, inmutable que traspasa la historia misma de las culturas. Al realizar la comparación de los códigos morales de diversas culturas se ha llegado a descubrir ese núcleo que las une y hace ser universales[129].

Para concluir se afirmará que las discrepancias entre las normas éticas de una cultura y otra sea argumento fáctico para rechazar la validez universal de los principios morales no es un argumento tan  por el simple hecho de la idea de progreso. Desde este concepto se logra visualizar que la moral en cada pueblo va progresando, va madurando hasta alcanzar cada vez mas niveles altos de madurez. Al igual que el pensamiento y conocimiento científico. Si antes se decía y afirmaba con autoridad que la Tierra era plana, se ve que gracias a la investigación y replanteamiento de las teorías se ha llegado a conocer con claridad que la forma de la Tierra es semicircular. Es evidente que la idea de progreso es un argumento válido en este caso para probar que las culturas tienen en realidad distintos niveles de madurez moral. Igual sucede con los que tienen diferencias morales que se deben a que cada quien “posee distinto grado de lucidez moral[130]. Asimismo hay que aceptar que algunas culturas han descubierto algún valor dentro del seno de sus costumbres, pero no se sigue de esto que los valores universales no existan con objetividad. Con respecto a la tolerancia se debe entender esta comorespeto a las ideas, creencias o prácticas de los demás cuando son diferentes o contrarias a las propias”.[131] Es decir, que una de las creencias es absoluta, verdadera y la otra es equivocada o diferente. Para ser tolerante hay que tener principios propios lo que el relativismo no los puede dar, puesto que cualquier postura o idea es verdadera. Como lo afirma el El Dr. Francis J Beckwith:

“La tolerancia solamente puede ser una virtud si pensamos que la otra persona, cuyo punto de vista debemos tolerar, está equivocada. Es decir, Si no creemos que un punto de vista es mejor que otro, no tiene sentido que seamos tolerantes con otros puntos de vista… El relativismo ético ha sido rechazado por la mayoría de filósofos y teóricos de la ética tanto seculares como teístas. Con todo, en muchas de nuestras instituciones seculares todavía está bien visto adoptar esta posición: es más tolerante, más abierto y más respetable —intelectualmente hablando— que el viejo “absolutismo”. Como hemos visto, sin embargo, el relativismo moral no es coherente con la tolerancia, se cierra absolutamente a la posibilidad de la verdad moral, y es un fracaso intelectual”[132]

3.2.4 El crepúsculo del deber
Ya se ha visto que el relativismo es solamente una aceptación ingenua de la opinión popular entre el conflicto que genera el objetivismo moral y el amoralismo. Así mismo con la aceptación sin mas de todas las posturas como verdades autenticas sin darles una revisión o critica a las ideas que postulan.
Esto acentúa la defensa legítima de la libertad individual regalo autentico de la Época Ilustrada. Todos los seres humanos gozamos de una libertad personal que se nos ha sido dada junto con nuestra naturaleza. Por ende ser persona es ser libre, sin esta libertad individual de la que cada persona goza es imposible la acción humana como ya se ha dicho en el capítulo primero. Sin embargo esta libertad que se otorga a cada hombre se descubre en la responsabilidad de las propias acciones libres y deliberadas. Es la obligación moral la que nos desvela el misterio de la libertad. Kant ha colocado ejemplos contundentes sobre el tema del deber y la libertad en su obra “Fundamentación de la Metafísica de las costumbres”.

