KANT:
UNA PROPUESTA ÉTICA PARA CONTARRESTAR EL RELATIVISMO MORAL
JOSE
LUIS ESPINOZA PEREZ
TEGUCIGALPA
M.D.C.
HONDURAS
C.A.
SEMINARIO
MAYOR NUESTRA SEÑORA DE SUYAPA
FACULTAD
DE CIENCIAS RELIGIOSAS
2008
KANT:
UNA PROPUESTA ÉTICA PARA CONTARRESTAR EL RELATIVISMO MORAL
JOSE
LUIS ESPINOZA PEREZ
Trabajo de síntesis
presentado como:
Requisito final para optar
por el
Titulo de Licenciado en
Ciencias Religiosas con énfasis en Filosofía
Director: P. José
Gregorio Rodríguez cjm.
TEGUCIGALPA
M.D.C.
HONDURAS
C.A.
SEMINARIO
MAYOR NUESTRA SEÑORA DE SUYAPA
FACULTAD
DE CIENCIAS RELIGIOSAS
2008
AGRADECIMIENTO
Agradezco a Dios y a todas
las personas
que han tenido que ver con
mi proceso
formativo durante estos años
en el
Seminario Mayor Nuestra
Señora de Suyapa
donde me preparo para ser un
sacerdote
según el corazón de Dios.
De manera especial agradezco
a mis Obispos
Mons. Ángel Garachana Pérez
y
Monseñor Rómulo Emiliani
por la oportunidad que me
brindan.
Asimismo a la Congregación de Jesús
y Maria,
Padres EUDISTAS, en especial
al P. José Gregorio Rodríguez,
Encargados de esta casa de
formación
Sacerdotal.
Al Lic. Félix Andrés Rojas
por su apoyo, empeño y asistencia en el alumbramiento de esta obra.
A mis padres que con su
esfuerzo y dedicación me han mostrado el camino a seguir y han hecho latir en
mí el impulso de la verdad y del bien.
TABLA DE CONTENIDO
INTRODUCCIÓN
MARCO TEÓRICO DE LA INVESTIGACIÓN
I.
LA
ÉTICA EN EL PENSAMIENTO OCCIDENTAL A TRAVÉS DE LA HISTORIA
1. Cuestiones preliminares
1.1 La ética y su finalidad
1.2 La voluntad, la libertad, la felicidad y el valor: conceptos éticos.
2. En los orígenes del
pensamiento moral: el eudemonismo clásico.
3. Hacia una ética téonoma:
Dios fuente de la moral, la era cristiana.
4. Edad Moderna: Descartes,
Hume y Kant.
5. Época Contemporánea:
pluralismo ético y absolutización del relativismo.
6. Conclusión.
II.
EL
DESARROLLO DE UNA ÉTICA AUTÓNOMA Y FORMAL: KANT Y EL GIRO COPERNICAL EN LA
ÉTICA
2.1 Cuestiones
preliminares: La
Ilustración.
2.2 Vida y obra de Kant.
2.3 La razón práctica y su
fundamentación
2.3.1 La buena voluntad
como bien incondicionado y fin de la razón práctica.
2.3.2 El sentido del deber
como valor moral de la buena voluntad.
2.3.3 El imperativo
categórico y la ley moral
2.4 Las formulaciones del
Imperativo categórico
2.4.1 El único imperativo
categórico.
2.4.2
Ley de la naturaleza del mundo inteligible.
2.4.3 La Autonomía, fundamento de
la dignidad humana y la moralidad como condición para considerar a la persona
humana un fin en sí misma.
2.4.4 El sentido de corresponsabilidad y de
solidaridad:
2.5
La libertad y
la autonomía de la voluntad
2.6 Tres postulados de la
razón práctica: La libertad, inmortalidad y Dios.
2.6.1
La libertad.
2.6.2
La inmortalidad del alma
2.6.3
Dios
2.7 Influencia de Kant en la
reflexión posterior.
2.8 Conclusión
III LA AUTONOMIA HUMANA:
UNA ETICA DESDE LA PERSONA
VRS UNA ETICA RELATIVISTA
3.1 cuestiones
preliminares: Situación Actual
3.2 Volvamos
a Kant.
3.2.1
La universalidad kantiana y el relativismo ético
3.2.2 Las leyes positivas, el consenso y la metafísica
3.2.3 El relativismo nuevo dogma de la sociedad actual.
3.2.4 El crepúsculo del deber
3.2.5 Igualdad,
justicia y verdad
3.3 Conclusión
RESUMEN ANALÍTICO
KANT:
UNA PROPUESTA ÉTICA VÁLIDA HOY EN DÍA PARA CONTARRESTAR EL RELATIVISMO MORAL
AUTOR: José Luis Espinoza Pérez
ESCRITO EN: Tegucigalpa
M.D.C., Seminario Mayor Nuestra Señora de Suyapa, Facultad de Ciencias
Religiosas con Énfasis en Filosofía, 2008.
PALABRAS CLAVES: Ética, moral,
Imperativo categórico, razón práctica, universalización, acción comunicativa,
autonomía, heteronomía, téonoma, virtud, felicidad.
DESCRIPCION:
Proporciona
herramientas prácticas para conocer el aporte de Kant, su validez actual y
responder con criterios universales a la crisis de valores ético-morales que
está atravesando la sociedad actual
FUENTES:
Para
la realización de este trabajo se contó con 26 fuentes bibliográficas que
contienen información sobre la ética y, específicamente sobre la ética kantiana
y el relativismo. Además con la supervisión de un tutor.
CONTENIDOS:
Consta
de tres partes fundamentales 1) un recorrido histórico de la ética, 2)
presentación del aporte kantiano y; 3) La persona y su autonomía como fuente de
criterios y principios morales.
METODOLOGÍA:
Se
basó en los aportes que se tomaron de las diversas fuentes consultadas con las
correcciones que en el transcurso del mismo sugería el tutor.
INTRODUCCIÓN
El siguiente trabajo pretende
presentar de una manera panorámica el aporte de Kant a la filosofía moral desde
su libro “Crítica de la razón práctica”,
también tratará de descubrir la validez
actual de sus postulados universales, contrarrestando el absolutismo de la
ética relativista imperante en la sociedad contemporánea. Ante la pretensión
del relativismo de alzarse como única norma de tratamiento de la moral y ante
la crisis de los valores morales que atraviesa el hombre de hoy, se ve la
necesidad de recordar que otros ya han hecho camino en la historia y que sus
descubrimientos, teorías y propuestas tienen una vigencia tal que, sería descabellado
pensar en otra solución a los problemas actuales si no se ha tratado de poner
en práctica el legado que los pensadores, como Kant, han dejado a la humanidad.
Este ensayo está estructurado en
tres partes; la primera, tratará de realizar un recorrido a través de la
historia de la filosofía; descubriendo el desarrollo del pensamiento moral en
los más grandes representantes de Occidente. En un segundo momento, se
descubrirá el aporte de Kant a la filosofía moral o ética en su obra magna en
este campo: “Crítica de la razón práctica”
y su influencia en las corrientes éticas posteriores. En la tercera parte, se
darán algunas propuestas para formar criterios éticos válidos —compensando el reduccionismo
que el pensamiento relativista hace al campo de la ética—; fomentando los
valores morales universales.
No se pretende, en este documento,
excluir otras propuestas éticas válidas para la sociedad actual y que puedan
ser muy pertinentes en esta etapa de la historia, pues la historia misma va
avanzando y no ha llegado a su fin[1] como afirmó Fukuyama[2], sino
que ella misma se despliega en nuevas etapas. Sin embargo, los conflictos que
generan las etapas de transición manifiestan esta dinamicidad de la historia
humana que se abre a la posibilidad dialéctica de una nueva síntesis ante el
pluralismo actual. Estas páginas, por tanto, desean revalorizar el trabajo de
Kant y hacer ver a la generación presente y futura la veracidad de sus
afirmaciones y la certeza de sus postulados, sin prescindir del trabajo de
otros autores en los que se pone de manifiesto la actualidad y presencia del
pensamiento kantiano en nuestra sociedad. El método a utilizar para el
tratamiento de la ética es muy difícil de determinar, puesto que de éste depende
la solución de los problemas que plantea la cuestión moral. Por eso, se
utilizará el método de análisis semántico para determinar el sentido de las
palabras y de los conceptos (como bien lo hicieran Sócrates y Aristóteles que
insistían en la aclaración de éstos para la comprensión de las cuestiones
fundamentales de la vida). Atendiendo a la reciente tradición de la filosofía
analítica, la cual devela que la mayoría de los problemas provienen de
lenguaje. Por ejemplo, es necesario saber ¿qué se entiende por bueno? ¿A qué se
refiere alguien cuando afirma que esto o aquello es bueno? También ayudará, en
este cometido, el método fenomenológico que permitirá lograr la descripción de
fenómenos morales y llegar a los rasgos universales de ellos, descubriendo la
experiencia subjetiva de sentirse obligado a algo. Un tercer método, servirá
para resolver problemas normativos, es el método intuitivo-hermenéutico que
revela al individuo el juicio incuestionable de sus propios actos y la
capacidad de interpretarlos siendo
sujeto de diálogo y perteneciente a una realidad que le interpela y exige de
éste una respuesta concreta[3].
CAPÍTULO I
I.
LA ÉTICA EN EL PENSAMIENTO OCCIDENTAL A TRAVÉS DE LA HISTORIA
- Cuestiones preliminares
Antes de realizar el recorrido histórico es conveniente
aclarar algunos términos utilizados en el campo de la ética para tener una
noción de ellos y el sentido en que se utilizarán en estos apartados, por tanto
es preciso definir el contenido de la ética y su fin específico para orientar
la reflexión sobre la misma.
1.1 La ética y su
finalidad
El término ética proviene de la
palabra griega ethos, que tiene
dos significados: el primero, "morada" o "lugar donde se
vive" de ahí se desprende “la idea
de ethos como suelo firme,
fundamento de la praxis, raíz de la que brotan los actos humanos”[4].
El segundo, señala el "carácter" o el "modo de ser" peculiar
y adquirido de alguien contraponiéndose a “temperamento
(pathos) que tiene una base
biológica y por lo mismo no depende del individuo”[5].
La ética tiene una íntima relación con la moral, tanto que incluso ambos ámbitos se confunden con bastante frecuencia. Sin embargo partiendo del concepto de ethos se dice que “la realidad moral no tanto que recibida sino apropiada es el ethos y se tradujo al latín como mos-moris (costumbre), doctrina de las costumbres, en sentido preferentemente social, es decir, el estudio sistemático de la moral”[6]. Consecuentemente la moral es aquel conjunto de valores, principios, normas de conducta, prohibiciones, etc., de un colectivo que forma un sistema coherente dentro de una determinada época histórica y que sirve como modelo ideal de buena conducta socialmente aceptada y establecida
Si se considera a la ética y a la
moral como sustantivos significarán “el
saber específico que versa sobre lo bueno y lo malo, sobre lo justo o lo
injusto”[7]. La ética
trataría de todo cuanto en la vida del ser humano está relacionado con el bien
y con el mal[8]. Pero si se apropian como adjetivos
cada una “denota una dimensión o cualidad
de la realidad humana”[9].
Aunque la ética y la moral tienen “que
ver con las actividades prácticas”, hoy en día la concepción anglosajona,
que separa ética y moral, va tomando cuerpo. Considera a esta última como la “doctrina práctica que ordena comportamientos
concretos y establece normas de acción”, mientras que la primera “adquiriría el significado de reflexión
filosófica sobre la moral”[10].
Partiendo de estas observaciones se definirá entonces a la ética como la disciplina
filosófica que estudia la dimensión moral de la existencia humana, ya que el
hombre por naturaleza es un ser moral, y que desea ser un saber con carácter
normativo-descriptivo, que dirija la vida moral y la rectifique, y responda a
sus cuestiones fenomenológicas.
1.2
La voluntad, la libertad, la felicidad y el valor:
conceptos éticos
Dentro de la ética hay conceptos como voluntad, libertad,
acción, pasión, felicidad, etc., los cuales, en la medida en que se va
desarrollando el pensamiento han tenido un significado y comprensión diferente.
Para empezar, se afirmará que la voluntad es la facultad del alma de decidir y ordenar la propia
conducta. El acto de la voluntad es la volición por el que el
sujeto admite o rehúye algo, o persigue un fin que se le ha presentado a la
razón práctica después de haber deliberado[11]. “La
deliberación precede, en la mayoría de las veces, a la voluntad, y le señala el
camino a seguir”[12].
Deliberar es usar la razón antes de obrar, ver las opciones, consecuencias y
efectos de la acción que se va a realizar.
La libertad es un concepto clave del que no
se puede prescindir en ética. Es condición de moralidad en el ser humano,
alguien que no es libre para actuar queda exento de toda imputación penal; sin
libertad no es posible responsabilizar a nadie de nada, “ni de sus actos ni de sus hábitos”[13].
Pero se dice que hay libertad cuando no existen impedimentos en el obrar de un
sujeto, cuando hay una autodeterminación del querer llamado libre albedrío que
comporta al mismo tiempo la libertad de acción[14].
La felicidad es entendida como la posesión de
bienes en general, un estado de satisfacción debido a la propia situación en el
mundo. Ha designado también el anhelo fundamental del ser humano o la sed de
plenitud que hay en la naturaleza del hombre. Sócrates y Aristóteles sitúan la
felicidad en el conocimiento de la virtud.
“San Agustín
habló de la felicidad como fin de la sabiduría; la felicidad es la
posesión del verdadero absoluto y, en último término, la posesión de Dios;
todas las demás felicidades se hallan subordinadas a aquella.
Santo Tomas usó el termino de beatitudo como
equivalente al de felicitas y lo definió (S. theol., I, q. LXVII a 1) como un
bien perfecto de naturaleza intelectual. La felicidad no es simplemente un
estado del alma, sino algo que el alma recibe desde fuera, pues de lo contrario
la felicidad no estaría ligada a un bien verdadero”.[15]
Kant la coloca en el gozo del deber cumplido. Él afirma
que es un bien condicionado y uno de los fines de la razón práctica:
“Ser feliz, es necesariamente la exigencia de todo
ente racional aunque finito y, en consecuencia, inevitable motivo determinante
de su facultad apetitiva… es el nombre de las
razones subjetivas de la determinación”[16].
El
valor es un término y una categoría ética muy compleja. Se ha propuesto en algún
momento de la historia como principio de la obligación moral, se entiende por
valor “todo aquello que satisface una
tendencia, una aspiración, un deseo nuestro, todo aquello que de algún modo
conviene a nuestra naturaleza”[17].
El valor de las cosas es dado por el sujeto y otras veces es inherente a las
cosas mismas, es real y es ese valor el que mueve, a veces, a realizar
determinadas acciones. Estos conceptos no son los únicos, hay otros, no menos
importantes, pero no es conveniente realizar un estudio intensivo de todos los
términos que competen a la ética, pues ya no sería un ensayo sino un
diccionario o un glosario. A continuación, se tratará de buscar el momento
histórico en dónde surgió la ética como disciplina filosófica y su desarrollo
posterior.
- En los orígenes del pensamiento moral: el eudemonismo clásico
La reflexión ética se ocupó en sus inicios, y en su
desarrollo posterior, de la pregunta por la vida feliz; su principal tarea
consistía en tratar de responder a la pregunta sobre ¿qué hay que hacer para
vivir una vida feliz, una vida buena? A esta corriente se le ha denominado eudemonismo –de la
voz griega eudaimonia
(felicidad), palabra compuesta de eu
(bueno) y daimon
(hado, divinidad menor) –. Eudaimonía es un concepto filosófico que designa
aquella doctrina moral cuyo fundamento tiene como principio de toda acción la felicidad. Se ha considerado
eudemonismo al hedonismo, a la
doctrina estoica, así como también al utilitarismo. Todas estas doctrinas basan
sus normas morales en la realización plena de la felicidad, pudiéndose
presentar ésta de forma personal, como en Demócrito, Sócrates, Aristóteles; el
estoicismo o el neoplatonismo, o bien, de forma colectiva, como se estableció a
partir de Hume y con mayor énfasis en el utilitarismo de J. S. Mill[18].
Pero se podría afirmar que la ética tiene sus orígenes en
el s. V a. C., en un momento crítico de las instituciones de la sociedad griega
(políticas, religiosas y culturales). En este período se presentó una visión
cientificista del mundo y una relativización de las costumbres griegas por el
contacto con otros pueblos[19].
Toda crisis tiene dos consecuencias, la primera es llevar al colapso a una
civilización; la otra, es conducir a un reflexión profunda sobre las cuestiones
fundamentales del hombre y plantear la búsqueda de una solución al problema,
reformar o romper con lo anterior y avanzar hacia una nueva etapa. Dentro de
este ambiente de crisis de la sociedad griega aparece Sócrates quien se opone a
una visión reduccionista del hombre, de la filosofía y de la vida, en concreto,
se enfrenta con la cosmovisión de los sofistas. Protágoras de Abdera uno de los
representantes de los sofistas antiguos enunciaba el relativismo filosófico y
moral; según él las cosas son para cada uno tal como se le aparecen. De ahí que
“el hombre sea la medida de todas las
cosas” y como no hay un punto de vista privilegiado todos tienen razón. Consecuencia
de esto: no hay una verdad universalmente valedera ni una norma moral absoluta[20].
Sócrates es el fundador de la filosofía moral, la impulsó
y la llevó por un camino seguro por medio del presupuesto de una vida feliz, el
que quiera vivir feliz ha de estar dispuesto también a perder la vida en el
intento. La muerte de Sócrates y su estilo de vida coherente a sus convicciones,
demostró que la vida feliz no es sólo tratar de salvar la vida, ya que ella no
es el valor supremo, sino que la vida feliz
la vive aquel que quiera estar dispuesto a morir con tal de no cometer
injusticia. Sócrates asienta la ética en la virtud, entendida como conocimiento
e inicia así un intelectualismo moral, en el que se afirma el mejor modo de
obrar de quien lo hace con conocimiento del bien, por tanto si se obra mal es
por ignorancia.
Platón no se aleja del intelectualismo moral de Sócrates
sino que lo continúa. Introduce en el pensamiento la categoría de dualismo, de
acuerdo a su sistema filosófico, la verdad está en el mundo de las ideas, este
mundo material sería copia de aquellas ideas eternas. El alma, por medio de la
razón, tiende hacia el mundo de las ideas, pues ella es de origen divino e
inmortal, pero está prisionera en el cuerpo. El cuerpo representa los apetitos
sensibles del hombre de los cuales el alma debe desencadenarse, el esfuerzo
moral consistiría en librarse de estos apetitos sensibles a través del
conocimiento de las ideas eternas que ella contemplaba cuando existía en aquel
mundo y que perdió al caer prisionera en el cuerpo.
El intelectualismo moral de Sócrates
y Platón fue duramente criticado por Aristóteles,
el primer autor que hizo un tratado sistemático de ética en sus obras Ética
a Nicómaco y Ética a Eudemo. Para el estagirita, el conocimiento de
qué sea el bien o la virtud no garantiza en absoluto que alguien sea bueno y
virtuoso en la vida ordinaria. Únicamente a través del ejercicio y la práctica
de las virtudes podrán convertirse éstas en un hábito de la conducta. Por ello la virtud es una excelencia añadida a algo como perfección, no es ni una
facultad ni una pasión sino que es un hábito. Él distingue entre hábitos malos
y hábitos buenos, los malos son aquellos que alejan del cumplimiento de la
propia naturaleza y reciben el nombre de vicios, y los buenos, son aquellos por los que un sujeto cumple bien su
función propia y reciben el nombre de virtudes cuando un ser realiza su función
propia, pero no de cualquier manera sino de un modo perfecto, entonces se dice
que dicho ser es virtuoso o bueno. La virtud es el punto medio entre dos puntos:
el exceso y el defecto, es el equilibrio entre el más y el menos, es decir, es
la justicia[21].
El teleologismo aristotélico se
aplicará también al ámbito de la praxis: todo en la naturaleza tiende a un fin.
Ahora bien, el fin y máximo bien del hombre que ha de ser deseado por sí mismo
y no como medio para otra cosa es la felicidad
(eudaimonía), que consistirá en el cumplimiento de la propia esencia
mediante la realización de las actividades que le son propias: la contemplación
y el ejercicio de la inteligencia teórica[22].
La ética postaristotélica se ocupa exclusivamente de la
felicidad del sabio (especialmente en el estoicismo y neoplatonismo); la
precisa división que los estoicos formulan entre sabios e insensatos hace, en
efecto, obviamente inútil ocuparse de estos últimos. El sabio es el que se
basta a sí mismo y que, por lo tanto, es el único que encuentra su felicidad o
más bien su beatitud.
El estoicismo nace como escuela filosófica fundada por
Zenón de Citio (333-261 a.C.)
en el 311 a.C.,
a su llegada a Atenas en la Stóa
poikilé, es decir, "el pórtico pintado", de donde toma el nombre
de "estoicismo". Esta corriente de pensamiento fue una de las más
influyentes del mundo antiguo cuyas ideas fueron retomadas por el cristianismo, la filosofía moderna y la Ilustración.
En el campo de
la filosofía moral o ética el punto medular de su doctrina se encuentra en la imperturbabilidad
del alma, es decir, en el dominio de las pasiones, el desapego a las
comodidades materiales dedicándose a una vida guiada por los principios de la
razón y la virtud con las cuales se puede alcanzar la felicidad[23]. Proponían una
vida “según la naturaleza” y si la naturaleza del hombre es racional el
postulado se transformaba en “vive racionalmente”. El sabio como ideal de vida
estoica se distingue por las siguientes virtudes: apatía (carencia de pasiones), autarquía
(carencia de necesidades), obediencia
(todo está ordenado, con estricta causalidad, por el logos universal) y conciencia del deber (la ley universal
también es moral, sólo obra moralmente el que se somete, por conciencia del
deber, al acontecer universal) [24].
En la época helenística aparece otro
tipo de sistematización ética en la que la felicidad se adquiere a través del
placer. Se enmarca en esta línea el epicureísmo como una corriente
filosófica que surgió en el siglo IV a.C., fundada por Epicuro de Samos en 306 a.C., en el jardín de su
propia casa y pertenece a la corriente ética del eudemonismo como se ha
mencionado anteriormente. Dentro de su ética propone que el bien moral es el
placer y que la felicidad se alcanza con la ataraxia o equilibrio de placeres
materiales y espirituales. Para
Epicuro este placer consiste en
la ausencia de dolor, por lo que su ética
hedonista propondrá un sabio cálculo entre los placeres que permita
alcanzar el máximo de placer y el mínimo de dolor.
El neoplatonismo, fundado en el siglo
III d.C., por Ammonio Saccas, se presentó como un importante rival del
cristianismo ya que implicaba un planteamiento esencialmente espiritual. Su
discípulo más conocido y principal exponente de la doctrina fue Plotino.
Plotino reprocha a la noción aristotélica de felicidad el
hecho de que, como consiste, para todo ser, en el cumplimiento de su función y
en el logro del propio fin, puede aplicarse muy bien no sólo a los hombres,
sino también a los animales y a las plantas. Reprocha a los estoicos la
incoherencia de colocar la felicidad en independencia de las cosas externas y
al mismo tiempo en agregar como objeto de la razón justo estas mismas cosas.
Para él la felicidad es la vida misma; consecuentemente, si bien pertenece a
todos los seres vivientes, pertenece en el grado más eminente a la vida más
completa y perfecta que es la de la inteligencia pura. El sabio, en quien se
realiza tal vida, es un bien por sí mismo y no tiene necesidad más que de sí
mismo para ser feliz, no busca las otras cosas o, por lo menos, las busca sólo
por ser indispensables a las cosas que le pertenecen (por ejemplo, al cuerpo) y
no a él mismo. La felicidad del sabio no puede ser destruida ni por el fracaso,
ni por enfermedades físicas y mentales ni por ninguna circunstancia
desfavorable, como no puede ser aumentada por las circunstancias favorables:
por lo tanto, es la misma beatitud de que gozan los dioses[25].
El tema del eudemonismo no terminó en la época antigua
sino que el pensamiento filosófico siguió profundizando en la idea de la
felicidad. Ésta es un deseo humano puesto que como lo afirma Séneca “todos los hombres quieren ser felices”[26]
nadie en el mundo desea ser un desgraciado, desdichado, malaventurado, infeliz
y es esa misma razón por la que el hombre ha continuado su reflexión sobre el
concepto de felicidad desde la perspectiva teleológica, un fin de la existencia
humana.
Con la entrada del cristianismo en la historia se
introduce un elemento fundamental en la ética de la edad media, Dios como
fuente de la vida moral y meta de la felicidad humana.
- Hacia una ética teónoma: Dios fuente de la moral: la era cristiana
En la Edad Media las teorías
éticas buscan una conciliación con la doctrina moral cristiana, puesto que la
religión oficial del imperio es el cristianismo, éste marcó profundamente la
historia de Occidente. Nada se puede pensar o decir sin hacer referencia a
Dios, incluso, lo ético está legislado por el mismo Dios[27].
En San Agustín se concilia con rasgos
de neoplatonismo. Ve al hombre como creatura de Dios. La ética de la voluntad
propuesta por él afirma que no agrada a Dios el que más sabe sino el que
conforma su voluntad con la voluntad de Dios. Para San Agustín el amor es la
principal operación de la voluntad, de ahí se deriva su máxima: “ama y haz lo que quieras;” no es
oportuno mandar a nadie que ame, ni se puede prohibir a nadie que ame, sólo
puede decirse a los hombres lo que deben o no deben de amar. Toda moralidad
radica en la recta elección del objeto que se ama[28].
Es interesante remarcar en esta época la introducción del término conciencia.
Para San Agustín es la facultad innata que revela la ley moral de Dios inscrita
en el alma de los hombres. Se ve una tendencia intuicionista del pensamiento
moral, pero posteriormente llegó a designar la capacidad de distinguir el bien
del mal en el ámbito las acciones particulares. Esta facultad innata fue
conocida también con el nombre de “sindéresis.”[29]
En Tomás de Aquino tal armonización se lleva a cabo sobre la base de
la ética aristotélica, dando lugar a un eudemonismo en el que el máximo bien (la
felicidad) se identificaba con Dios;, la llamada visión beatífica de Dios es el
fin último en que la moralidad halla su coronamiento. Dios es el que da la ley
eterna y establece los contenidos de la verdadera moral como una ley natural en
los hombres. Los hombres participan de la ley divina por medio de la ley moral
natural. La ley natural contiene principios normativos, que se encuentran en el
ser humano como inclinaciones naturales
(hábitos) y de los cuales el primero es: "ha de hacerse el bien y evitarse el mal”, este es un principio de
la sindéresis, y cualquiera que lo comprenda debe admitir su verdad. La
aplicación práctica de la ley tiene lugar por medio de la conciencia, ella es
la norma subjetiva del obrar humano y, por ello, es siempre inmoral obrar
contra la conciencia[30].
La ética de Santo Tomás está puesta en base racional dado que todo hombre
dotado de razón puede descubrir la ley natural mediante el ejercicio de la
recta razón.
- Edad moderna: Descartes, Hume y Kant
Con la llegada del
Renacimiento, la Reforma
de Lutero y el surgimiento de los Estados modernos se entra en la época
moderna. Esta etapa se caracteriza por centrar la reflexión en el sujeto. Es
oportuno abarcar la ética de este periodo desde las dos corriente que más
influyeron en él, es decir, el racionalismo, iniciado con Descartes, y el empirismo
cuyo mayor representante fue David Hume.
El racionalismo es una corriente
filosófica que abarca todo el siglo XVII que tiene en su base los avances de la
ciencia del Renacimiento. En él la filosofía acoge el paradigma matemático de
la geometría y el paradigma experimental de la física, oponiéndose tanto al
escepticismo pirrónico como al formalismo escolástico[31].
Descartes, iniciador de la reflexión
moderna en cuanto tal, introdujo como método de su pensamiento la dudad
metódica y de esta forma asentó las bases de un camino seguro para la
investigación científica y filosófica. En adelante nadie podrá filosofar sin
remitirse obligatoriamente a este genio brillante. Su postulado máximo: “pienso, luego existo”, es lo único de lo
cual no se puede dudar. Descartes postula en su Discurso del método y en el Tratado
sobre las pasiones una moral provisional. Ve el fin de la moralidad
en la impasibilidad (apatheia) del
sabio estoico, esto pone en evidencia cuál es la
dirección de la ética cartesiana: una lenta y laboriosa sumisión de la voluntad
a la razón, como fuerza que sirve de guía a todo el hombre. Identifica desde
esta perspectiva la virtud con la razón, y se propone «llevar a cabo todo lo
que la razón le aconseje, sin que sus pasiones o sus apetitos le aparten de
ello»[32].
Su dualismo ve al hombre desde la perspectiva de la máquina y el espíritu. Únicamente
el espíritu es capaz de moralidad y debe ser libre para obrar ante los halagos
de la sensualidad del cuerpo.
En contraposición al racionalismo, el
empirista Hume creyó imposible
establecer ningún juicio moral a través de la razón. Esta facultad se muestra
incapaz de juzgar la bondad o maldad de las acciones humanas. Niega que el bien
y el mal sean características exhibidas por las acciones a las que se refiere
el juicio moral. La moral se basa y se origina en una emoción o sentimiento de
aprobación o desaprobación que sentimos* al realizar una acción, dependiendo de
la utilidad que tenga para la sociedad en general y no sólo para el individuo. Todo
el mundo hace lo que procura gusto o placer y evita lo que le disgusta o
displace. La cuestión fundamental desde la perspectiva de Hume es identificar
la raíz del sentimiento de aprobación o desaprobación que está como fundamento
de los juicios morales. Esta base o fundamento es el sentimiento desinteresado
de simpatía hacia los semejantes[33].
El emotivismo ético de Hume denunció lo que él llamó "falacia
naturalista", esto es, el derivar ilícitamente del "ser" el
"deber ser" y su utilitarismo, que busca realizar la máxima felicidad
para el mayor número de personas será ampliamente desarrollado posteriormente
por otros autores en los ss. XVIII y XIX.
Kant dará un "giro
copernicano" a la ética (Se profundizará en su aporte a la filosofía moral
en el capítulo siguiente. Tratando de descubrir la novedad de sus teorías y
postulados. Por esta razón, se pasará a la época contemporánea como camino
final de esta primera parte).
- Época contemporánea: pluralismo ético y absolutización del relativismo
Podría dividirse la
historia de la filosofía moral en dos partes: antes de Kant y después de él. Se
presentan a continuación los más destacados representantes de las distintas
corrientes filosóficas actuales, herederas de una reflexión sistemática extensa
y fructífera. Aunque es imposible abarcar aquí, de forma analítica sus
postulados, se tomarán las ideas centrales de los autores más significativos, de
manera panorámica.
Partiendo de Hegel, el
máximo exponente del idealismo alemán, el cual coloca como fuente de la moral
las instituciones éticas: la familia, la sociedad burguesa y el Estado. El
Estado es la realidad absoluta para Hegel, el individuo está sometido a éste, y
únicamente se obra de modo recto cuando se hace lo que el Estado manda hacer[34].
De modo peculiar se
encuentra a Schopenhauer, quién lanza su pesimismo al mundo a través de su obra
“el mundo como representación y voluntad”
y en el libro cuarto de esta obra trata el tema de la ética. El hombre es en
este mundo el ser más infeliz por su voluntad de vivir, esta voluntad lo
arrastra entre el dolor y el tedio; es la raíz de todo mal. El camino verdadero
de la liberación de esta voluntad de vivir es la ascesis cuyo primer paso es una libre y perfecta
castidad que impide el impulso generativo de la voluntad de vivir. Lo
moralmente aceptado sería aquello que libera al hombre de esta voluntad de
vivir, es decir del dolor y el tedio[35]. Propone también tres vías
de la moralidad: la vía de la afirmación, que consiste en afirmar la existencia
de manera egoísta; la vía de la negación, donde se niega la existencia y se
siente compasión de los semejantes; y la vía de la purificación que sería el
estado perfecto del hombre[36].
De manera contundente Ludwig
Feuerbach, con una fuerte crítica religiosa, coloca en el centro de su
pensamiento a la humanidad. El hombre es capaz de realizar sus ideales aquí en
la tierra. No hay que esperar una recompensa ultraterrena en el más allá. Dios
ha sido una proyección del ser humano que necesita de una ayuda poderosa para
vencer sus propios temores. La moralidad entonces es determinada por el mismo
hombre, la máxima sería amar al hombre por el mismo hombre. Y para que el
hombre alcance la felicidad hay que extirpar
la religión.
Sin embargo, en
Kierkegaard, precursor del existencialismo, renace la defensa del ideal
cristiano como plenitud de la existencia, el individuo logra su auténtica
libertad desde la trascendencia de Dios. Critica fuertemente el sistema
hegeliano en el cual el individuo había sido puesto en dependencia absoluta del
Estado, y debía obedecerlo. Para él, en este mundo solamente cuenta la
existencia del individuo, ésta se realiza en tres ideales: el estético, desde
aquí el individuo debe dar el salto al ideal ético, y finalmente llegar al
ideal de la fe. Lo ético constituiría un medio ya que únicamente la vida de fe realiza
la verdadera existencia, considerada ésta, como el encuentro entre el individuo
y la individualidad de Dios. Es interesante resaltar el concepto de posibilidad
introducido explícitamente por este autor, cuando afirma que la existencia es
mera posibilidad. El hombre es lo que elige ser. La vida de fe se desenvuelve
entre la angustia y la posibilidad[37].