Hoy el deber es algo que ya no importa con el afán de defender la propia libertad se atenta contra los propios deberes personales y sociales. En las sociedades es legítimo el deber y el derecho que tienen los padres de educar y criar a sus hijos, ni el Estado ni ninguna institución puede por medio de argumentos arbitrarios suprimir este derecho y deber sino que han de velar porque se cumpla auxiliando a los padres con los medios apropiados para que puedan brindarle esos derechos a sus hijos. Este ejemplo puede ilustrar también que los deberes comportan al mismo tiempo derechos

Nadie desea saber de sus deberes únicamente interesan los derechos, los grupos reclaman sus derechos, las instituciones y empresas hacen lo mismo. Las feministas afirman que tienen derecho a hacer con su cuerpo lo que quieran, las grandes firmas medicas opinan que tienen derecho a investigar y hacer experimentos para encontrar una cura a las grandes enfermedades y problemas de salud que atraviesa la humanidad. Los Estados apelan al derecho de la legitima defensa y desde ahí justifican el armamentismo nuclear. La libertad usada solo para reclamar derechos se degenera en libertinaje, pues toda libertad lleva implícito el deber como elemento intrínseco a la acción humana.

El deber es el origen de la moralidad en Kant y uno de los pilares de su filosofía moral. Una acción es moralmente buena cuando se realiza conforme al deber y es moralmente mala cuando se realiza por otros motivos (interés, inclinación, etc). Más ahora es bien entendido que hay acciones que se realizan movidas por otros factores y que por ese simple hecho no se consideran malas por ejemplo: los actos heroicos, las acciones de caridad, etc. Hay que recobrar el sentido del deber en las escuelas, instituciones y Estados. No hay que olvidar que la responsabilidad de las acciones humanas se debe en parte a un deber u obligación moral que manda actuar de una manera y no de otra, hay un imperativo que no se puede inclinar ni retorcer a la conveniencia u opinión del individuo o un grupo. Una consecuencia más del relativismo moral es la pérdida del sentido del deber. En este sentido hay que releer a Kant en su idea de la buena voluntad y del sentido del deber según lo expuesto en el capitulo anterior.

3.2.5 Igualdad, justicia y verdad

En este último apartado se tratará sobre estos tres valores universales, promovidos, aceptados y practicado por casi todas las culturas teniendo en cuenta el progreso moral en cada una de ellas. Destrozando de manera contundente al relativismo y su objeción de “todo es igual, todo es justo y todo es verdad”.

La igualdad es uno de las valores más reclamados en estos últimos tiempos por las culturas, países y personas. ¿Por qué este elemento de igualdad es uno de los más defendido y reclamado en las sociedades actuales, en las políticas democráticas, en las corrientes ideológicas e incluso por el mismo relativismo? Se partirá del elemento jurídico desde el cual es posible entender este valor. Pues se defiende la igualdad en las leyes positivas como un derecho de todo individuo a ser tratado con dignidad y respeto sin importar las diferencias sociales, económicas y culturales. La igualdad parte de un elemento ontológico que proviene del simple hecho de compartir cada uno una misma naturaleza, la naturaleza humana, Este es el hecho absoluto y particular del cual se desprende portentosamente la legítima defensa de la igualdad entre todos y cada uno, en el goce de los mismo derechos y en el acceso a las mismas oportunidades. La cosa no es tan fácil como parece, es legitimo apelar a la igualdad y de allí que todos los seres humanos sean igual en dignidad y naturaleza, y la mayoría de las personas estará de acuerdo en que esa dignidad e igualdad no se quita a nadie por el hecho de que cometa una acción mala o que piense diferente, profese una religión o el ateísmo, sea asiático o americano, le gusten las hamburguesas o prefiera los frijoles casados, baile salsa y no le guste bailar punta, en definitiva las diferencias materiales no anulan la igualdad, esta solo se ve menoscabada cuando el individuo rompe el orden establecido, sea moral, jurídico o social, pues en detrimento de la misma persona tales acciones le hacen rebajarse a un nivel inferior de lo que la condición humana es.
Cuando se dice tal acción no es digna de un ser humano se está calificando que esas acciones no pertenecen a la naturaleza humana y que por lo mismo la denigran y rebajan. Cuando en los procesos de Nuremberg[133] se condenan practicas y abusos contra la humanidad acaso podría el relativismo afirmar que lo contrario a esas declaraciones es verdadero y si alguien desea hacer lo que allí se condena o le pega la gana cometerlos habría que aceptarlo sin más, pues como persona tiene derecho a ser respetado y sus acciones son verdaderas de manera que no hay lugar para el juicio o la sanción de ningún tipo.

Si se declara la igualdad hay que luchar por ella pues no es una realidad que sea reconocida a primera vista, sino que se desarrolla mediante un proceso de búsqueda de la verdad y la justicia.  La igualdad se basa en la dignidad de cada ser humano único e irrepetible, por lo mismo el relativismo no es una fuente confiable para defender este valor tan excelso.

Lo mismo pasa con la verdad y la justicia estas estarían basadas en la persección subjetiva de los individuos sin llegar nunca a ponerse de acuerdo sobre qué es lo verdadero y lo justo, en este sentido estos valores no podrían sustentarse en el parecer o consenso sino en una realidad ultima que es el mismo hombre, su dignidad y su ser inviolable.

Hay que tener una sensibilidad moral para poder descubrir la bondad y maldad de las acciones del ser humano, pero hay acciones que en si mismas son malas y no puede darse otro juicio más que ese, calificarlas de moralmente malas para la misma naturaleza humana la sensibilidad moral común lo asiente así. En este caso el patrón a seguir para calificar es el respeto de la dignidad humana, una acción será moralmente buena si respeta tal dignidad y mala si atenta contra la misma. Esto se desarrolla en el ámbito común del individuo cuando descubre que el mismo es algo que debe ser tenido como fin en si mismo y no como un simple medio degradando la condición humana a un objeto más de la ciencia, la sociología, la política, economía, la biotecnología, etc.

3.3 CONCLUSIONES

Descubriendo que la dignidad del ser humano por encima de todo bien es el pilar de la moral kantiana, pues el mismo afirma que conformar una buena voluntad es el fin de la razón práctica, esta buena voluntad solo es conforme al bien si se tiene como valor absoluto a la persona misma. Y desde la persona brotan los imperativos morales que le mandan buscar el bien, cumplir con el deber y promover los valores que construyen la humanidad en la justicia, verdad e igualdad. La autonomía de la persona y su dignidad es lo que hace posible la autentica vida moral del ser humano.

Hay una sensibilidad actual por la dignidad humana, la ecología y la promoción de la paz, todas estas reivindicaciones giran en torno a un único fundamento que es la igualdad de los seres humanos, y en ultima instancia esta igualdad descansa en el respeto de la dignidad de cada uno.

La promoción del ser humano es el objetivo primordial que debe estar en la mente y pensamiento de los gobernantes, diplomáticos, administradores públicos, empresarios, gremios y Estados. Esta promoción solo es posible si se ve a cada uno como hermano, como miembro de una red interpersonal que nos afecta a todos y cada uno. Como miembro de la gran familia humana. Esta particular característica asocia a cada individuo en el compromiso por buscar establecer leyes justas, calidad de vida y salud para la humanidad entera la actual y la futura.

Partiendo de la razón con la que cada uno está dotado por compartir la naturaleza humana, se puede decir que es desde la sensibilidad racional donde el hombre descubre la obligación moral, su pregunta máxima ¿Quién soy? Le llevan también a preguntarse por su quehacer y su finalidad. Allí en la respuesta a estas interrogantes se juega en definitiva la existencia de cada individuo, su forma de comportarse y de desenvolverse en el mundo. Kant trato de dar una respuesta esas interrogantes. Compete a esta generación y las venideras dar crédito a su genio y originalidad, promover el bien que hay en esas respuestas y ponerlas en práctica.