Avanzando en esta época,
se encuentra el positivismo iniciado por Augusto Comte —desarrollado después
por Hebert Spencer, Durkheim, Jhon Stuart Mill, Ernst Haeckel y Roberto Ardigo, cada uno
haciendo énfasis en alguna idea y originando otra línea filosófica—, se basa en
la confianza excesiva en el desarrollo de las ciencias y su aplicación a la
técnica. Su postulado máximo es la comprobación y observación de los hechos,
puesto que exclusivamente se conoce aquello que las ciencias permiten conocer y
el método es el propio de las ciencias; “el método científico”. De esta manera
se reduce la realidad moral a una mera observación del hecho moral investigando
sus causas y efectos para definir los juicios usuales de bien y mal en cada
cultura, nace, de esta forma, la ciencia de las costumbres[38].
El sociologismo se deriva
del positivismo cuyo representante es Durkheim. Esta escuela sociológica
postula que el hecho moral difiere de una sociedad a otra. El criterio moral sería
el uso: es bueno, en una sociedad dada, lo que la mayoría tiene por tal, o aquello
que hace la mayor parte. El hecho moral es social y al igual que la sociedad
tiene sus leyes, por tanto, hay que descubrir las leyes de la moral y
comprobarlas. La sociedad determina lo bueno y lo malo, lo moral y lo no moral.
La obligación está en seguir las normas morales que
la sociedad tiene establecidas, y la sanción se limitaría a castigar a quienes no cumplan dichas normas. No hay aquí bases
racionales de la moral, la sociedad ordena y manda; ella es la fuente de la
moral[39].
En último caso, se reduce la moral a la presión ejercida por la sociedad sobre
la conciencia individual.
También se pudiese hacer derivar del
positivismo el utilitarismo, que nació a finales del s. XVIII con Jeremiah Bentham y
encuentra su culmen con Jonh Stuart Mill s. XIX, el principio fundamental de
esta corriente afirma que la moral consiste en lograr la máxima felicidad para
el mayor número posible de personas. Partiendo de los postulados del empirismo
hace derivar de éstos el bien moral y lo reduce a la utilidad, es decir, que
todo lo que reporta alguna utilidad o produzca progreso social o individual es
bueno, lo contrario es malo. Su
universalidad radica en seguir aquello que sea de utilidad para el bien común. Aparece nuevamente el
eudemonismo pero de una forma social y moderna.
El juicio moral se convierte en un juicio acerca de la felicidad: el
placer (la felicidad) es bueno, y el dolor es malo. Esta es la línea de
vida de la moral utilitarista. Marcado
de materialismo positivista el utilitarismo acepta que la vida consistiría en
buscar aquel estado de cosas en el que se logre la mayor felicidad y la
ausencia de dolor, por eso es preciso hacer
un tipo de aritmética moral que permita llevar a cabo los cálculos
adecuados[40].
Dentro de la historia
aparecen algunas teorías morales que niegan el hecho moral y se denominan
morales de la espontaneidad, de la naturaleza o del impulso vital. Se
caracterizan principalmente por rechazar todo convencionalismo y el carácter
abstracto de los sistemas morales[41].
En este horizonte y como reacción a lo propuesto anteriormente por las diversas
corrientes filosóficas, especialmente el marxismo y el positivismo, aparece el filósofo
alemán Friederich Nietzsche.
Nietzsche, crítico de la
sociedad heredera del positivismo, materialismo, evolucionismo, pesimismo,
racionalismo y cristianismo, aborda el problema moral desde dos obras
fundamentales “La Genealogía de la moral” y “Más allá del bien y del mal”, en las cuales cuestiona la
pretensión de toda moral: establecer lo bueno y
lo malo. Para Nietzsche la moral nace de los fuertes, del superhombre que crea sus propios valores. Tomando como modelo el
espíritu dionisíaco que se deja llevar por el instinto de vida, que irrumpe y
no se reprime, el superhombre es el que se deja guiar por la voluntad de poder
y establece desde esa voluntad sus juicios morales. Hay que ser fiel a la
tierra y al hombre mismo. En contraposición a la moral del superhombre aparece
la moral de los débiles, esclavos o mediocres. Los débiles no pueden
sobrevivir, no son capaces de vivir por sí mismos, aman una religión común, una
moral común, usos comunes. La moral de los esclavos es necesaria[42].
Pero, se descubre entonces que el superhombre es inmoral pues debe ir más allá
del bien y del mal para establecer su voluntad de poder, el poderoso es el que
vive sin reglas y establece sus propias reglas. De esta manera el superhombre con
su voluntad de poder es el valor absoluto en el pensamiento moral de Nietzsche[43].
Pasando a otra corriente
filosófica influyente, necesariamente hay que mencionar la fenomenología,
fundada por Edmund Husserl, el cual estableció una nueva forma de hacer
filosofía; un nuevo camino para encontrar por medio de la intuición y
descripción la esencia de las cosas. El representante en el campo ético
fenomenológico es Max Scheler, fundador de la axiología moderna. Como todo
fenomenólogo busca “ir hacia las cosas
mismas” y describir los fenómenos, descubriendo la esencia de las cosas en
la descripción. Al abordar el tema de la moral se
centra en la teoría de los valores y hace brotar la moralidad de la realización
de los valores en la vida práctica. Los valores no pueden ser conocidos por el
intelecto sino que son sentidos por el ánimo, es decir, por la intuición
sentimental o visión emocional[44].
Esta intuición hace captar los valores y su jerarquía a cuya base están los
valores del sentir sensible, siguiéndole los del sentir vital, el tercer grado
lo forman los valores del espíritu y el cuarto grado los valores de lo sumo y
lo profano[45].
A este autor se le debe el haber creado una ética material de los valores
desarrollada de modo novedoso por Nicolai Hartmann en su voluminosa obra “Ética”.
La filosofía analítica ocupa un lugar
importante en la filosofía contemporánea, y dentro de su trayectoria hay
diferentes autores que en torno a la cuestión ética tomaron heterogéneas
posturas, además se ve en esta filosofía el nacimiento de la metaética, es
decir, la definición de los conceptos morales. Se desarrolla principalmente en
dos centros específicos: Cambridge y Oxford.
Como una rama de esta corriente
aparecen, en un primer momento, los
neopositivistas de Cambridge. Los nombres más sobresalientes son Rusell, George
Edward Moore
y Wittgenstein.
Interesa en este apartado G. E. Moore ya que aparece como el mayor
representante del intuicionismo, una de las corrientes más influyentes de la
metaética analítica, que afirma la indefinibilidad del bien. Su filosofía se
centra en el rechazo del idealismo, la defensa del sentido común y en el ámbito
de la ética en la lucha contra la falacia naturalista[46]. La
obra más famosa de Moore, “Principia Ethica” publicada en 1903, refuta
la falacia naturalista con su afirmación de que el concepto de lo bueno se
refiere a una cualidad sencilla, indefinible e imposible de analizar respecto a
las cosas y situaciones concretas. Es una condición no natural, porque se
aprehende no por el sentido de la experiencia sino por un tipo de intuición
moral. La bondad es evidente en aquellas experiencias como la amistad y el
placer estético. Los conceptos morales de derecho y deber son, entonces,
examinados en términos de la producción de todo aquello que posea bondad[47].
En Oxford sobresalen Carnap, R. von Mises, Reichenbach y Ayer que fueron
radicales emocionalistas o emotivistas[48]
y se enmarcan dentro de las teorías no cognitivas de la moral junto con el
decisionismo[49] o
prescriptivismo de R. M. Hare. Estos aplican el análisis lingüístico a la
metanoética.
Ayer adquiere la posición extrema de todos patentada en su obra “Lenguaje,
verdad y lógica” (1936). Él habla de proposiciones analíticas y empíricas,
los juicios morales no entran en ninguna de estas dos categorías de proposiciones
ya que los principios morales no hacen ninguna afirmación analítica y mucho menos
son empíricos. En la frase “es bueno ayudar a una persona que se encuentra en
necesidad”, el predicado valorativo bueno no está contenido en el concepto de
sujeto. Se desprende de esto que los principios morales sirven únicamente para
la expresión de los sentimientos o bien de las actitudes del hablante, para
suscitar sentimientos y obtener como efecto una acción (lenguaje perlocucionario
en Austin). Según Ayer la filosofía moral se agota en la definición de los
conceptos morales (metaética) y no sería posible una ética normativa[50].
El prescriptivismo de Richard Mervyn Hare en su obra “El
lenguaje de la moral” (1952),
asegura que la moral utiliza un lenguaje valorativo, cuya característica
fundamental es la prescripción de conductas que se fundamentan en razones que
se expresan mediante un lenguaje descriptivo. Las
prescripciones tienen en común con las descripciones su parte «frástica» (del
griego fraso, indicar), en la medida en que dicen algo a
alguien; pero se distinguen de la descripción por su parte «néustica» (de veón,
mostrar anuencia, prometer), en la medida, en que imponen un imperativo a
alguien[51].
Los
enunciados morales han de ser universalizables, es decir, cualquier predicado
moral ha de aplicarse a aquello que posea las mismas características y la razón
que justifica la obligación de la acción ha de obligar también a todas aquellas
personas que se hallen en circunstancias similares. Por eso para Hare es de
capital importancia que todos los juicios morales sean reducidos a imperativos.
La imparcialidad es el fundamento de los juicios morales, aunque para Hare sólo
es exigible universalmente lo justo, no lo bueno.
El procedimentalismo ético no recomienda ningún contenido moral
concreto, sino que intenta descubrir los procedimientos que permiten legitimar
todas aquellas normas que provienen de la vida cotidiana. Como procedimientos únicamente
serán válidos aquellos que manifiesten la praxis racional desde una perspectiva
de igualdad y universalidad. Esta praxis racional es, sin embargo, dialógica, y
ha de llevarse a cabo a través del diálogo entre todos los afectados por dichas
normas. Dentro de esta línea aparece Rawls destacado en la jurisprudencia y ética política con su “Teoría de la justicia”.
En la reflexión ética que
se realizó en la escuela de Francfort cabe destacar a Jürgen
Habermas y su propuesta ética conocida como la ética del discurso desarrollada también por Karl O. Apel. Para Habermas el criterio para saber si una
norma es correcta ha de fundarse en dos principios: El principio de universalización,
que reformula dialógicamente el imperativo kantiano de la universalidad, y que
es expresado así: "Una norma será
válida cuando todos los afectados por ella puedan aceptar libremente las
consecuencias y efectos secundarios que se seguirían, previsiblemente, de su
cumplimiento general para la satisfacción de los intereses de cada uno".
El principio de la ética
del discurso: "Sólo pueden
pretender validez las normas que encuentran (o podrían encontrar) aceptación
por parte de todos los afectados, como participantes en un discurso práctico".
La racionalidad inherente
al diálogo es comunicativa y ha de satisfacer intereses universalizables.
La ética del discurso no pretende sólo fundamentar racional y
dialógicamente lo moral, sino que busca también su aplicación en la vida
cotidiana.[52]
Por otra parte, en el
debate ético, tiene una presencia muy fuerte el pensamiento personalista. Éste es una corriente filosófica
que rescata el valor de la persona y su convivencia social, trata de integrar
todas las dimensiones del ser humano y su propuesta ética es muy particular.
Entre sus representantes se encuentran Emmanuel Mounier y Jean Lacroix.
El personalismo nació en
Francia con Emmanuel Mounier. La idea central de este pensamiento es la noción
de “persona, en su inobjetividad, inviolabilidad, libertad, creatividad y
responsabilidad, se trata de una persona encarnada en un cuerpo, situada en una
historia y constituvamente comunitaria”, que está arragaida en una fe
cristiana aceptada sin reservas[53].
Con estas líneas se ve que el personalismo es opuesto al individualismo, al
sistema capitalista y a la reducción de la persona humana a un mero objeto.
La ética personalista es
estrictamente comunitaria. Ve a la persona integrada en un mundo —desde todas
sus dimensiones— en relación con el otro. Propone analizar todas las
dimensiones de la persona, (su nivel social, económico, educativo,
psicológico, personal, comunitario,
espiritual), antes de emitir un juicio moral
“Ello se debe a que,
en el personalismo, la persona es una presencia ante el mundo y ante las demás
personas. «Las otras personas no la limitan, sino que le permiten ser y
desarrollarse; [la persona] sólo existe en la medida en que se dirige hacia los
demás, sólo se conoce a través de los demás, se encuentra sólo en los demás.»
Cuando la comunicación se desvanece o se corrompe, me pierdo a mí mismo: «La
locura es un quebrantamiento de la relación con los otros: el alter se convierte en alienus, y a mi vez yo me transformo
en extraño ante mí mismo, quedando alienado.» Todo esto implica que yo existo
únicamente en la medida en que existo para los otros, y que en el fondo «ser
significa amar»”.[54]
Esta
perspectiva ética se coloca como una alternativa orientadora para la reflexión
actual y ha ganado mucho terreno sencillamente por integrar a la persona y
evitar el reduccionismo de todo tipo.
6.1 CONCLUSIÓN
Este recorrido panorámico ayuda a visualizar la historia, desarrollo y
actualidad del problema ético. Enseña además la importancia de la historia en
su función pedagógica. Ella ilustra al hombre y le muestra el camino que ha de
seguirse, lo que hay que mejorar y aquello que se debe dejar de lado. El trabajo
consistirá en hacer avanzar al hombre por caminos fiables y firmes,
construyendo una sociedad mejor sobre bases morales auténticas. De alguna
manera, hoy en día, siguen vivas algunas de estas tradiciones éticas que han
surgido a lo largo del desarrollo de la filosofía moral. Algunas de ellas se
han modificado en pequeñas o grandes proporciones, aparecen mezcladas o
reforzadas con nuevas posturas y adaptándose a cada nueva situación o
circunstancia[55].
Se comprueba una vez que lo moral no es algo acabado sino que debe de irse
construyendo como un proyecto de una humanidad cuyo anhelo es la conquista de
la verdadera libertad y el logro del auténtico respeto a sí misma. De igual
forma el hombre, como homo viator,[56]
es el modelo de todas las realidades
humanas incluso la realidad moral, en cuanto que esta es un camino por
recorrer, por tanto ha de tenerse siempre como punto de partida a este hombre
en su individualidad y alteridad, en su autoconstrucción personal y su
construcción grupal, en su relación con el Otro, en su esperanza y fin último.
El camino a seguir será una reflexión
con un elemento de apertura a horizontes nuevos, racional, dialógica e
interdisciplinar que tenga en cuenta aquella herencia[57]
de la que se ha enriquecido la reflexión y la praxis misma de la existencia
humana.
Se ve entonces que la ética es un camino
en el que se progresa continuamente y cada época debe, por tanto: a) consolidar
aquello que le es propio, b) asumir la tradición recibida, c) dar el paso hacia
la síntesis que recapitule en un todo práxico la realidad moral (el factum) con lo ideal (principios universales).
Sin embargo, no se sigue de esto que,
la realidad moral no sea universalizable ni que se reduzca a la mera
construcción de sistemas y normas según cada época ni menos que se parta de
postulados ambiguos ni de criterios antihumanos, sino que se trata de una
integración tal que obtenga como producto final una moral objetiva, autónoma,
liberadora y justa. Que parta desde la persona como su fuente y tienda a ella
como su fin. De esto se hablará en el capitulo tercero.
CAPÍTULO II
EL DESARROLLO DE UNA ÉTICA
AUTÓNOMA Y FORMAL: KANT Y EL GIRO COPERNICANO EN LA ÉTICA
2.1 Cuestiones
preliminares: La
Ilustración
Para entender el fenómeno
de la Ilustración
es interesante releer lo que Kant afirmaba y definía como tal en su ensayo “¿Qué es la Ilustración?”:
“La Ilustración
es la salida del hombre de su minoría de edad. Él mismo es culpable de ella. La
minoría de edad estriba en la incapacidad de servirse del propio entendimiento,
sin la dirección de otro. Uno mismo es culpable de esta minoría de edad cuando
la causa de ella no yace en un defecto del entendimiento, sino en la falta de
decisión y ánimo para servirse con independencia de él, sin la conducción de otro.
¡Sapere aude! ¡Ten valor de servirte
de tu propio entendimiento! He aquí la divisa de la ilustración”[58].
Conociendo un poco de
historia se afirmaría que la
Ilustración tiene sus antecedentes en la Baja Edad Media, en los
albores del Renacimiento, a éste le siguió la época moderna, ésta exaltó al
individuo y a la razón misma, liberándole de la servidumbre de la fe,
rechazando todo autoritarismo y juzgando por medio del método todas las cosas.
El abandono y rechazo de la metafísica es signo de protesta contra el
pensamiento escolástico y su dependencia necesaria de la fe. Más tarde, el
radicalismo de Hume en torno a la cuestión del conocimiento, afirmaba que no se puede conocer nada fuera de la experiencia
subjetiva de la realidad, y culminó, cayendo en un empirismo escéptico; esto sucedió
como preludio de esta etapa de la historia (la Ilustración) que
pondría en primer lugar la razón y el método como programa filosófico.
Como consecuencia surge
dentro de la época Moderna la Ilustración[59]
como un movimiento filosófico, pedagógico y político,
en el que se pretende elevar la razón a la categoría de divinidad, no era
realmente algo nuevo, pues, era el programa trazado por Descartes en su
“pienso, luego existo”. El hombre ya no debe esperar a ser guiado por otros
sino que él mismo debe tomar las riendas de su existencia. Debe madurar y ser
un verdadero “homo sapiens” por medio
del uso de su razón y entendimiento. En palabras de Kant se dice “¡atrévete a
pensar por ti mismo!”
Copérnico cambió la visión
del mundo y del hombre, Kant cambió la forma de pensar y derivar los postulados
morales asentando las bases de una moral universal y capaz de dirigir al hombre
por el camino de la razón.
Es importante hacer una
breve presentación de la vida y obra de Kant, ver el progreso de su pensamiento
logrando una visión panorámica de su sistema filosófico.
2.2 Vida y obra de Kant[60]
Immanuel
Kant fue un
destacado y célebre filósofo alemán. Nació el 22 de abril de 1724 en
Königsberg, Prusia oriental; actualmente, Kaliningrado, Rusia. Su padre, Juan Jorge, era guarnicionero y su madre —Regina
Reuter— era ama de casa. La familia, muy numerosa, pasó por duras pruebas: seis
de los hijos murieron muy jóvenes[61].
En 1740 ingresó en la
Universidad de Königsberg como estudiante de teología y fue
alumno de Martin Knutzen, quien lo introdujo en la filosofía racionalista de
Leibniz y Wolff, y le imbuyó el interés por la ciencia natural, en particular
por la mecánica de Newton.
Kant pasó su existencia en su ciudad natal alejándose
pocas veces por cuestiones de trabajo. Residió
por unos meses en Arnsdorf como preceptor, actividad a la cual se dedicó para
ganarse el sustento después de la muerte de su padre, en 1746.
Tras
doctorarse en la
Universidad de Königsberg a los treinta y un años, Kant ejerció
en ella la docencia y en 1770, después de fracasar dos veces en el intento de
obtener una cátedra y de haber rechazado ofrecimientos de otras universidades,
por último fue nombrado catedrático ordinario de Lógica y Metafísica. Los años de la vejez fueron los más desdichados. Kant se
vio afectado por el peor de los males que puede caer sobre un estudioso: quedó
casi ciego, perdió la memoria y la lucidez intelectual. Su vida se extinguió en
1804.
Se suele dividir el pensamiento
kantiano en dos períodos:
El primero llamado precrítico, caracterizado
por su apego a la metafísica racionalista de Wolff y su interés por la física
de Newton. En 1770, tras la obtención de la cátedra, se abrió un lapso de diez
años de silencio durante los que acometió la tarea de construir su nueva
filosofía crítica, después de que el contacto con el empirismo escéptico de
David Hume le permitiera, según sus propias palabras, «despertar del sueño
dogmático». Los años que transcurren entre 1770 y
1781 constituyen el momento decisivo para la formación del sistema kantiano.
El
segundo período llamado crítico se inicia en 1781. Después
de una larga meditación surgió la primera Crítica (Crítica de la razón pura,
1781), a la que siguieron las otras grandes obras en las que figura el pensamiento
maduro de este filósofo, en particular, las otras dos Críticas: la Crítica de la razón
práctica, en 1788, y la Crítica
del juicio, en 1790.
La piedra angular de la filosofía de
Kant, a veces llamada filosofía crítica[62] o
filosofía trascendental, está recogida en su “Crítica de la razón pura”
(1781). En esta obra trata de fundamentar el conocimiento humano y fijar sus límites,
es toda una revolución epistemológica al estilo de Copérnico (entendiendo el
“estilo” en cuanto a la trascendencia y significado de su obra), propone una
nueva teoría del conocimiento y la categoría principal es la de la “trascendentalidadl”, es decir, un conocimiento estructurado
a partir de una serie de principios a
priori impuestos por el sujeto que permiten ordenar la experiencia
procedente de los sentidos; esto es lo trascendental para la filosofía
kantiana.
Posteriormente en la “Crítica de la razón práctica” (1788) establece la necesidad de un principio moral a priori, el llamado imperativo categórico, (compuesto de principios
o leyes prácticas que ordenan una determinada conducta con independencia de la
materia de la acción y de sus efectos).
Kant trató de unificar ambas Críticas
con una tercera, la “Crítica del juicio, que
estudia el llamado goce estético y la finalidad en el campo de la naturaleza.
Cuando en la posición de fin interviene el hombre, el juicio es estético;
cuando el fin está en función de la naturaleza y su orden peculiar, el juicio
es teleológico. En ambos casos cabe hablar de una desconocida raíz común,
vinculada a la idea de libertad.
El método trascendental formulado por Kant se resume en las tres críticas que se han presentado de manera panorámica arriba. Su labor consistió en responder a la pregunta filosófica por excelencia: ¿Qué es el hombre? Desde esas tres obras fundamentales de su sistema de pensamiento él responde, en cada una de ellas a una pregunta específica, ¿Qué puedo conocer? ¿Qué debo hacer? ¿Qué me cabe esperar? Refiriéndose en su respuesta a un uso específico de la razón (uso teórico y práctico).
Con su teoría
del conocimiento, Kant intentó superar la oposición entre el racionalismo y el
empirismo. Según él, el contenido o “materia” del conocimiento llega desde
fuera a través de los sentidos, pero el orden o “forma” de la experiencia
procede de las estructuras propias de la mente.
Del mismo modo, en el campo de la filosofía moral, Kant distingue entre
la materialidad de los hechos morales y la forma o el porqué de la acción. Lo
que cuenta moralmente no son los hechos en sí, sino el motivo que lleva a
actuar de una determinada manera, es decir, su adecuación a los imperativos
morales que impulsan a obrar por respeto al deber.
El objetivo de
la crítica es determinar los límites dentro de los cuales la razón es capaz de
instaurar un orden de certezas indudables; más allá de éstos, la metafísica no
puede engendrar sino conocimientos ilusorios: las ideas de la libertad, de Dios,
de la inmortalidad del alma. Lo cual no significa que los contenidos de estas
ideas no existan; Kant los rescatará como “postulados de la razón práctica”,
que no incrementan el conocimiento de la realidad, pero alimentan la esperanza
y fundamentan una moralidad que no esté condenada a la desesperación de la pura
inmanencia.
Ahora interesa conocer de manera más explícita la ética kantiana, su novedad y fundamento, en su obra capital en este campo: “Critica de la razón práctica”.
2.3 La razón práctica y su
fundamentación
Kant es uno de los filósofos más destacados en el campo de la
reflexión ética filosófica; su sensibilidad hacia los datos de la vida moral y
su análisis perspicaz y acertado han dado un gran aporte en esta dimensión del
ser humano, iluminando algunos aspectos de la vida moral y han marcado la
reflexión posterior sobre este tema. Su influencia se puede notar en Rawls,
Habermas y Karl O. Apel. Aunque el trabajo compete meramente la “Crítica de la razón práctica” se
remitirá también a la obra “La
fundamentación de la metafísica de las costumbres” por ser una obra de
referencia y preparación al desarrollo ulterior de su pensamiento moral.
El uso teórico de la razón ha quedado delimitado y demostrado por
Kant en la “Crítica de la razón pura”. Sin
embargo, la razón humana no es únicamente razón teórica que se ocupa del modo
de conocer sino que es a la vez razón práctica, es decir, una razón capaz de
determinar la voluntad y la acción moral del hombre. Si en el uso teórico es
imposible la idea de libertad, inmortalidad y de Dios (la metafísica), en el
uso práctico estas realidades son posibles.[63]
Kant intenta resolver la problemática de la metafísica en el plano moral
(práctico) y la propone como una necesidad natural en el hombre. El hombre no
puede conocer el absoluto puesto que su conocimiento se limita a la
experiencia, por un lado, pero se puede acceder a algo que se le acerca un poco
gracias a que está dotado de razón. Este acercamiento se realiza en la
conciencia moral del sujeto[64].
Por eso, si se logra demostrar que existe una razón pura práctica —que
por sí sola pueda mover y determinar la voluntad— se eliminaría cualquier
problema posterior que haga referencia a su legitimidad y sus
pretensiones. Esta vez por lo contrario,
será criticada no la razón pura práctica, sino la razón práctica en general, y
de modo especial la razón práctica empíricamente condicionada, que pretenda
determinar por sí sola la voluntad.
Kant, tratará en la “Crítica de la Razón Práctica” exactamente
lo contrario de lo que trató en la “Crítica de la Razón pura”, él mismo aclara en el prólogo de su obra el
fin que se propone y cómo no es necesario una crítica de la razón pura práctica
sino solamente una crítica de la razón práctica puesto que si se demuestra la
existencia de la razón práctica pura no necesitará critica alguna. ¿Cómo
es esto posible? Kant lo expone de la siguiente manera: en la razón práctica
las pretensiones de ir más allá de los propios límites legítimos se dan en la
razón práctica empírica (ligada a la experiencia), que aspira a determinar por
sí sola la voluntad; en cambio, en la razón teórica las pretensiones de la
razón consistían en dejar de lado la experiencia y alcanzar por sí sola el
objeto. En la “Crítica de la
Razón práctica” critica las pretensiones opuestas de la
razón práctica de quedar siempre ligada exclusivamente a la experiencia[65].
Éstas son sus palabras:
“No tenemos que elaborar una crítica de la razón pura práctica,
sino únicamente de la razón práctica en general. Aquí, en efecto [en la
práctica], la pura razón, aunque se muestre que existe, no exige ninguna
crítica. Al contrario, ella misma contiene el criterio para la crítica de todo
su propio uso. La crítica de la razón práctica tiene en general la obligación
de disuadir a la razón empíricamente condicionada de la pretensión de
suministrar, ella sola, el fundamento exclusivo para determinar la voluntad.
Aquí [en la razón práctica] el uso de la razón pura, si existe, sólo es
inmanente [esto es, no se excede de sus límites]; por lo contrario, el uso
empíricamente condicionado que se arrogue la exclusividad [de valer sólo él],
es trascendente [esto es, trasciende sus límites, se escapa de su lícito
ámbito], y se manifiesta a través de presunciones y de órdenes que van mucho
más allá de las fronteras de su territorio. Tenemos, pues, una relación
exactamente inversa a la que se halló en el uso especulativo de la pura razón”[66].
La razón práctica será el
objeto de reflexión para Kant, y es aquí donde se encuentra la centralidad de su
pensamiento moral: buscar los fundamentos de la moral no en la experiencia ni
en la sensibilidad sino en la propia naturaleza humana, es decir, en la razón
misma. Si logra encontrar los fundamentos de esta moral habrá descubierto una
ley universal válida para todos los seres racionales. Los fundamentos de esta
ley no pueden provenir ni de la experiencia sensible ni de la idea de un ser
superior sino que deben brotar del hombre mismo. Kant lo expresa de esta forma:
“Todo aquello, pues, que sea empírico representa un añadido al principio de
la moralidad, y, como tal, no sólo resulta inadecuado sino (y) altamente
perjudicial para la pureza de las costumbres mismas, el valor propio —y más allá de todo
precio— de una voluntad absolutamente pura consiste justamente en que el
principio de la acción se halla libre de todos aquellos influjos de motivos
contingentes que sólo la experiencia es capaz de proporcionar.”[67]
Kant declara indispensable la constitución de una ética
estrictamente racional purificada de todo elemento empírico que puede
perjudicar todo su sistema. Como los principios de tal moral se fundan en
conceptos de la razón, obtienen validez universal para cualquier ser racional.
A esta ética la denomina metafísica de las costumbres. Distinguiendo tres
niveles de conocimiento moral Kant desarrolla el progreso de este conocimiento
y propone como fin de la razón producir una voluntad buena.
En la base de esta clasificación kantiana se encuentra el
conocimiento moral común, de éste se pasa al conocimiento moral filosófico o
filosofía popular hasta llegar al tercer nivel que es el de la metafísica de
las costumbres en donde la moral no se deja detener por nada empírico llegando
a las ideas mismas.
2.3.1 La buena voluntad como bien incondicionado y fin de la razón
práctica
Al inicio de la
Fundamentación, Kant, se propone mostrar el paso del
conocimiento moral común de la razón al conocimiento filosófico. En esta
primera parte, tratará de fundamentar el porqué la razón (en su facultad
práctica) ha sido dada al hombre para regir su vida y conseguir su fin mostrando
que el deber ha de ser el que constituya el medidor del valor moral de las
acciones.
Para ello establece que lo único en el mundo que puede ser pensado
y considerado como bueno sin restricción
es una “buena voluntad”. Ésta no es
el único bien, pues hay otros bienes que pueden ser deseados y provechosos pero
si la voluntad que ha de hacer uso de ellos no es buena pueden llegar a ser
malos y dañinos, de modo que la buena voluntad constituye la condición que hace
dignos a los hombres de ser felices. El valor que pueda otorgársele a la buena
voluntad no le proviene ni por lo que hace ni por los fines que se establezca
sino que es buena en sí misma.[68]
Las cosas adquieren su bondad por medio de la buena voluntad, es
decir, que si una persona tiene una gran fortuna pero no tiene una buena
voluntad puede utilizar ese bien para hacer el mal (comprar armas, financiar
ataques terroristas, armar una red de narcotráfico, etc.), de lo contrario si
la buena voluntad rigiera a esa persona su fortuna se utilizaría para realizar
el bien (fundar hospitales para atender a los enfermos gratuitamente, invertir
en la educación de los niños, crear programas de asistencia psicológica y
económica a madres solteras, etc.).
¿De dónde proviene la
buena voluntad, quién la crea o realiza, dónde se puede conseguir o hallar?
Kant introduce un teleologismo natural para hacer ver que el ser humano se
diferencia de los otras especies al haber sido dotado de razón para la
consecución de sus fines, siendo que la naturaleza dota a todos los seres con
las capacidades necesarias para la realización de su fin, Kant afirma que:
“nos ha sido
concedida la razón como facultad práctica, es decir, como una facultad que debe
tener influjo sobre la voluntad, resulta que el destino verdadero de la razón
tiene que ser el de producir una voluntad buena, no en tal o cual sentido, como
medio, sino buena en sí misma, cosa para la cual la razón es
absolutamente necesaria, si es que la naturaleza ha procedido por doquier con
un sentido de finalidad en la distribución de las capacidades”[69]
Este es el fin incondicionado de la razón y es ella la que hace
posible la buena voluntad, por eso, es necesaria la razón como facultad
práctica y allí es demostrada su existencia o necesidad. Se propone de manera
contundente la buena voluntad como bien supremo y como condición para cualquier
otro bien.
El otro fin de la razón práctica, aunque condicionado, es el de la
felicidad ya que es necesaria la buena voluntad para que se cumpla el bien de
la felicidad.
2.3.2 El sentido del deber como
valor moral de la buena voluntad
Ahora va a describir las acciones que realiza el ser humano y la
valoración moral de ellas va a tener como punto de referencia el concepto del
deber. Kant se auxilia de este concepto para explicar y fundamentar el hecho de
una buena voluntad, una voluntad es moralmente buena cuando el único motivo
que la impulsa a actuar es el sentido del deber. Para explicar mejor esto,
el autor hace una distinción entre el obrar humano, separando las acciones en
aquellas que van conforme al deber, las acciones realizadas por una inclinación
inmediata y las llevadas a cabo por inclinaciones egoístas; ninguna de estas
acciones posee un valor moral ni aun las que se realizan conforme al deber,
puesto que no es condición de moralidad realizar una acción conforme al deber
ya que pueden existir intereses egoístas o inclinaciones subjetivas para obrar
de ese modo.
Kant propone el ejemplo de una máxima para fundamentar lo
anterior: “ser benéfico en la medida de
lo posible es un deber”. Él argumenta que hay personas que tienen una
disposición interior para ser benéficas y encuentran placer al ayudar a los
otros y se alegran de la felicidad de los demás en cuanto ellas han procurado
esa felicidad. Por muy conforme al deber que sea esa acción, Kant sostiene que
tal acción, carece de valor moral pues ha sido realizada por una inclinación de
la persona y no por deber.
Distinto fuese que la persona no estuviese en disposición para
procurar el bien ajeno en cuanto que ella está pasando por un momento difícil,
y más aún cuanto que no le interesara hacer el bien ni le conmoviese la miseria
ajena y realiza una acción benéfica sin que la mueve inclinación alguna sino sólo
por deber, esa acción, y únicamente en ese sentido, posee el verdadero valor
moral que le compete.
Hay que hacer el bien por deber no por inclinación, expresa el filósofo
de Königsberg. Sin embargo, es interesante saber que las acciones realizadas
por caridad o compasión, es decir, aquellas acciones benéficas que se realizan,
carecen de valor moral pero no se niega que tengan otro tipo de valor en cuanto
su utilidad y han de ser aprobadas y estimuladas como valor condicionado.[70]
Hay
que aclarar que “una acción hecha por deber no tiene su valor moral en el
propósito que por medio de ella se quiere alcanzar, sino en la máxima por la
cual ha sido resuelta: no depende pues, de la realidad del objeto de la acción,
sino meramente del principio del querer según el cual ha sucedido la acción,
prescindiendo de todos los objetos de la facultad de desear”[71]
Se recuerda que el propósito de la ética kantiana es
purgar la moral de todo elemento empírico proveniente de la sensibilidad, por
ello, el fin o propósito de la acción no la hace moralmente buena sino
únicamente se considera buena porque ha sucedido por deber.