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[1]El artículo escrito por Francis Fukuyama “El fin de la historia” y complementado por el libro, afirmaba que la caída del comunismo y el triunfo de las democracias liberales marcaban el comienzo de la etapa final en la que no había más lugar para largas batallas ideológicas. En este sentido, la historia habría terminado. El Fin de la historia, afirma Fukuyama, significaría el fin de las guerras y de las revoluciones sangrientas, los hombres podrían satisfacer sus necesidades a través de la actividad económica sin tener que arriesgar sus vidas en ese tipo de batallas”. http://pdf.rincondelvago.com/el-fin-de-la-historia-y-el-ultimo-hombre_francis-fukuyama.html
[2] FUKUYAMA, Francis. “El fin de la historia y el último hombre”. 1992. Barcelona. Editorial Planeta.
[3][3] Cf. RODRÍGUEZ DUPLÁ, Leonardo.: Ética. 2001 p. 79-92
[4] Ethos. En: Diccionario de las ciencias humanas. Verbo Divino. Madrid. ES. 2003  pp.156
[5] Ibíd.
[6] Ibíd. pp. 157
[7] Ibid.
[8] Cf. RODRÍGUEZ DUPLÁ, Leonardo. Op. Cit.pp5
[9] Ética. En: Diccionario de las ciencias humanas. Verbo Divino. Madrid. ES. 2003  pp.157
[10] Cf. Ibid.  pp.157
[11] Cfr. RODRÍGUEZ DUPLÁ, Leonardo. Op. Cit  pp. 39
[12] Ibíd.  pp. 38
[13] Cfr Ibíd pp. 51
[14] Cfr Ibíd pp.52
[15] FERRATER MORA, José. Felicidad. En: Diccionario de filosofía vol. II. Alianza Editorial. 1986. Madrid.  pp. 1140-1141
[16] KANT, Immanuel. Crítica de la razón práctica. Espasa-Escalpe. Col Austral. 3 ed. 1984. pp. 42
[17] MARIN IBÁÑEZ, Ricardo. Teoría de los valores. Edit. RIAL. 1967. Madrid. ES. Pp. 8
[19] Cf. RODRÍGUEZ DUPLÁ, Leonardo. Op. Cit.  pp.215
[20] Cfr. FISCHL, Johann. Manual de historia de la filosofía. Barcelona, Herder. 1968 pp. 56
[21] Cfr. Aristóteles, Ética a Nicómaco: Libro II, cap. VI. www.filosofia.org
[22] Cf. FISCHL, Johann. Op. Cit. pp. 91
[24] Cf. FISCHL, Johann. Op. Cit. pp. 104
[25] Cf. www.filosofía.org/enc/ros/index. Diccionario soviético de filosofía_Ediciones Pueblos Unidos.   Montevideo 1965.  pp. 168
[26] SÉNECA. Sobre la vida feliz. Alianza. Madrid. ES.
[28] Cf. FISCHL, Johann. Op. Cit. pp. 139
[30] Cf. FISCHL, Johann. Op. Cit. pp. 197
[32] Cf. REALE, Giovanni y ANTISERI, Darío. Descartes. En: Historia del pensamiento filosófico y científico. Tomo segundo. Del humanismo a Kant. Herder. Barcelona. ES. 1988 pp. 337
[33] Cf. RODRÍGUEZ DUPLÁ, Leonardo. Op. Cit..97-98
[34] Cf. FISCHL, Johann. Op. Cit. pp. 331
[35] Cf. REALE, Giovanni y ANTISERI, Darío. Op. Cit. pp. 217
[36] Cf. FISCHL, Johann. Op. Cit. pp. 337-338
[37] Cf. REALE, Giovanni y ANTISERI, Darío. Op. Cit pp. 225-226
[38] Cf. LECLERQ, Jacques. Las grandes líneas de la filosofía moral. 2 ed. 1960. Madrid. pp. 59
[39] Cf. Ibíd. pp. 59-62
[40] Cf. REALE, Giovanni y ANTISERI, Darío. Op. Cit.  pp. 295-296
[41] Cf. LECLERQ, Jacques. Op. Cit. pp. 111
[42] Cf. REALE, Giovanni y ANTISERI, Darío. Op. Cit. pp389-392
[43] Cf. LECLERQ, Jacques. Op. Cit. pp123
[44] Cf. REALE, Giovanni y ANTISERI, Darío. Op. Cit. pp. 505
[45] Cf. FISCHL, Johann. Op. Cit. pp. 448