En la línea de entender el deber como “la necesidad de
una acción por respeto a la ley”[72] se encuentra una proposición importante; la
ley sería el motor objetivo que determina la voluntad y el respeto puro a esa
ley sería el motor subjetivo. La legalidad universal sirve de principio a la
voluntad y la máxima que se deriva de ésta es la siguiente: “yo no debo obrar nunca más que de modo que pueda querer que mi máxima se convierta
en ley universal”. Esta legalidad universal es la que rige en
principio a la voluntad buena en sí misma, incluso en resquebrajo de las
propias inclinaciones, la razón práctica juzga las situaciones y resuelve el
problema del conflicto moral por medio de las máximas que ordenan a la voluntad
y de esta forma:
“no hace falta ciencia ni filosofía alguna para saber qué es lo que se
debe hacer para ser honrado y bueno, y hasta sabio y virtuoso. La verdad es que
podía haberse sospechado esto de antemano: que el conocimiento de lo que todo
hombre está obligado a hacer y, por tanto, también a saber, es cosa que compete
a todos los hombres, incluso al más común. Y aquí puede verse, no sin
admiración, cómo en el entendimiento de juzgar prácticamente es muy superior al
de juzgar teóricamente”[73].
Así, ha detallado Kant el paso del conocimiento moral común al
conocimiento filosófico desarrollando el concepto del deber y proponiendo la
máxima de la legalidad universal como criterio de decisión moral. Al momento de
tomar una decisión moral hay un problema entorno a lo que hay que elegir o
decidir y en este sentido parece interesante el concepto de “dialéctica natural” propuesto por Kant. Ésta dialéctica se origina
cuando surge el conflicto entre los preceptos que la razón ordena y los deseos
subjetivos del ser humano. Kant lo plantea de esta forma:
“es,
una tendencia a discutir esas estrechas leyes del deber, a poner en duda su
validez, o al menos su pureza y severidad estrictas, acomodándolas en lo
posible a nuestros deseos e inclinaciones, es decir, en el fondo, a
pervertirlas y privarlas de su dignidad, cosa que al fin y al cabo la propia razón
práctica común no puede aprobar en absoluto”[74].
Si esto que dice Kant tiene algo que ver con
la realidad actual es pura coincidencia, hoy en día las personas (no todas)
tienden a privarse del cumplimiento de sus deberes por el simple hecho de
satisfacer sus deseos e inclinaciones, incluso tuercen las reglas para el
propio beneficio sin importar los daños que se ocasionen a terceros con dichas actitudes.
2.3.3 El imperativo categórico y la ley moral
En el segundo capítulo de la Fundamentación, Kant, expone el tránsito de la
filosofía moral popular al de la metafísica de las costumbres. En este
apartado se empieza por mantener la posición de que las leyes de la moral no
pueden provenir ni deducirse de la experiencia ni de los deseos o inclinaciones.
Y aunque algunas acciones no se realizaran jamás no dejarían de ser exigibles y
mandadas por la razón.
Así, por ejemplo, afirma Kant: “la pura lealtad en las relaciones de amistad no podría dejar de ser exigible a todo hombre, aunque hasta
hoy no hubiese habido ningún amigo leal, porque, como deber en general, este
deber reside, antes que en toda experiencia, en la idea de una razón que
determina la voluntad por fundamentos a priori”[75].
El
objetivo ahora en esta parte es “investigar
y exponer claramente la facultad práctica de la razón, desde sus reglas
universales de determinación hasta allí donde surge el concepto del deber.”[76]
Es
aquí donde se encuentra el punto de enlace con “la
Critica de la razón
práctica”. Las acciones que el ser humano realiza no siempre son
determinadas por la razón, puesto que, a veces, dichas acciones pueden
perjudicar las inclinaciones o intereses del sujeto y se permite no cumplir lo
que la razón le ordena. Al saber que la voluntad no es determinada por la razón
si no que hay resortes de la experiencia subjetiva Kant hace una observación
muy audaz.
La
voluntad no es por su naturaleza necesariamente obediente a los mandatos de la razón
pero eso no niega que existan leyes objetivas ordenadas por la ésta y a las
cuales la voluntad debería obedecer, la relación de esta obediencia de la
voluntad a la ley de la razón se denomina Imperativo.
“Los imperativos constituyen solamente
fórmulas para expresar la relación entre las leyes objetivas del querer, en
general y la imperfección subjetiva de la voluntad de tal o cual ser racional,
por ejemplo, de la voluntad humana”.[77]
En la Crítica, Kant, postula la idea de los
principios prácticos. Éstos son reglas generales que determinan la voluntad y
de las que se derivan otras reglas prácticas particulares. Un principio práctico
sería, por ejemplo: “cuida tu salud” y las reglas que se derivarían de dicho
principio podrían ser estas: “practica algún deporte”, “ten una dieta
balanceada”, etc.
Los principios se dividen en dos grupos: máximas e imperativos.
Las primeras son principios prácticos aplicables a la voluntad de un sujeto,
por lo tanto, son subjetivas, por ejemplo el principio “cuando la vida es un
problema, el suicidio es un deber”, es una máxima que vale sólo para aquel que
la considere como regla práctica para su existencia pero, no es válida para
todos los seres racionales. Mientras que los segundos son principios prácticos
válidos para la voluntad de todo individuo, son objetivos y se reconoce su
necesidad en la acción, son mandatos o deberes, un
imperativo es, según Kant:
“una
regla que se designa por un deber-ser que expresa la obligación objetiva de la
acción, y significa que si la razón determinara totalmente la voluntad, la
acción tendría que suceder ineluctablemente según esa regla”[78]
Pero,
como la razón no determina a la voluntad totalmente, la obligación moral se
expresa como un imperativo o mandato de la razón.
En
la “Fundamentación” distingue los imperativos
categóricos de los hipotéticos al igual que lo hace en la “Critica”.
“Pues bien, todos los imperativos
mandan, o bien hipotéticamente, o bien categóricamente. Aquéllos representan la
necesidad práctica de una acción posible como medio de conseguir otra cosa que
se quiere (o que es posible que se quiera). El imperativo categórico sería
aquel que representa una acción por sí misma como objetivamente necesaria, sin
referencia a ningún otro fin”.[79]
En
la “Crítica” lo expresa de la
siguiente manera:
“En consecuencia los imperativos valen objetivamente y
son completamente distintos de las máximas como principios subjetivos. Pero
aquellos determinan las condiciones de la causalidad del ente racional como
causa eficiente sólo respecto del efecto y suficiencia para él mismo, o bien
determinan la voluntad, sea suficiente o no para el efecto. Los primeros son
imperativos hipotéticos y contendrán meros preceptos de habilidad; los
segundos, por el contrario, serán categóricos y únicamente leyes prácticas.”[80]
Y
después hace la siguiente aclaración:
“Las máximas son principios, pero no imperativos.
Pero los imperativos mismos, cuando son condicionados, es decir, cuando no
determinan la voluntad simplemente como voluntad sino sólo respecto de cierto
efecto apetecido, esto es, cuando son imperativos hipotéticos, son sin duda
preceptos prácticos más no leyes.”[81]
Una
vez establecida esta diferencia es posible, ahora, afirmar contundentemente que
el imperativo categórico es el único mandato incondicionado, es decir, a priori
por el cual se da la ley moral. Solamente él tiene valor moral.
Sin embargo,
se observa en el pensamiento kantiano un doble uso del término “imperativo categórico”. En el primer uso, son varios los imperativos; en
el segundo únicamente existe un imperativo[82].
La primera acepción admite que cada juicio de obligación moral es un imperativo
categórico: “no debes prometer lo que no puedes cumplir”,
“nunca debes mentir”, “debes ser honesto”. Para saber si son imperativos
categóricos o comprobar su obligatoriedad moral no se debe regir por la
construcción gramatical del imperativo, como lo afirma Kant:
“se debe sospechar siempre que algunos
imperativos aparentemente categóricos pueden ser en el fondo hipotéticos”[83].
Puesto
que en el fondo pueden ser imperativos hipotéticos.
1. “sí has prometido ser honesto,
deberías procurar mantenerlo”. Éste
es un imperativo hipotético.
2. “Todas las mañanas deberías de
hacer ejercicio”. Éste sería un imperativo categórico
Más
aún, en 2 se observa un imperativo hipotético formulado de manera elíptica. En
1 aparece a primera vista un imperativo categórico. La construcción gramatical
del caso 1 indica que mediante el predicado categórico no se excluye cualquier
condición. “Se excluyen unos fiat de
contenido propios del actuante como fundamento determinante de la voluntad, en
que descansa la necesidad práctica de la acción”.[84]
3. Nadie debe matar a una persona, si no es en
el caso de legítima defensa.
4. Nadie debe practicar guitarra en su casa,
si con ello molesta al vecino.
Ambos
casos son imperativos categóricos, mediante las condiciones señaladas en 3 y 4
no se elimina la necesidad práctica y objetiva de la acción, por ello la
necesidad no depende de las metas del actuante como fundamento determinante.[85]
Suponiendo
que un estudiante de medicina quiere obtener su título universitario, pues para
lograr tal fin el medio que tendrá que utilizar es aplicarse y estudiar mucho,
en este caso el imperativo rezaría así: “si quieres aprobar tu carrera
universitaria, debes estudiar”; se deduce que la acción de estudiar está condicionada
por el objeto material de aprobar la carrera universitaria, en este caso sería un imperativo hipotético válido únicamente
con la condición de que se quiera tal fin y es válido objetivamente para todos
aquellos que se propongan dicho fin[86].
Igualmente
se podría decir de la persona que tiene un cargo en el gobierno de un país y
que se preocupa por ser honesto en el puesto que ocupa, porque piensa que si
realiza algún acto de corrupción y es descubierto va a ser castigado. Se
muestra que su actuar está condicionado por el temor a ser penalizado y
cualquier otro que se propusiera tal fin sería por conveniencia propia.
A su
vez, estos imperativos hipotéticos se constituyen en reglas de habilidad cuando
persiguen un fin concreto, como los ejemplos citados anteriormente, o como consejos
de prudencia cuando se proponen metas generales, en particular, la búsqueda de
la felicidad; ya que ésta tiene diferentes matices los imperativos que se
propongan tal fin sólo pueden ser consejos de prudencia “sé honrado para que te
tengan confianza”, “sé respetuoso con los mayores”, “procura tener buena fama”,
etc.[87]
En
el caso de los imperativos categóricos la acción es objetiva en sí misma y no
admite las preferencias personales, es más las excluye y sólo admite su mandato
como tal. Para el funcionario público que ejerce su trabajo de forma honesta y
honrada, porque considera que esa actitud es buena en sí misma, sin importar
las consecuencias (condecoraciones, la muerte, las críticas, etc.), su imperativo
es categórico puesto que considera su acción como buena en sí misma y es válida
para cualquier persona.
Por
ejemplo, “debo respetar la vida porque es un actitud buena en sí misma” o “debo
cuidar el medio ambiente”, si se piensa en que estas máximas subjetivas pueden
convertirse en leyes universales, es decir, en válidas para todos los seres
racionales, hay que trasladar dichas acciones como queridas por los demás y
encontrar en ellas una obligatoriedad universal. Pero si la máxima contraria
“debo asesinar al que me ofende” es deseada como ley universal, hay en ella una
contradicción lógica, pues ya no quedaría nadie vivo en este mundo, por ser
contrario a la razón y a la naturaleza humana. Sólo cuando la máxima es válida
como ley universal, sin ser comprobada en la experiencia sino, por la simple
obligatoriedad que expresa la ley moral, es llamada, entonces, un imperativo
categórico, pues, y únicamente en este sentido, respetar la vida incluso renunciando
a la inclinación de venganza y de placer, es un deber válido para todos. [88]
2.4
Las formulaciones del Imperativo categórico.
En el segundo uso que hace se apreciará que es en sentido
exclusivo, es decir, hay un sólo imperativo categórico[89].
Parece oportuna la distinción que realiza Friedo Ricken, siguiendo a Kant, en
el plano de las sentencias prácticas. Según él, hay tres: “imperativo categórico, axiomas y sentencias prácticas que formulan
decisiones. El primero, es el enjuiciamiento de las máximas por el imperativo
categórico, que conduce a unos axiomas prácticos objetivos. El paso segundo es
la aplicación del axioma objetivo a la situación el cual conduce a unas
decisiones”[90]
Esta clasificación se aleja un poco de la propuesta
kantiana y constituye en sí una limitación al sistema mismo, pero sirve para
enmarcar el criterio de moralidad propuesto por Kant en la formulación del
imperativo categórico. Kant realiza diferentes formulaciones de éste
y en la “Fundamentación” presenta
cuatro fórmulas de las cuales sólo la primera ha sido retomada en la “Crítica”: se pudiese llamar a esta
primera fórmula la “fórmula fundamental”, “principal” o “subordinante”.
2.4.1 El único imperativo categórico:
"Obra sólo de forma que puedas
desear que la máxima de tu actuación se convierta en una ley universal."
Esta
fórmula enunciada por Kant en la Fundamentación
y asumida en la Crítica expresa la pura relación formal necesaria
para la ley moral (la universalidad), y enuncia la regla por la cual se ha de
conocer la necesidad de una acción que es al inicio de un sujeto (subjetiva),
pero que, al final realiza el paso hacia la universalidad y validez para
cualquier otro sujeto (objetiva)[91].
De
este único imperativo hará derivar los demás. “Si
de este único imperativo pueden derivarse, como de un principio, todos los
imperativos del deber, podremos al menos mostrar lo que pensamos al pensar el
deber y lo que significa este concepto”[92].
2.4.2
Ley de la naturaleza del mundo inteligible: "Obra como si la máxima de tu acción debiera convertirse, por tu
voluntad, en ley universal de la naturaleza".
La
segunda fórmula se apoya en el concepto de “naturaleza”
—entendida como conjunto de leyes que se cumplen
necesariamente o la existencia de cosas sometidas a leyes universales— y
realiza una analogía entre el cumplimiento indiscutible de las leyes del mundo
físico y el cumplimiento de las leyes de la naturaleza del mundo inteligible
(moral) realizando el tránsito de la mera idea a la práctica de la acción. Tomando la acción concreta que alguien se dispone a realizar
y suponiendo que la máxima en la que se inspira tiene que convertirse en ley
necesaria (no susceptible de excepciones) de una naturaleza en la que todos estuviesen
obligados a vivir. [93] Este esquema revela de
inmediato si la acción es objetiva (moral) o no lo es: en efecto, si resulta
que se siente contento de vivir en este supuesto mundo, en el que su máxima se
ha convertido en ley necesaria (que no exceptúa a nadie), se concluye que esa
máxima era conforme con el deber; en caso contrario, no lo era.[94]
2.4.3 La Autonomía,
fundamento de la dignidad humana y la moralidad como condición para considerar
a la persona humana un fin en sí misma: "Obra
de tal modo que uses la humanidad, tanto en tu persona como en la de cualquier
otro, siempre como un fin, y nunca sólo como un medio”.
Ante esa fórmula cabe preguntarse ¿Cómo
fundamenta Kant el valor absoluto de la persona humana? ¿Qué criterios se
derivan para el enjuiciamiento de las máximas a partir de la fórmula de la
autofinalidad (fin en sí mismo)? ¿Cuándo se trata al hombre como fin en sí
mismo?[95]
La fundamentación del valor absoluto se encuentra en el postulado
de la “buena voluntad”, se recuerda
que la buena voluntad es buena en sí
misma, ella, es un bien incondicionado y posee por tanto un valor
ilimitado. Así mismo, el hombre se reconoce como persona por ser moral y por la
autonomía de la razón y de la voluntad cuyo cimiento es la libertad —ésta (la
autonomía) es fundamento del que emana su dignidad— que hace que la voluntad se
determine por la ley que se da a sí misma por medio de la razón.[96]
Ahora bien, si la voluntad, entendida, como facultad de
determinarse a obrar por la representación de ciertas leyes, puede ser definida
también como facultad de obrar en vista de ciertos fines. Aquellos fines propuestos
por las
inclinaciones poseen siempre un valor relativo, y pueden
ser utilizados como medios, para un fin mayor. Pero si por la sola razón se
pudiese establecer un fin ulterior que fuese al mismo tiempo absoluto, tal fin
constituiría el fundamento de la ley
práctica. Para Kant es posible la existencia de un fin semejante, éste es: el
ser racional, “único capaz de proponerse
fines y que, por eso mismo, no es susceptible de ser puesto al servicio de
ningún fin particular sin recurrir con ello en una contradicción práctica”[97].