[46] Cfr. REALE, Giovanni y ANTISERI, Darío. Op. Cit. pp. 592.
[47] Cfr. George Edward Moore. Microsoft  Encarta 2006. © 1993-2005 Microsoft Corporation.
[48]Para el emotivismo las manifestaciones morales expresan actitudes o sentimientos que propiamente ya no pueden ser valorados” RICKEN, Friedo. Ética general.1987. Barcelona. pp. 43
[49]El decisionismo ve el criterio último de los juicios morales en unas decisiones que en todo caso y en un sentido limitado pueden ser sometidas a una crítica racional” RICKEN, Friedo. Op. Cit  pp. 43
[50] Cfr. Ibíd. pp. 39-40
[51] Cf. REALE, Giovanni y ANTISERI, Darío. Op. Cit Tomo tercero. pp. 602-603
[53] Cf. REALE, Giovanni y ANTISERI, Darío. Op.Cit. . pp. 639
[54] Ibid. pp. 646-647
[55] VIDAL. Marciano. Adela Cortina: Ética filosófica. En: Conceptos fundamentales de ética teológica. Trota. 1992. Madrid. ES. pp. 151
[56] http://www.filosofia.org/aut/gbm/2000pisa.htm “El viaje y el camino se reducen al círculo del ser humano. Y el hombre, en la medida en que viaja por caminos, o vías, recibe la denominación de homo viator Homo viator parece querer decir, en efecto, que el hombre «está siempre en camino», y que sólo cuando está en camino es verdaderamente hombre; más incluso que cuando está en reposo, en su posada. Y esto sólo parece posible decirlo si hablamos de un camino meta-físico, que es capaz de incorporar incluso las posadas propias del reposo. Se concluirá por tanto, que el mismo reposo, o la misma posada, es ya un camino y que la posada es sólo un momento del viaje metafísico, y se reduce a él” BUENO. Gustavo. Homo viator. El viaje y el camino. Prólogo a Pedro Pisa. Caminos Reales de Asturias. Pentalfa. Oviedo. 2000.  
[57] Entendiendo herencia desde la perspectiva de homo viator, es decir, desde lo recorrido hasta hoy evaluando lo que tenemos y lo que nos pueda hacer falta para continuar por esta senda de alegría y de incertidumbre ante lo que depara el futuro a las próximas generaciones que dependen de lo que decidamos en esta hora de la historia humana.
[58] KANT, Immanuel: ¿Qué es Ilustración? en Filosofía de la Historia, Ed. Nova. Buenos Aires.
[59] Aunque no constituye el único movimiento cultural de la época, la ilustración es la filosofía hegemónica en la Europa del siglo XVIII. […] la ilustración no se configura como un sistema compacto de doctrinas, sino como un movimiento en cuya base se encuentra la confianza en la razón humana, cuyo desarrollo implica el progreso de la humanidad, al liberarse de las cadenas ciegas y absurdas de la tradición, y del cepo de la ignorancia, la superstición, el mito y la opresión”. REALE, Giovanni y ANTISERI, Darío. Op. Cit. pp. 564
[61] Cfr. REALE, Giovanni y ANTISERI, Darío. Op.Cit. . pp. 723.
[62]www.filosofia.org/enc/ros/criticismo.index.htm. Diccionario soviético de filosofía. Ediciones Pueblos Unidos.  Montevideo. 1965.  pp. 93 “el criticismo es el nombre que Kant dio a su filosofía idealista por entender que el objeto principal de la misma estribaba en la crítica de la facultad cognoscitiva del hombre. Como resultado de su crítica, Kant llegó a la negación de la posibilidad de que la razón humana pudiera conocer la esencia de las cosas. También se da el nombre de criticismo a otras teorías idealistas subjetivas que limitan la cognición humana y reconocen como fuente de la misma la experiencia, entendida solamente con un criterio idealista. Objetivamente considerado, el criticismo ha constituido un intento de superar, desde posiciones idealistas, las limitaciones del empirismo y del racionalismo”.
[63] Cfr. REALE, Giovanni y ANTISERI, Darío. Op. Cit. pp. 760.
[64] Cf. CALDIER, Gabriela Paula. www.http//creativecommons.org/licenses/by-nc-sa/2.5/     
[65] Cfr. REALE, Giovanni y ANTISERI, Darío Op. Cit.  pp. 760.
[66] KANT, Immanuel. Critica Op. Cit. pp. 28
[67] KANT, Immanuel. Fundamentación de la metafísica de las costumbres. Libera los libros. Buenos Aires. 2003. pp. 16
[68] Cf. RODRÍGUEZ DUPLÁ, Leonardo. Op. Cit.  pp.149
[69] KANT, Immanuel. Fundamentación Op. Cit. pp. 2
[70] Cf. RODRÍGUEZ DUPLÁ, Leonardo. Op.Cit. pp.152
[71] KANT, Immanuel. Fundamentación Op. Cit. pp.4
[72] KANT, Immanuel t. Fundamentación Op. Cit. pp 4
[73] KANT, Immanuel. Fundamentación Op. Cit.  pp. 6
[74] KANT, Immanuel. Fundamentación Op. Cit.  pp. 6
[75] Ibíd. pp 8
[76] Ibíd. pp 9
[77] KANT, Immanuel. Fundamentación Op. Cit. pp. 11
[78] KANT, Immanuel. Critica Op. Cit. pp. 34
[79] KANT, Immanuel. Fundamentación Op. Cit. pp. 11
[80] KANT, Immanuel. Critica Op. Cit. pp. 34
[81] Ibid  pp.35
[82] Cf. RICKEN, Friedo. Op. Cit.  pp. 110
[83] KANT, Immanuel,. Fundamentación Op. Cit. pp. 13
[84] Cf. RICKEN, Friedo. Op. Cit. pp. 110
[85] Cf. RICKEN, Friedo. Op. Cit. pp 110. 
[86] Cfr. REALE, Giovanni y ANTISERI, Darío Op. Cit. pp. 762
[87] Cfr. REALE, Giovanni y ANTISERI, Darío. Op. Cit. pp. 762
[88]De esta forma, obraremos moralmente sólo cuando podamos querer que nuestro deseo sea válido para todos. Así, lo que se pretende es eliminar las excepciones, siendo igualmente válida para todas las personas”. CALDIER, Gabriela Paula. Op. Cit.
[89] El imperativo categórico es el principio supremo de la reflexión práctica. Es el criterio de Kant para el enjuiciamiento de los axiomas. Por si mismo no contiene ninguna meta objetiva, y, por tanto, no puede determinar directamente el obrar , pues este supone unas metas de contenido que han de realizarse. El imperativo categórico es un criterio para las máximas, que expresan para el actuante las ultimas metas subjetivas y de contenidoRICKEN, Friedo. Op. Cit.  pp. 111
[90] Ibid. pp. 112
[91] Cfr. REALE, Giovanni y ANTISERI, Darío. Op. Cit. pp. 765
[92] Immanuel Kant. Fundamentación Op. Cit. pp. 14
[93] Si uno miente para evitar un daño, enseguida se da cuenta si su comportamiento es o no moral, transformando su máxima (me es lícito mentir para evitar daños) en ley de una naturaleza de la cual uno mismo tiene que formar parte necesariamente. En un mundo en el que todos dijesen necesariamente mentiras sería imposible vivir (y precisamente aquel que miente sería el primero que no querría vivir allí). Elevando la máxima (subjetiva) a lo universal, estoy en condiciones de reconocer si es moral o no” REALE, Giovanni y ANTISERI, Darío. Op. Cit. pp.769