Todo hombre como ser racional que es, ha de ser considerado como fin en sí y
respetado como tal. Tratar a una persona como fin en sí misma significa que “no se someta a ningún propósito que no sea posible
según una ley que pueda surgir de la voluntad del sujeto pasivo mismo; por lo
tanto, que no considera nunca a éste como mero medio, sino al mismo tiempo
como fin del mismo”[98].
Esta tercera formulación, del único imperativo, es abandonada en
la “Crítica de la Razón
práctica”. El porqué de este abandono se deduce de la intencionalidad de Kant
al querer llevar su formalismo hasta las últimas consecuencias, descartando
todo concepto de fin. En efecto, tal
formulación presupone el siguiente
principio: «la naturaleza racional existe como un fin en sí misma.»[99]
Mas todavía se mantiene en Kant el valor de la persona que
inclusive en la Critica (ver cita anterior) la considera siempre como fin a causa de la ley moral que hay en
ella, pues esta ley es sagrada (inviolable).
2.4.4 El sentido de corresponsabilidad y de
solidaridad: “Obra siguiendo las máximas de un miembro legislador universal
en un posible reino de fines”
En esta (la del reino de los fines) se integran,
materia y forma, incluyendo las otras dos fórmulas subordinadas anteriores.
Pues si cada ser racional (persona) jamás se trata a sí mismo ni a los demás
simplemente como medios, sino siempre y a la vez como un fin en sí mismo, ello
conduce según Kant a un reino de los fines, que realmente no pasa de ser un
ideal. En él forman también los fines de todos con respecto al contenido un
enlace sistemático:
“En efecto, todos los seres racionales están sujetos a la
ley de que cada uno de ellos debe tratarse a sí mismo y tratar a todos los
demás nunca como simple medio sino siempre al mismo tiempo como fin en sí
mismo. Entonces nace de aquí un enlace sistemático de los seres racionales por
leyes objetivas comunes, esto es, un reino que, puesto que esas leyes se
proponen relacionar a esos seres como fines y medios, muy bien puede llamarse
un reino de los fines, aunque, desde luego, sólo en la idea”.[100]
En este “enlace sistemático” pueden
conciliarse entre sí todos los fines del contenido. Enlazando con la fórmula de
la autofinalidad se pide que los fines de cada uno de los actuantes (seres
racionales) no se excluyan sino, por el contrario, que se complementen y
promuevan unos a otros. Así mismo, se propone la cooperación de todos los seres,
en la que cada uno a través de la realización de sus fines amplié según sus
posibilidades la libertad de decisión y de actuación de los otros y contribuya
de esta manera a la realización de los fines de los demás[101].
O esto se llama solidaridad o corresponsabilidad en la acción. Posible,
únicamente, desde el cumplimiento del deber, es decir, desde el querer cumplir
la ley por respeto y admiración.
2.5 La libertad y
la autonomía de la voluntad
Retomando lo
anterior se dice que el imperativo categórico basta por sí mismo para mover (determinar) la voluntad a priori, objetivamente. Y, por tanto,
la razón pura es en sí práctica, porque con la pura forma de la ley es capaz de
determinar a la voluntad.
¿De qué manera
se conoce que es posible el imperativo categórico? ¿Cómo es posible la
obligatoriedad de una acción, o mejor dicho, cómo saber que debe hacerse algo? Kant
señala que la obligatoriedad de un imperativo que no radique en inclinación
alguna de nuestra voluntad (constitución subjetiva) sólo puede establecerse en
que dicho imperativo sea ordenado por la propia voluntad que a él se siente
sometida. La autonomía de la voluntad,
es decir, la capacidad de la voluntad de darse leyes a sí misma, se revela como
principio supremo de la moralidad[102].
Una vez ha hecho
ver la existencia de la moralidad, como hecho o fenómeno, y que ésta consiste
en ser conforme al imperativo categórico, abordará ahora la tarea de mostrar el
factum moral como tal. Para esta empresa se distinguirá entre heteronomía
y autonomía. La primera expresa que las normas o leyes morales son buscadas por
la voluntad en el medio externo (constituciones, sociedad, religión,
inclinaciones, deseos, etc.).
“Cuando la voluntad busca la ley que ha de determinarla
en algún otro lugar diferente a la aptitud de sus máximas para su propia
legislación universal y, por lo tanto, sale fuera de sí misma a buscar esa ley
en la constitución de alguno de sus objetos, se produce entonces, sin lugar a
dudas, heteronomía”[103].
La segunda pone de manifiesto un principio subjetivo de
la moralidad, el cual es la capacidad de la razón de darse a sí misma leyes, es
decir, “de ser ella misma normativa”[104] y entendida desde la voluntad se expresa en el
modo de determinarse a sí misma sin ningún otro principio externo. La libertad
sería aquella condición bajo la cual se determinaría la autonomía de una
voluntad, cuando no hay libertad la
voluntad se vuelve servil, esclava. Cuando hay libertad entonces puede hablarse
de autonomía de la voluntad.[105]
La libertad es pensable, según la Crítica, si se considera al hombre como parte
no únicamente de la realidad fenoménica sino también de la realidad nouménica.
Ella es considerada como un hecho de la
razón en el que el imperativo categórico que ordena querer concorde a la
pura forma de la ley, ordena también la libertad.
“El concepto de libertad, en
la medida en que su realidad pueda demostrarse mediante una ley apodíctica de
la razón práctica, constituye la coronación de todo el edificio de un sistema
de la razón pura, aun de la especulativa, y todos los demás conceptos
(Dios y la inmortalidad) que en ésta carecen de apoyo como meras ideas, se
enlazan con este concepto, y con él y gracias a él adquieren existencia y
realidad objetiva, es decir, que su posibilidad se demuestra por el hecho de
que la libertad es real, pues esta idea se revela mediante la ley moral”[106].
En este prólogo
a su Critica Kant define las relaciones entre la ley moral y la libertad. En el
orden cognoscitivo la ley moral es primero, se manifiesta y se asiente (se toma
conciencia) sin que antes sea necesario reconocer la libertad. “La ley moral es la ratio cognoscendi de la
libertad. Por lo contrario, en el orden ontológico la libertad es lo primero.
Hace posible la ley moral y por ello es su ratio essendi”[107]
La libertad en Kant tiene
una realidad revelada por la ley moral, y al mismo tiempo es condición de la
autonomía del hombre, entendida ésta, como la capacidad de obrar conforme a la
ley dada por la razón práctica mediante el deber u obligatoriedad que denota
dicha ley moral.
2.6 Tres postulados de la razón práctica: La libertad, inmortalidad y Dios.
Concluyendo esta segunda parte se
presentará la posición de Kant con respecto a los postulados de la Metafísica. Puesto
que descubrir si la metafísica podría llegar a ser una ciencia fue uno de los
propósitos de Kant y al concluir su primera Crítica formuló la
imposibilidad de tal ciencia en el plano especulativo o teórico y por tanto de
la afirmación de la libertad, inmortalidad y de Dios.
Sin embargo al final de su segunda Crítica
exalta la primacía de la razón práctica sobre la razón especulativa o teórica: “Por consiguiente, en la unión de la razón
especulativa pura con la práctica pura en su conocimiento, la última ostenta la
primacía, suponiendo desde luego que esta unión no sea contingente y
caprichosa, sino fundada a
priori en la razón misma y, en consecuencia, necesaria”. Y
afirma que aquellas ideas carentes de sentido en el plano de la razón
especulativa y fuente de antinomias, encuentran fundamento y razón de ser en la
parte práctica de la razón. De esta manera el mundo nouménico es asequible por
medio de esas ideas que se vuelven ahora en esta segunda Crítica postulados[108]
de la razón práctica.[109]
De manera rápida se dirá una palabra acerca de cada uno de esos
postulados.
2.6.1 La libertad
Anteriormente se ha mencionado la libertad como condición
ontológica de la ley moral o su ratio
essendi. Y al mismo tiempo es condición del imperativo categórico, el cual
la implica estructuralmente.
Aplicando la categoría de causa, en el campo práctico, al
nouménico es posible considerar la voluntad pura como causa libre. Lo que
implica que el hombre se reconoce formando parte de dos mundos: el fenoménico
(en el que se encuentra determinado y sujeto a las causas mecánicas) y el
nouménico (en el que se reconoce libre e inteligible por medio de la ley
moral). Como consecuencia de esto es posible que una misma acción pueda ser producida por una causa libre, nouménica, y que
se despliegue de acuerdo con las leyes de la necesidad en un dimensión
fenoménica.[110]
2.6.2 La
inmortalidad del alma
Para obtener
el bien supremo la ley moral pide de
una santidad del querer que es imposible alcanzar en esta breve vida: “Pero
la completa adecuación de la voluntad a la ley moral es la santidad,
perfección que no puede alcanzar ningún ente racional del mundo sensible en
ningún momento de su existencia”.[111]
En razón de lo
anterior, es necesario que sea posible la existencia de una inmortalidad a
través de la cual el ser humano se acerque poco a poco a ese ideal que se le
presenta y alcanzar de esta forma el bien supremo[112]:
“Más como, no obstante, se exige como necesaria
prácticamente, sólo puede hallarse en un progreso proseguido hasta el infinito
hacia esa perfecta conformidad, y, según principios de la razón práctica pura,
es necesario suponer tal progreso práctico como objeto real de nuestra
voluntad.
Pero este progreso
infinito sólo es posible suponiendo una existencia que perdure hasta el
infinito y una personalidad del mismo ente racional (lo que se denomina
inmortalidad del alma). Por lo tanto, prácticamente el bien supremo sólo es
posible suponiendo la inmortalidad del alma”[113]
2.6.3
Dios
Al exponer este
postulado, de manera convincente, lo enlaza desde el cumplimiento de la ley, el
deber, la virtud, la recompensa de la felicidad, la religión, la esperanza y la
dignidad del ser humano.
La virtud,
entendida como ejercicio y actualización del deber, constituye un bien supremo
no en su totalidad ya que para que sea tal ha de añadírsele la felicidad;
porque la virtud exige recompensa. Sin embargo se experimenta que la sola
búsqueda de la felicidad no engendra virtud ni la virtud misma es origen de la
felicidad (de lo contrario se caería en un eudemonismo). La cualidad que da la
virtud es hacer a las personas dignas de la felicidad y resulta absurdo ser
digno de felicidad y no ser felices, además no puede hablarse de una justa
retribución sobre la tierra, de ello se sigue: tiene que haber un Dios que
procure esa justa retribución, adecuando la felicidad a los méritos y grado de
virtud[114].
Así en nombre de la moralidad, Kant postula un Dios: no se podría ser moral si
no hubiera un Dios; luego existe Dios[115].
Un Dios origen de la moral y que no puede utilizar al hombre como medio sino
como fin en sí mismo, un hombre que es digno de felicidad por el cumplimiento
del deber y que recibe su dignidad desde su ser moral.
Ha demostrado
Kant, en este trabajo extenso y arduo, la supremacía de la razón práctica
colmando las exigencias de la razón pura, donde eran meras ideas ha dado una
realidad moral, de modo que esta obra esclarece las cuestiones problemáticas de
la razón pura y lanza al mundo una iluminación paradigmática a las generaciones
presentes y futuras.
2.7 Influencia
de Kant en la reflexión posterior.
En el recorrido
se presentaba de manera rápida la influencia que ha ejercido el pensamiento de
Kant en la historia de la filosofía, especialmente en el campo de la filosofía
moral. Ahora se presentará esta influencia enumerando algunos nombres de
autores, escuelas o corrientes que han retomado de algún modo particular las
ideas de Kant.
En primer lugar aparecen
los neokantianos con el neocriticismo que propone, entre otras cosas, que
“…la
filosofía debe volver a ser lo que fue para Kant: un análisis de las
condiciones de validez de la ciencia y de los demás productos humanos, por
ejemplo la moral, el arte o la religión. Simplificando las cosas, cabe decir
que al neokantiano no le interesan las situaciones de hecho (psicológicas,
institucionales o económicas) que pueden entrelazarse con la producción y la
difusión de una teoría científica; le interesa la validez de la teoría, es
decir, las condiciones de dicha validez.”[116]
Más
específicamente se puede definir el neokantismo como
“un movimiento filosófico
europeo, de
origen predominantemente alemán, que preconizó un retorno a los principios
filosóficos de la doctrina de Immanuel
Kant frente a la entonces imperante doctrina del idealismo objetivo de Georg Wilhelm Friedrich Hegel. El
neokantismo se mostraba escéptico frente a lo que consideraba un indebido
énfasis especulativo del pensamiento hegeliano, y
buscaba recuperar la doctrina kantiana de la crítica
del conocimiento frente al predominio de la metafísica.”[117]
Los representantes más significativos del neokantismo son:
Hermann
von Helmholtz, Gustav
Theodor Fechner, Hermann Cohen, Paul Natorp, Wilhelm Windelband, Aloys Riehl, Friedrich
Albert Lange, Otto Liebmann, Karl Vorländer, Nicolai
Hartmann, Ernst
Cassirer, Windelband y Heinrich Rickert.
Al final todo sistema tiene sus fallas y entra en crisis,
esto fue lo que le sucedió al neokantismo que dio paso a otras corrientes como
el positivismo, la fenomenología, el neohegelianismo y el marxismo.
Sin embargo la influencia de Kant se sigue manteniendo en
algunos pensadores de ámbitos diversos, por ejemplo en el sociólogo Max
Weber o en el jurista Hans Kelsen, además están también, entre otros: Max Scheler,
Habermas, Karl Otto Apel, Jhon Rawls,
Manuel García Morente, José Ortega y Gasset, etc.
2.8 Conclusión
El aporte
kantiano a la filosofía moral ha sido de mucha riqueza para toda la tradición
filosófica posterior a él. Pero en sí ¿Cuál fue el aporte de Kant en la
filosofía moral? Se pueden resumir las páginas anteriores en estas breves
líneas:
a)
Haber dado el paso en la fundamentación de la moral de
objetos materiales a objetos formales, es decir, de una ética material a una
ética formal, (rechazo de toda fundamentación empirista de la norma moral).
b)
Observar y hacer ver el sentimiento del deber o la
obligatoriedad de las normas morales, colocando como culmen de su rigorismo el
concepto mismo de deber.
c)
Desplazar el valor moral de una acción: de las
consecuencias a la intención con que se realiza tal acto (la buena voluntad).
d)
En el centro de su pensamiento se encuentra la
formulación del imperativo categórico como criterio de universalización de las
normas morales.
e)
Colocar en alto el valor de la persona humana, como fin
en sí misma, postulando una ética de la dignidad humana; orientando el actuar
desde la naturaleza racional del hombre
f) De esto se sigue que otorgue autonomía
absoluta al ser humano, desquebrajando la heteronomía, desde el uso de la razón
para que éste sea capaz de dirigirse por sí mismo.
g)
Integrar de una manera equilibrada la dimensión
metafísica con la práxica, la especulación con el actuar. Posibilitando la
esperanza ulterior del ser humano en un mundo que supera nuestra inteligencia
pero nos empuja hacia él. Por mera necesidad práctica y solo desde ahí es
posible un Dios, una inmortalidad y una libertad.
CAPÍTULO III
LA AUTONOMIA Y
DIGNIDAD HUMANA: UNA ÉTICA DESDE LA PERSONA Vrs UNA ÉTICA RELATIVISTA
3.1 Cuestiones preliminares:
Situación Actual
Después de ver
en el capítulo anterior el aporte de Kant a la filosofía en el campo de la
ética y su influencia en la reflexión posterior ahora se darán algunas
herramientas que puedan ayudar a la formación de criterios éticos válidos para
la sociedad actual; plural y cambiante, que cree haber alcanzado la mayoría de
edad y no está dispuesta a dejarse quitar su libertad obedeciendo normas éticas
antiguas o inadaptadas, pues lo que era ilícito antes ahora puede considerarse
lícito. Se ve a la normatividad ética como algo que ha causado un trauma
insuperable en la sociedad actual, de modo que al hablar de ética se reacciona
con un rechazo violento e irascible, lo que subyace en tal actitud es la
creencia de que al adherirse a dichas normas se pierde la libertad o se cae en
un infantilismo.
Asimismo, dentro
de este ambiente hostil a la ética, cada vez se habla más de una pérdida de los
valores morales (se percibe una sensibilidad a la decadencias de los valores del
pasado), de una despersonalización de la sociedad que ha llegado a perder el
horizonte por el cual existe ella misma y las personas que la conforman. Sólo se
ve el capital y el consumo, el beneficio y la ganancia, la oferta y la demanda.
Ante tal situación hay que rejuvenecer el rostro de la ética presentándola de
manera convincente, con sus exigencias y permisiones; a la par de sus
beneficios hay que colocar sus agravios ( si es que los tiene), mostrar de que
manera la ética realiza al ser humano, lo plenifica y le da sentido a su
existencia. Una sociedad que sigue unos valores y unas normas morales centradas
desde la persona humana llegará a ser una sociedad libre, soberana e
independiente.
3.2 Volvamos a
Kant.