[94] Ibid. pp. 769.
[95] Cf. RICKEN, Friedo. Op. Cit. pp. 111
[96] Ibíd.
[97] RODRÍGUEZ DUPLÁ, Leonardo. Op. Cit.  pp.154
[98] KANT, Immanuel. Critica Op. Cit. pp. 127
[99] Cf. REALE, Giovanni y ANTISERI, Darío. Op. Cit. pp.765
[100] Immanuel Kant. Fundamentación Op. Cit.  pp. 20
[101] Cf. RICKEN, Friedo. Op. Cit. pp. 125
[102] Cf. RODRÍGUEZ DUPLÁ, Leonardo. . Op. Cit. pp.156
[103] KANT, Immanuel. Fundamentación . Op. Cit. pp. 24
[104] RODRÍGUEZ DUPLÁ, Leonardo. La . Op. Cit. pp.156
[105] Cf. RODRÍGUEZ DUPLÁ, Leonardo. La . Op. Cit. pp.156
[105] Cf. Ibid.
[106] KANT, Immanuel. Critica Op. Cit.pp. 12
[107] Cf. RICKEN, Friedo. Op. Cit. pp. 23
[108] Se entiende por postulado un proposición cuya verdad se admite sin pruebas y que es necesaria para servir de base en ulteriores razonamientos. Según Kant no aumentan el conocimiento pero proporcionan realidad objetiva a las ideas de la razón pura en general y hacen posible utilizar otros conceptos.
[109] Cf. REALE, Giovanni y ANTISERI, Darío. Op. Cit. pp.771
[110] Cf. REALE, Giovanni y ANTISERI, Darío. Op. Cit. pp.772
[111] KANT, Immanuel. Critica Op. Cit.  pp.172
[112] Cf. FISCHL, Johann. Manual de historia de la filosofía. Barcelona, Herder. 1968. pp. 316
[113] KANT, Immanuel. Critica Op. Cit.  pp. 172
[114] Cf. REALE, Giovanni y ANTISERI, Darío. Op. Cit.772
[115] Cf. FISCHL, Johann. Op. Cit.. pp. 316
[116]  Cf. REALE, Giovanni y ANTISERI, Darío. Op. Cit pp.
[118] VIDAL, Marciano. Op. Cit.pp. 165
[119] Cfr. HORKHEIMER, Max y ADORNO, Theodor W. Dialéctica de la Ilustración. Escuela de Filosofía Universidad ARCIS.
[120] Cf. RODRÍGUEZ DUPLÁ, Op.Cit.  pp.95
[121] Microsoft Encarta 2006, Escepticismo.
[122] Cfr. FERRATER MORA, José. Relativismo. En: Diccionario de Filosofía Q/Z Tomo IV. Alianza Editorial. Madrid. 1986. pp. 2832
[123] Diccionario de Filosofía. La Filosofía. Ediciones Mensajero. Bilbao. pp 472-473
[124] RODRÍGUEZ DUPLÁ, Op.Cit.  pp.105
[125] N. GENGHINI. Identidad, comunidad, trascendencia: La perspectiva filosófica de  Charles Taylor, Herder. 2005 pp. 56
[126] Cfr. RODRÍGUEZ DUPLÁ, Op.Cit.  pp.106
[127] Ibíd.
[128] Ibíd.  pp.107
[129] Cfr. RODRÍGUEZ DUPLÁ, Op.Cit.  pp.108-109
[130] Ibíd.  pp.115
[131] Microsoft® Encarta® 2006. © 1993-2005 Microsoft Corporation
[132] The Christian Research Institute, P.O. Box 7000, Rancho Santa Margarita, 1994.CA.
http/www.el relativismohoy.org.com
[133] Los Juicios de Núremberg o, también, Procesos de Núremberg fueron un conjunto de procesos jurisdiccionales emprendidos por iniciativa de las naciones aliadas, vencedoras al final de la Segunda Guerra Mundial, en los que se determinaron y sancionaron las responsabilidades de dirigentes, funcionarios y colaboradores del régimen nacionalsocialista de Adolf Hitler en los diferentes crímenes y abusos cometidos en nombre del III Reich alemán a partir del 1 de septiembre de 1939. http://es.wikipedia.org/wiki/Juicios_de_Nuremberg

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