Si se quiere
encontrar un horizonte hacia el cual ir, una meta a la cual llegar quizás
convenga en este momento repetir la frase de los neokantianos “volvamos a Kant” no para ser unos
fanáticos extremistas de los postulados kantianos, ni para encerrarnos como una
mónada en su doctrina, sino para poder sacar a la luz aquello que puede ayudar
a crear un rostro rejuvenecido de la ética y poder presentar a la sociedad
actual una alternativa, un camino, un modelo de ética autónoma, humana y
solidaria. Está claro que una tarea de la ética “es indagar la racionalidad moral en ámbitos que plantean problemas
específicos no homogenizables de modo simplista (ecológico, empresarial,
económico, sociedad civil), estos problemas suscitan la urgente necesidad de
dar respuestas y abandonar el vicio de reproducir al infinito lo que dice tal o
cual autor, como si conservar doctrinas o citar autoridades fuera la única
misión de un saber ya esclerosado por los años”[118].
“Volver a Kant” es retomar su
espíritu crítico y su clarividencia para desde allí responder de manera nueva a
dichos problemas morales.
“Volver a Kant” es continuar con una tradición ético
filosófica válida, actual y prometedora de cambios; es la base desde la cual se
puede construir el nuevo orden mundial, o la globalización de una Comunidad
Internacional solidaria, activa y presente en las soluciones de los problemas
sociales actuales. Es retomar el camino universal de la ética sana y que puede
darle al hombre de hoy una orientación concreta hacia el camino de la verdadera
y auténtica libertad. Es recordar que la persona es fin en sí mismo, y nunca es,
ni ha sido un mero medio para tal o cual fin.
Por lo tanto,
tiene actualidad decir: “Volver a Kant”;
volver a estar bajo la sombra de su pensamiento para reflexionar seriamente y
con la sensibilidad que el tenía la cuestión moral de hoy, sumida en el
relativismo puro, como reacción del desencanto que produjo el proyecto
ilustrado de la época moderna[119]
ante la extrema exaltación de la razón, de la ciencia y la técnica. En el afán
de buscar la verdad y la felicidad humana se ha desembocado en una fatalidad de
la existencia, en un escepticismo y relativismo radical. Conviene entonces en
este momento remarcar la diferencia entre lo relativo, lo subjetivo, lo
escéptico y lo universal para descubrir cuál es la raíz del problema moral de
hoy en día.
3.2.1 La
universalidad kantiana y el relativismo ético
Recordando un
poco el capítulo I de este trabajo en donde se dio una visión panorámica de las
diferentes corrientes éticas que han surgido a lo largo de la historia se
aclarará en este apartado los términos de subjetivismo, escepticismo y
relativismo de una forma breve.
El
subjetivismo se resume en la teoría cuyo postulado máximo es que no existen rasgos
de la realidad objetiva independientes del sujeto que las percibe. Las
cualidades secundarias de los objetos serían ilusorias y subjetivas, por ende,
las cualidades morales (rectitud, bondad, justicia, etc), que se atribuyen a
las acciones, personas o instituciones, también.[120]
El escepticismo es la doctrina que niega la
posibilidad de alcanzar el conocimiento de la realidad, como es en sí misma,
fuera de la percepción humana. Por extensión gradual de su significado, la
palabra escepticismo significa también duda de lo que es generalmente
aceptado como verdad. En este sentido se aplica en la ética. Para el escéptico
no es posible el conocimiento de leyes morales o normas, las cuales no existen.[121]
El
relativismo es la actitud o tesis epistemológica en la que se afirma que no hay
verdades absolutas, es decir, todas las llamadas “verdades” son relativas de
tal forma que “la verdad o validez de una
proposición o de un juicio va a depender de las circunstancias o condiciones en
las que sean formulados”, por tanto, en el campo ético, la bondad o maldad
de algo, dependerá de lo mismo, no se puede afirmar por mor de sí que algo sea
bueno o malo.[122]
Pero
el relativismo también consiste en afirmar la coexistencia de todas las
culturas, de todos los valores y la legitimidad de cualquier pensamiento
derivándose de esto su aceptación sin plantearse el problema de su veracidad.
“No distingue entre la opinión y el juicio
científico, ni la explicación mítica de la búsqueda experimental… llegar a la
sensación de incoherencia haciendo intervenir en el espíritu la pluralidad de
las coherencias, es el método del relativismo”[123]
En
el plano moral el relativismo opina así: “las
normas que expresan obligaciones morales no poseen validez universal, sino
limitada a contextos históricos o culturales determinados”[124]
Aclarado estos
términos, se podrá ahora emitir una valoración real de la problemática ética actual,
pues, si no se conoce la enfermedad, difícilmente se le aplicará la medicina
correcta y eficaz. El subjetivismo, el escepticismo y el relativismo son
elementos característicos de la sociedad postmoderna que están en la base de
todo tipo de crisis (institucionales, éticas, sociales, estatales). Además se
encuentran diversas tendencias como:
-
la magnificación de la experiencia,
-
-el individualismo con connotaciones inevitables de vacío,
-
el pasotismo como contestación
blanda frente a la sociedad competitiva,
-
el pacifismo y el amor no reglamentado como alternativa
descalificatoria de la agresividad y la violencia,
-
el culto a la ecología,
-
la legitimación de la diferencia,
-
la implantación despreocupada de notables sobretasas de
irracionalidad,
-
el retorno a lo sagrado, lo esotérico, lo demoniaco, lo maldito,
lo subreal, incluso lo cursi, como reivindicación de la otreidad de la realidad
no sometida a la lógica o al pragmatismo,
-
la exaltación erótica y la demonización del mundo y de la
corporeidad; el éxtasis entusiástico y el escapismo nihilista.
A semejanza de
la época kantiana se ha desquebrajado la metafísica y se ataca constantemente
las corrientes que se lanzan a su defensa o que se elaboran a partir de la
misma pero en esta ocasión el relativismo da una cabida a todo sistema, por lo
que se reivindica nuevamente la metafísica como una dimensión más de la
realidad y sin la cual no sería posible la existencia de otras realidades.
La metafísica
se vuelve de esta forma un elemento esencial en la fundamentación de una ética
universal. El ser humano es un agente ético intrahistórico que traspasa los
límites del tiempo y de la inmanencia.
“El orden moral se sitúa precisamente en el arco que une la intencionalidad
de la conciencia libre con los fines últimos que emergen en el contexto, a los
que el hombre encarnado va dando voz y palabra. Es precisamente esa tensión la
que abre al ser humano la esfera del servicio a la verdad objetiva sobre el
mundo, sobre los demás y sobre sí mismo”[125]
El instinto del hombre es la supervivencia
y la reproducción así como en todas las especies de animales y plantas, pero en
el caso del ser humano la naturaleza le ha dotado de moralidad, el orden moral
es necesario para la organización social y la convivencia pues sin este orden
se degradan en si mismas las instituciones y culturas.
Reconociendo la objetividad del
bien y del mal dentro del orden natural se puede juzgar con claridad que las
leyes de los gobernantes se asumen porque en ellas está reflejado el bien
objetivo del orden natural. Si algún gobernante se le ocurriese crear una ley
en la cual se legitime el asesinato de las personas por el simple hecho de no
estar de acuerdo con su opinión o verdad se caería en el grave error de la tiranía
o despotismo, sin embargo queda claro que algunos o la mayoría no asentirían
dicha ley si tal gobernante no legisla para el bien común sino para su
provecho, o si únicamente fuese un capricho o una justificación para acabar con
sus opositores. Más aun nadie con la recta razón justificaría el asesinato de
esas personas por el simple hecho de no estar de acuerdo con una idea u opinión
pública de un gobernante, pues la libertad de expresión da posibilidad para que
cada uno exprese lo que piensa sin faltar al respeto de la persona, sin dañar
la buena fama de alguien o crear conflictos en el orden social.
Ante tal
panorama la propuesta kantiana y la sociedad misma reclama algo común,
universal y absoluto que sea el estandarte que oriente y guie el actuar del
hombre contemporáneo. La sociedad pluralista exige que no se
excluya a nada ni a nadie sino que se integre lo más posible en una
conciliación coherente a los grupos, ideologías y posturas actuales. ¿De qué
forma se pueden conciliar posturas opuestas, contrarias y excluyentes? En Kant
se encuentra una respuesta valedera según lo expuesto anteriormente.
Apelar
al principio de universalización es lo que quizás pueda ayudar a aclarar la
situación actual. "Obra sólo de forma que puedas desear que la
máxima de tu actuación se convierta en una ley universal." Este
imperativo categórico, puesto en tela de juicio por algunos filósofos como
Hegel, Scheler y otros, arroja un haz de luz sobre el problema ético
contemporáneo.
Algo universal es aquello que es
común y compete a todos los de la especie sin excepción. Lo universal es válido
para todos y cada uno de los implicados en un asunto determinado. Un claro
ejemplo de universalización de normas morales es la Declaración Universal
de los Derechos Humanos de 1948 por la
ONU (Organización de las Naciones Unidas). Todas las
cuestiones contempladas en dicho texto son comunes y competen a todos los
hombres de todos los tiempos y de todas las culturas. ¿Cómo se llegó a tal
universalización? Se habrá dado un consenso, un diálogo interdisciplinar o la
ciencia y la filosofía aportaron elementos decisivos en dicha resolución. La
forma en cómo esta Declaración llegó a ser aplicable a todos los hombres del
mundo es interesante y se cita aquí un fragmento de lo que podría ser un
imperativo categórico universal a la manera kantiana:
“LA ASAMBLEA GENERAL PROCLAMA la
presente Declaración Universal de Derechos Humanos como ideal común por el que
todos los pueblos y naciones deben esforzarse, a fin de que tanto los
individuos como las instituciones, inspirándose constantemente en ella,
promuevan, mediante la enseñanza y la educación, el respeto a estos Derechos y
Libertades, y aseguren, por medidas progresivas de carácter nacional e
internacional, su reconocimiento y aplicación universales y efectivos, tanto
entre los pueblos de los Estados Miembros como entre los territorios colocados
bajo su jurisdicción”.
Se
muestra entonces que un grupo de personas reunidas para reflexionar sobre los
atropellos que sufrieron personas concretas en la segunda guerra mundial y
evitar que se vuelvan a cometer ha promulgado en sentido normativo dichos
artículos, que legislan para todos sin excepción. ¿Será una praxis de la
propuesta ética dialógica de Habermas y Apel que están detrás de la tradición
kantiana o fruto de la ley natural en el ser humano que manda respetar tales
normas? No es intención aquí desarrollar la teoría comunicativa de Habermas
pero sí se afirmará que la comunicación y el diálogo fueron características
decisivas en esta resolución de la
ONU.
3.2.2 Las leyes positivas, el consenso y la
metafísica
Entra aquí el elemento del consenso entendido como la
aprobación de la mayoría en seguir, respetar y acatar determinadas leyes
propuestas por un órgano institucional o individuo. Este consenso es tan
difícil de lograr pues en las democracias participativas parece inalcanzable
que todos absolutamente todos los ciudadanos participen y si llegara a participar
no se excluye el elemento de la manipulación que se podría utilizar para votar
a favor o en contra de tal o cual ley, los más fuertes harían prevalecer sus
intereses frente a los más débiles. Por tanto no siempre lo que la mayoría
decide es lo moralmente aceptable, ya se ha citado anteriormente esta postura
con el nombre de sociologismo.
Por ello resulta frágil que las leyes morales descansen
sobre la opinión mudable de las sociedades. Frente a esta insuficiencia de las
leyes y la opinión publica de moderar, promover y cumplir con el bien va
surgiendo la necesidad de apelar a una normativa previa, ontológica no
vinculada al voluntarismo -o capricho- de unos y de otros. La conciencia
ecológica que evoca por los derechos de la naturaleza, la conciencia social que
reclama el respeto de la dignidad de la persona ante el abuso suscitado por las
técnicas de manipulación biogenética y el compromiso en la defensa universal de
los derechos humanos reclaman un fundamento objetivo anterior a las mismas
leyes, al consenso social y al pacto democrático. Es necesario un elemento
ontológico.
3.2.3 El relativismo nuevo dogma de la sociedad actual.
Hay muchos que ven en la pretensión de universalidad de
los principios morales una prueba contundente de dogmatismo, violencia,
represión y coerción de la libertad individual y social. Sin embargo con el
relativismo moral no sucede así, lo aceptan sin más y lo consideran como la única
postura tolerante y garante de la convivencia pacífica[126].
Ciertamente que la existencia de diversidad de códigos
morales desconcierta al principio, cada cultura legisla según su contexto y su modus
vivendi. Ante esta realidad_-de códigos morales diferentes-se juegan tres
posturas o reacciones:
La primera es la del objetivismo moral el cual sostendría
que una de las culturas discrepantes tiene la razón y la otra se equivoca; la
segunda es opuesta a la primera y se conoce como amoralismo, éste consisten
aceptar la divergencia de los juicios morales como prueba concluyente del
carácter ilusorio de las cualidades que esos juicios atribuyen a las acciones y
actitudes de los hombres[127].
La última postura es -la que compete en este apartado- la
relativista que representa una especie de intermediaria entre las dos
anteriores. ¿Que dice le relativismo con respecto a la diferencia existentes
entre los códigos morales de diversas culturas? Según esta postura ninguna de
las personas de las diferentes culturas estaría equivocada, por el contrario
cada una puede tener razón, una razón limitada a su contexto cultural. “Por tanto las normas morales no son
verdaderas ni falsas cuando se las considera abstractamente sino solo cuando se
las sitúa en un determinado contexto histórico”[128].
De ahí se sigue que entre el objetivismo moral y el
amoralismo se encuentre como respuesta aceptable el relativismo éste sacrifica
-para sobrevivir- la universalidad de los principios y normas morales.
La discrepancia en los códigos se debe algunas veces a que
unas son normas subordinadas y otras son normas fácticas, pero no afecta en si
a las principios generales de beneficencia, veracidad, hospitalidad, el pudor o
la justicia. En cada uno de los códigos hay un núcleo invariable, inmutable que
traspasa la historia misma de las culturas. Al realizar la comparación de los códigos
morales de diversas culturas se ha llegado a descubrir ese núcleo que las une y
hace ser universales[129].
Para concluir se afirmará que las
discrepancias entre las normas éticas de una cultura y otra sea argumento fáctico
para rechazar la validez universal de los principios morales no es un argumento
tan por el simple hecho de la idea de
progreso. Desde este concepto se logra visualizar que la moral en cada pueblo
va progresando, va madurando hasta alcanzar cada vez mas niveles altos de
madurez. Al igual que el pensamiento y conocimiento científico. Si antes se decía
y afirmaba con autoridad que la
Tierra era plana, se ve que gracias a la investigación y
replanteamiento de las teorías se ha llegado a conocer con claridad que la
forma de la Tierra
es semicircular. Es evidente que la idea de progreso es un argumento válido en este
caso para probar que las culturas tienen en realidad distintos niveles de
madurez moral. Igual sucede con los que tienen diferencias morales que se deben
a que cada quien “posee distinto grado de
lucidez moral”[130].
Asimismo hay que aceptar que algunas culturas han descubierto algún valor
dentro del seno de sus costumbres, pero no se sigue de esto que los valores
universales no existan con objetividad. Con respecto a la tolerancia se debe
entender esta como “respeto a las ideas, creencias o prácticas de los
demás cuando son diferentes o contrarias a las propias”.[131] Es decir, que una de las
creencias es absoluta, verdadera y la otra es equivocada o diferente. Para ser
tolerante hay que tener principios propios lo que el relativismo no los puede
dar, puesto que cualquier postura o idea es verdadera. Como lo afirma el El
Dr. Francis J Beckwith:
“La
tolerancia solamente puede ser una virtud si pensamos que la otra persona, cuyo
punto de vista debemos tolerar, está equivocada. Es decir, Si no creemos que un
punto de vista es mejor que otro, no tiene sentido que seamos tolerantes con
otros puntos de vista… El relativismo ético ha sido rechazado por la mayoría de
filósofos y teóricos de la ética tanto seculares como teístas. Con todo, en
muchas de nuestras instituciones seculares todavía está bien visto adoptar esta
posición: es más tolerante, más abierto y más respetable —intelectualmente
hablando— que el viejo “absolutismo”. Como hemos visto, sin embargo, el
relativismo moral no es coherente con la tolerancia, se cierra absolutamente a
la posibilidad de la verdad moral, y es un fracaso intelectual”[132]
Ya se ha visto
que el relativismo es solamente una aceptación ingenua de la opinión popular
entre el conflicto que genera el objetivismo moral y el amoralismo. Así mismo
con la aceptación sin mas de todas las posturas como verdades autenticas sin
darles una revisión o critica a las ideas que postulan.
Esto acentúa
la defensa legítima de la libertad individual regalo autentico de la Época
Ilustrada. Todos los seres humanos gozamos de una libertad personal que se nos
ha sido dada junto con nuestra naturaleza. Por ende ser persona es ser libre,
sin esta libertad individual de la que cada persona goza es imposible la acción
humana como ya se ha dicho en el capítulo primero. Sin embargo esta libertad
que se otorga a cada hombre se descubre en la responsabilidad de las propias
acciones libres y deliberadas. Es la obligación moral la que nos desvela el
misterio de la libertad. Kant ha colocado ejemplos contundentes sobre el tema
del deber y la libertad en su obra “Fundamentación
de la Metafísica de las costumbres”.
Hoy el deber
es algo que ya no importa con el afán de defender la propia libertad se atenta
contra los propios deberes personales y sociales. En las sociedades es legítimo
el deber y el derecho que tienen los padres de educar y criar a sus hijos, ni
el Estado ni ninguna institución puede por medio de argumentos arbitrarios
suprimir este derecho y deber sino que han de velar porque se cumpla auxiliando
a los padres con los medios apropiados para que puedan brindarle esos derechos
a sus hijos. Este ejemplo puede ilustrar también que los deberes comportan al
mismo tiempo derechos
Nadie desea
saber de sus deberes únicamente interesan los derechos, los grupos reclaman sus
derechos, las instituciones y empresas hacen lo mismo. Las feministas afirman
que tienen derecho a hacer con su cuerpo lo que quieran, las grandes firmas
medicas opinan que tienen derecho a investigar y hacer experimentos para
encontrar una cura a las grandes enfermedades y problemas de salud que
atraviesa la humanidad. Los Estados apelan al derecho de la legitima defensa y
desde ahí justifican el armamentismo nuclear. La libertad usada solo para
reclamar derechos se degenera en libertinaje, pues toda libertad lleva
implícito el deber como elemento intrínseco a la acción humana.
El deber es el
origen de la moralidad en Kant y uno de los pilares de su filosofía moral. Una
acción es moralmente buena cuando se realiza conforme al deber y es moralmente
mala cuando se realiza por otros motivos (interés, inclinación, etc). Más ahora
es bien entendido que hay acciones que se realizan movidas por otros factores y
que por ese simple hecho no se consideran malas por ejemplo: los actos
heroicos, las acciones de caridad, etc. Hay que recobrar el sentido del deber
en las escuelas, instituciones y Estados. No hay que olvidar que la
responsabilidad de las acciones humanas se debe en parte a un deber u
obligación moral que manda actuar de una manera y no de otra, hay un imperativo
que no se puede inclinar ni retorcer a la conveniencia u opinión del individuo
o un grupo. Una consecuencia más del relativismo moral es la pérdida del
sentido del deber. En este sentido hay que releer a Kant en su idea de la buena
voluntad y del sentido del deber según lo expuesto en el capitulo anterior.
3.2.5 Igualdad, justicia y verdad
En
este último apartado se tratará sobre estos tres valores universales,
promovidos, aceptados y practicado por casi todas las culturas teniendo en
cuenta el progreso moral en cada una de ellas. Destrozando de manera
contundente al relativismo y su objeción de “todo es igual, todo es justo y
todo es verdad”.
La igualdad
es uno de las valores más reclamados en estos últimos tiempos por las culturas,
países y personas. ¿Por qué este elemento de igualdad es uno de los más
defendido y reclamado en las sociedades actuales, en las políticas
democráticas, en las corrientes ideológicas e incluso por el mismo relativismo?
Se partirá del elemento jurídico desde el cual es posible entender este valor.
Pues se defiende la igualdad en las leyes positivas como un derecho de todo
individuo a ser tratado con dignidad y respeto sin importar las diferencias
sociales, económicas y culturales. La igualdad parte de un elemento ontológico
que proviene del simple hecho de compartir cada uno una misma naturaleza, la
naturaleza humana, Este es el hecho absoluto y particular del cual se desprende
portentosamente la legítima defensa de la igualdad entre todos y cada uno, en
el goce de los mismo derechos y en el acceso a las mismas oportunidades. La
cosa no es tan fácil como parece, es legitimo apelar a la igualdad y de allí
que todos los seres humanos sean igual en dignidad y naturaleza, y la mayoría
de las personas estará de acuerdo en que esa dignidad e igualdad no se quita a
nadie por el hecho de que cometa una acción mala o que piense diferente,
profese una religión o el ateísmo, sea asiático o americano, le gusten las
hamburguesas o prefiera los frijoles casados, baile salsa y no le guste bailar
punta, en definitiva las diferencias materiales no anulan la igualdad, esta
solo se ve menoscabada cuando el individuo rompe el orden establecido, sea
moral, jurídico o social, pues en detrimento de la misma persona tales acciones
le hacen rebajarse a un nivel inferior de lo que la condición humana es.
Cuando
se dice tal acción no es digna de un ser humano se está calificando que esas
acciones no pertenecen a la naturaleza humana y que por lo mismo la denigran y
rebajan. Cuando en los procesos de Nuremberg[133]
se condenan practicas y abusos contra la humanidad acaso podría el relativismo
afirmar que lo contrario a esas declaraciones es verdadero y si alguien desea
hacer lo que allí se condena o le pega la gana cometerlos habría que aceptarlo
sin más, pues como persona tiene derecho a ser respetado y sus acciones son
verdaderas de manera que no hay lugar para el juicio o la sanción de ningún
tipo.
Si
se declara la igualdad hay que luchar por ella pues no es una realidad que sea
reconocida a primera vista, sino que se desarrolla mediante un proceso de
búsqueda de la verdad y la justicia. La
igualdad se basa en la dignidad de cada ser humano único e irrepetible, por lo
mismo el relativismo no es una fuente confiable para defender este valor tan
excelso.
Lo
mismo pasa con la verdad y la justicia estas estarían basadas en la persección
subjetiva de los individuos sin llegar nunca a ponerse de acuerdo sobre qué es
lo verdadero y lo justo, en este sentido estos valores no podrían sustentarse
en el parecer o consenso sino en una realidad ultima que es el mismo hombre, su
dignidad y su ser inviolable.
Hay
que tener una sensibilidad moral para poder descubrir la bondad y maldad de las
acciones del ser humano, pero hay acciones que en si mismas son malas y no
puede darse otro juicio más que ese, calificarlas de moralmente malas para la
misma naturaleza humana la sensibilidad moral común lo asiente así. En este
caso el patrón a seguir para calificar es el respeto de la dignidad humana, una
acción será moralmente buena si respeta tal dignidad y mala si atenta contra la
misma. Esto se desarrolla en el ámbito común del individuo cuando descubre que
el mismo es algo que debe ser tenido como fin en si mismo y no como un simple
medio degradando la condición humana a un objeto más de la ciencia, la
sociología, la política, economía, la biotecnología, etc.
3.3 CONCLUSIONES
Descubriendo
que la dignidad del ser humano por encima de todo bien es el pilar de la moral
kantiana, pues el mismo afirma que conformar una buena voluntad es el fin de la
razón práctica, esta buena voluntad solo es conforme al bien si se tiene como
valor absoluto a la persona misma. Y desde la persona brotan los imperativos
morales que le mandan buscar el bien, cumplir con el deber y promover los
valores que construyen la humanidad en la justicia, verdad e igualdad. La
autonomía de la persona y su dignidad es lo que hace posible la autentica vida
moral del ser humano.
Hay
una sensibilidad actual por la dignidad humana, la ecología y la promoción de
la paz, todas estas reivindicaciones giran en torno a un único fundamento que
es la igualdad de los seres humanos, y en ultima instancia esta igualdad
descansa en el respeto de la dignidad de cada uno.
La
promoción del ser humano es el objetivo primordial que debe estar en la mente y
pensamiento de los gobernantes, diplomáticos, administradores públicos,
empresarios, gremios y Estados. Esta promoción solo es posible si se ve a cada
uno como hermano, como miembro de una red interpersonal que nos afecta a todos
y cada uno. Como miembro de la gran familia humana. Esta particular
característica asocia a cada individuo en el compromiso por buscar establecer
leyes justas, calidad de vida y salud para la humanidad entera la actual y la
futura.
Partiendo
de la razón con la que cada uno está dotado por compartir la naturaleza humana,
se puede decir que es desde la sensibilidad racional donde el hombre descubre
la obligación moral, su pregunta máxima ¿Quién soy? Le llevan también a
preguntarse por su quehacer y su finalidad. Allí en la respuesta a estas
interrogantes se juega en definitiva la existencia de cada individuo, su forma
de comportarse y de desenvolverse en el mundo. Kant trato de dar una respuesta
esas interrogantes. Compete a esta generación y las venideras dar crédito a su
genio y originalidad, promover el bien que hay en esas respuestas y ponerlas en
práctica.
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[1] “El
artículo escrito por Francis Fukuyama “El fin de la historia” y complementado
por el libro, afirmaba que la caída del comunismo y el triunfo de las
democracias liberales marcaban el comienzo de la etapa final en la que no había
más lugar para largas batallas ideológicas. En este sentido, la historia habría
terminado. El Fin de la historia, afirma Fukuyama, significaría el fin de las
guerras y de las revoluciones sangrientas, los hombres podrían satisfacer sus
necesidades a través de la actividad económica sin tener que arriesgar sus
vidas en ese tipo de batallas”. http://pdf.rincondelvago.com/el-fin-de-la-historia-y-el-ultimo-hombre_francis-fukuyama.html
[2] FUKUYAMA, Francis. “El fin de la historia y el último hombre”. 1992. Barcelona. Editorial
Planeta.
[4] Ethos. En: Diccionario de las ciencias humanas.
Verbo Divino. Madrid. ES. 2003 pp.156
[6] Ibíd. pp. 157
[9] Ética. En: Diccionario de las ciencias humanas.
Verbo Divino. Madrid. ES. 2003 pp.157
[15] FERRATER MORA, José.
Felicidad. En: Diccionario de filosofía vol. II. Alianza Editorial. 1986.
Madrid. pp. 1140-1141
[21] Cfr. Aristóteles, Ética a Nicómaco:
Libro II, cap. VI. www.filosofia.org
[22] Cf. FISCHL, Johann. Op. Cit. pp. 91
[25] Cf. www.filosofía.org/enc/ros/index.
Diccionario
soviético de filosofía_Ediciones Pueblos Unidos. Montevideo 1965. pp. 168
[32] Cf. REALE,
Giovanni y ANTISERI, Darío. Descartes. En: Historia del pensamiento filosófico y científico. Tomo segundo. Del
humanismo a Kant. Herder. Barcelona. ES. 1988 pp. 337
[37] Cf. REALE, Giovanni y ANTISERI, Darío.
Op. Cit pp. 225-226
[48] “Para el emotivismo las
manifestaciones morales expresan actitudes o sentimientos que propiamente ya no
pueden ser valorados” RICKEN, Friedo. Ética general.1987. Barcelona. pp. 43
[49] “El decisionismo ve el
criterio último de los juicios morales en unas decisiones que en todo caso y en
un sentido limitado pueden ser sometidas a una crítica racional” RICKEN,
Friedo. Op. Cit pp. 43
[50] Cfr. Ibíd. pp. 39-40
[55] VIDAL. Marciano. Adela
Cortina: Ética filosófica. En: Conceptos
fundamentales de ética teológica. Trota. 1992. Madrid. ES. pp. 151
[56] http://www.filosofia.org/aut/gbm/2000pisa.htm “El viaje y el camino se reducen al círculo
del ser humano. Y el hombre, en la medida en que viaja por caminos, o vías,
recibe la denominación de homo viator… Homo
viator parece querer decir, en efecto, que el hombre «está siempre
en camino», y que sólo cuando está en camino es verdaderamente hombre; más
incluso que cuando está en reposo, en su posada. Y esto sólo parece posible
decirlo si hablamos de un camino meta-físico, que es capaz de incorporar
incluso las posadas propias del reposo. Se concluirá por tanto, que el mismo
reposo, o la misma posada, es ya un camino y que la posada es sólo un momento
del viaje metafísico, y se reduce a él” BUENO.
Gustavo. Homo viator. El viaje y el
camino. Prólogo a Pedro Pisa. Caminos Reales de Asturias. Pentalfa.
Oviedo. 2000.
[57] Entendiendo herencia desde la perspectiva de homo viator, es decir,
desde lo recorrido hasta hoy evaluando lo que tenemos y lo que nos pueda hacer
falta para continuar por esta senda de alegría y de incertidumbre ante lo que
depara el futuro a las próximas generaciones que dependen de lo que decidamos
en esta hora de la historia humana.
[58] KANT, Immanuel: ¿Qué es Ilustración? en Filosofía de la Historia, Ed. Nova.
Buenos Aires.
[59] “Aunque no constituye el único movimiento cultural de la época, la
ilustración es la filosofía hegemónica en la Europa del siglo XVIII. […] la ilustración no se
configura como un sistema compacto de doctrinas, sino como un movimiento en
cuya base se encuentra la confianza en la razón humana, cuyo desarrollo implica
el progreso de la humanidad, al liberarse de las cadenas ciegas y absurdas de
la tradición, y del cepo de la ignorancia, la superstición, el mito y la
opresión”. REALE,
Giovanni y ANTISERI, Darío. Op. Cit. pp. 564
[62]www.filosofia.org/enc/ros/criticismo.index.htm. Diccionario
soviético de filosofía. Ediciones Pueblos Unidos. Montevideo. 1965. pp. 93 “el
criticismo es el nombre que Kant
dio a su filosofía idealista por entender que el objeto principal de la misma
estribaba en la crítica de la facultad cognoscitiva del hombre. Como resultado
de su crítica, Kant llegó a la negación de la posibilidad de que la razón
humana pudiera conocer la esencia de las cosas. También se da el nombre de
criticismo a otras teorías idealistas subjetivas que limitan la cognición
humana y reconocen como fuente de la misma la experiencia, entendida solamente
con un criterio idealista. Objetivamente considerado, el criticismo ha constituido
un intento de superar, desde posiciones idealistas, las limitaciones del empirismo y del racionalismo”.
[67] KANT, Immanuel. Fundamentación de la
metafísica de las costumbres. Libera los libros.
Buenos Aires. 2003. pp. 16
[69] KANT, Immanuel. Fundamentación
Op. Cit. pp. 2
[76] Ibíd. pp 9
[81] Ibid pp.35
[89] “El imperativo categórico es el
principio supremo de la reflexión práctica. Es el criterio de Kant para el
enjuiciamiento de los axiomas. Por si mismo no contiene ninguna meta objetiva,
y, por tanto, no puede determinar directamente el obrar , pues este supone unas
metas de contenido que han de realizarse. El imperativo categórico es un
criterio para las máximas, que expresan para el actuante las ultimas metas
subjetivas y de contenido” RICKEN, Friedo. Op. Cit. pp. 111
[93] “Si uno miente para evitar un daño, enseguida se da cuenta
si su comportamiento es o no moral, transformando su máxima (me es lícito
mentir para evitar daños) en ley de una naturaleza de la cual uno mismo tiene
que formar parte necesariamente. En un mundo en el que todos dijesen
necesariamente mentiras sería imposible vivir (y precisamente aquel que miente
sería el primero que no querría vivir allí). Elevando la máxima (subjetiva) a
lo universal, estoy en condiciones de reconocer si es moral o no” REALE, Giovanni y ANTISERI, Darío. Op. Cit. pp.769
[94] Ibid. pp. 769.
[95] Cf. RICKEN, Friedo. Op. Cit. pp. 111
[97] RODRÍGUEZ DUPLÁ, Leonardo. Op. Cit. pp.154
[105] Cf. Ibid.
[108] Se entiende por postulado un proposición cuya verdad se admite sin pruebas y
que es necesaria para servir de base en ulteriores razonamientos. Según Kant no aumentan el conocimiento pero
proporcionan realidad objetiva a las ideas de la razón pura en general y hacen
posible utilizar otros conceptos.
[110] Cf. REALE,
Giovanni y ANTISERI, Darío. Op. Cit. pp.772
[111] KANT, Immanuel. Critica Op. Cit. pp.172
[113] KANT, Immanuel. Critica Op.
Cit. pp. 172
[114] Cf. REALE, Giovanni y ANTISERI, Darío.
Op. Cit.772
[119] Cfr. HORKHEIMER, Max y ADORNO, Theodor W. Dialéctica de la Ilustración. Escuela de Filosofía Universidad ARCIS.
[122] Cfr. FERRATER MORA, José.
Relativismo. En: Diccionario de Filosofía Q/Z Tomo IV.
Alianza Editorial. Madrid. 1986. pp. 2832
[125] N.
GENGHINI. Identidad, comunidad, trascendencia: La perspectiva filosófica de
Charles Taylor, Herder. 2005 pp. 56
[127] Ibíd.
http/www.el
relativismohoy.org.com
[133] Los Juicios de Núremberg o, también, Procesos
de Núremberg fueron un conjunto de procesos jurisdiccionales emprendidos por iniciativa
de las naciones aliadas, vencedoras al
final de la Segunda Guerra Mundial, en los que se
determinaron y sancionaron las responsabilidades de dirigentes, funcionarios y
colaboradores del régimen nacionalsocialista de Adolf
Hitler en los diferentes crímenes y abusos cometidos en nombre del III Reich
alemán a partir del 1 de septiembre de 1939. http://es.wikipedia.org/wiki/Juicios_de_Nuremberg
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